La historia del OxyContin es la de una tragedia anunciada. Cuando salió al mercado, en 1995, fue recibido como una revolución médica porque liberaba la oxicodona lentamente, a lo largo de doce horas… Por Carlos Manuel Sánchez

Ese efecto continuado permitía dormir de un tirón a las personas que sufrían dolores intensos. Los tres hermanos Sackler habían dado en el clavo.

Nacidos en Brooklyn, Arthur (el mayor), Mortimer y Raymond -todos, psiquiatras- se percataron del potencial de su producto. Y Arthur, además, tenía un don para el marketing.

En 1942 empezó a trabajar en una agencia publicitaria y se especializó en lanzar medicamentos. E hizo algo que nadie había hecho. En vez de usar como diana al consumidor, se propuso conquistar a los médicos. Insertó anuncios en revistas especializadas con apariencia de artículos científicos, que no eran tales, según ha comprobado una investigación de la Universidad Brandeis de Boston y que recoge The New Yorker. Con los ingresos que ganó en publicidad, los hermanos Sackler compraron su propia farmacéutica, un pequeño laboratorio que fabricaba laxantes: Purdue.

Un médico londinense les dio la idea para una píldora analgésica de larga duración. La morfina MS Contin se convirtió así en su primer éxito de ventas. Pero cuando expiró la patente hubo que buscar un sustituto. Cambiaron la morfina por oxicodona y lanzaron OxyContin. Purdue sacó dosis de 10 miligramos, pero también auténticas bombas de 160 miligramos. La publicidad entre los médicos hizo el resto. Solo en 2012 se prescribieron en Estados Unidos 282 millones de recetas para analgésicos opiáceos, incluidos OxyContin, Vicodin y Percocet, casi un frasco por habitante. El 22 por ciento de las mujeres y el 16 por ciento de los hombres en Estados Unidos toman estas pastillas legalmente recetadas, según la Encuesta Nacional sobre el Uso de Drogas y la Salud (NSDUH) que efectúa anualmente el gobierno.


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