Cada vez más mujeres, y más jóvenes, sufren cáncer de mama. Quizá por ello las pacientes ya son capaces de hablar con naturalidad de la enfermedad. Pero ¿y ellos? ¿Por qué resulta tan difícil que los maridos y los novios hablen de sus sentimientos? ¿Cómo conviven con el dolor, el miedo y la rabia? ¿Cómo les afecta como pareja? Tres hombres nos lo cuentan.

Eduardo Sánchez, 39 años, diseñador gráfico A su novia, Teresa Terrén, de 36, le diagnosticaron un tumor de mama hace cuatro años y le extirparon los dos pechos.

Es duro verla con cicatrices. Pero hay que vencer el miedo

Eduardo no se lo pensó dos veces. Aquí me quedo , le dijo a Teresa, la compañera de trabajo con la que llevaba saliendo apenas cuatro meses, plantándose en su casa con una maleta. Ese día les acababan de confirmar que el tumor de Teresa era muy agresivo. No se me pasó por la cabeza no estar con ella , explica. Aún hoy, cuatro años después, a Eduardo le tiembla la voz. Tenía la experiencia de mi madre, que murió de lo mismo hace 11 años. Pero, aunque lo hayas vivido, ese momento es de una dureza extrema . Teresa tenía 32 años. Necesitó un tratamiento previo de quimioterapia y, meses después, le extirparon el segundo pecho por precaución. Estuvo dos años de baja. No puedes prepararte para algo así. Aprendes a medirte, a controlar el cansancio, a esperar qué dicen los médicos. Lo más duro es ver, durante la quimio, cómo se degrada una persona . Y a Eduardo se le empaña de nuevo la voz. A él lo ayudaba buscar información. Y, para ella, la mejor medicina era hablar. abiertamente, sin tapujos. De los miedos de ambos, de sus cicatrices, de la incertidumbre en las noches largas y duras. Él le afeitó el pelo y fue el primero que la ayudó a ducharse el día que le quitaron el pecho, y le hizo todas las curas de la cicatriz. Eduardo ha evolucionado con mi cuerpo , cuenta Teresa. Nunca me hizo sentir extraña, ni menos mujer, no dejaba de rozarme o acariciarme, ni me dejó sola ante un espejo. El también miraba conmigo . Es duro y traumático ver a tu pareja con esas cicatrices, pero eso no te aleja de ella , dice Eduardo. Lo importante es no perder el norte por el miedo; yo creo que eso es lo que hace que muchas parejas vayan cada una por su lado, que no luchen juntos . En septiembre le reconstruyeron las dos mamas a Teresa. Ya no toma medicación y acude cada seis meses a una revisión. Quizá vengan los hijos. Teresa es joven, aunque el tratamiento deja secuelas en la fertilidad. Ya se verá. Lo que quiero es que Teresa esté bien , responde Eduardo. ¿Y Teresa? He aprendido a no pensar en el futuro, y antes vendrán muchas otras cosas, seguro .

Aurelio Villa Gómez, 55 años, trabaja en una fábrica química.Lleva casado con Sagrario Baltasar 33 años. A ella le detectaron un tumor hace dos años.

¡El tratamiento es tan cruel! Hay que estar muy unidos

En enero de 2010, Sagrario fue a hacerse su revisión de mamas en uno de los autobuses ambulantes de la Comunidad de Madrid. Y le pidieron que se repitiera la prueba en el hospital de Alcalá de Henares, donde vive. Encontraron un nódulo muy pequeño, que le operaron en abril. En una segunda intervención, le quitaron 15 ganglios linfáticos. Cuando despertó de la anestesia, Sagrario cuenta que se quería morir, que la palabra cáncer era para ella el fin del mundo. Todavía hoy, con las secuelas de la quimioterapia y la radioterapia no del todo superadas, el velo del miedo no se le ha disipado del todo, a pesar de que su pronóstico, por su edad y el tipo de tumor, es excelente. Sufre una pequeña depresión. Su marido, Aurelio, paciente y cariñoso, aunque se confiesa cobarde ante las enfermedades como muchos hombres de su generación, lo corrobora. Ambos le teníamos mucho miedo a esta enfermedad. Mi madre la padeció hace 18 años, aunque se curó, pero una íntima amiga murió hace 20 años y nos dejó muy tocados. De alguna manera, nos negamos a aceptarlo , añade. Él ha sido el punto de referencia de Sagrario todos estos meses. no se ha separado de ella en ninguna visita a ginecólogos, oncólogos, en las interminables esperas en las sesiones de quimioterapia y radioterapia.Su presencia es como un bálsamo para Sagrario, a la que el desgaste de estos meses ha vuelto irritable, impaciente, a veces indiferente, y con una cierta inclinación a gastar de más. Le ha cambiado el carácter , explica Aurelio con cierta resignación. Discute con los hijos, discute conmigo, parece que nunca hacemos nada bien. La aguanto porque llevo con ella toda la vida, que si no , ríe Aurelio. Yo muchas veces le digo que lo nuestro ya no es amor, es un contrato que tenemos. Es tan distinto a las parejas de hoy en día, que ya no aguantan nada . Y Aurelio todavía se emociona cuando recuerda esa mañana que regresó del trabajo y se encontró con que a su mujer le habían afeitado la cabeza. Se abrazaron llorando en la entrada. Es un tratamiento tan cruel Creo que, a menos que se esté muy unido, es muy difícil para un matrimonio. A mí todavía me cuesta sobreponerme del miedo , confiesa.En los peores momentos, Aurelio se iba a caminar. El trabajo en la fábrica, en el que lleva 40 años, lo ayudó también a sobrellevarlo, le limpiaba la mente. Y cuando Sagrario se sentía un poco mejor, enseguida la llevaba a dar largos paseos, a que viera escaparates y gente por la calle. A veces solo podían dar la vuelta a la manzana. Y, como él dice, le echaba una mano en las tareas de la casa. ponía la mesa, la quitaba, hacía la compra Ahora hace conmigo lo que quiere , dice con sorna. Pero yo desde luego no sé hacer nada sin ella .

Jesús González Mateos, 50 años, periodista Casado, desde hace 10 años, con Uxue Barkos, diputada por Geroa Bai y concejala de Pamplona. Hace un año se le detectó un cáncer de mama.

Lo único que no podía era verla llorar Tú vas a sufrir, Jesús, pero para ti no tengo nada . Jesús González recuerda este comentario del oncólogo de su mujer, Uxue Barkos, para intentar resumir su difícil papel cuando esta iniciaba su tratamiento de quimioterapia, el pasado abril. Yo enseguida me situé en lo peor , cuenta hoy, cuando Uxue ya ha empezado a recuperar el pelo y las cejas, aunque arrastra un molesto linfedema en su brazo derecho, casi en cabestrillo, consecuencia de la extirpación de los ganglios linfáticos. Y hasta que el oncólogo no nos explicó exactamente de qué se trataba, hasta que no le pusieron un apellido al tumor, tras la operación, no se me pasó de verdad el susto. Necesito tener datos para tranquilizarme y tomar decisiones .Jesús vive en Madrid por cuestiones profesionales y Uxue, a caballo entre Pamplona y Madrid. Me trasladé a Pamplona la mayor parte del tiempo , cuenta. Lo más importante era estar . Luego, meticuloso y racional, organizó la agenda. Eso me ayudó a verlo como una carrera que tienes que ganar , asegura Uxue. Para el enfermo es muy difícil racionalizar, ponerse etapas; para mí era fácil , interviene Jesús. En los peores momentos, cuando ella se sentía hundida e incapaz de sacar una brizna de optimismo, él siempre respondía. Esto es transitorio, esto es transitorio, hay que mirar la línea del horizonte . Soy navegante, y sé que uno zozobra cuando pierde la línea del horizonte. Mi mujer es fuerte, por eso solía decirle una vez tras otra. esto se acaba .Él la ayudó a raparse el pelo, bromeando, entre risas. Quería que supiera que no tenía ninguna importancia para mí y que hay otras maneras de estar guapa. He aprendido a ver a otra Uxue. Lo importante es que está curada, y para mí está maravillosa . Decidieron vivirlo con naturalidad y con transparencia, Uxue vivió dos procesos electorales en ese tiempo, y nunca dejó de bajar a la calle, aún en los peores momentos. Solo había un punto en el que Jesús perdía pie. cuando veía llorar a su mujer. Entendía cuando no quería comer o dormir, pero no que llorara; todo mi afán era que aguantara, que no se viniera abajo, ni de defensas, ni anímicamente, porque para mí el tratamiento era sagrado , explica. Por eso confieso que me impacientaba y, sí, ahí me equivocaba. Esa es una de las cosas más complicadas. Los hombres no sabemos llorar y no nos alivia el llanto, nos crea una sensación de angustia . El año malo está a punto de pasar. Sí, se termina, pero entiendo que esto pueda destruir a una pareja , reflexiona Jesús. Se necesita fortaleza, hacer todos los días el ejercicio de agarrarte al instante. Los hombres nos tendremos que acostumbrar a vivir cada vez más con ello, y a lo mejor algunos no están preparados .

Cómo puedes ayudarla si la quieres

1. Escúchala. Acóplate a su ánimo. si quiere reír, ríe con ella; si quiere llorar, no minimices su temor; si está enfadada, no contradigas su enfado. Ve donde sus emociones os lleven. 2. Ríe. La risa es el mejor medicamento. 3. Sigue, no lideres. El tratamiento depende de ella. Espera si ella necesita tiempo. Se trata de su cuerpo, sus decisiones y sus dudas. 4. Muéstrale tu amor. Abrázala, bésala. Hazle pequeños regalos. Y, sobre todo, felicítala cada vez que tengas la oportunidad. Reúne a sus amigos en una fiesta para que sienta su apoyo. 5. Busca apoyo tú mismo. También necesitarás una guardia personal en los momentos bajos, alguien capaz de dejarlo todo cuando lo necesites. Estas cinco consignas ayudarán a un hombre a acompañar a su mujer o compañeracuando reciba un diagnóstico de cáncer de mama. Es importante entender que un proceso así exagera todo lo que pasa en una pareja, lo bueno y lo malo.

Los otros testigos. los hijos

1. naturalidad. A nuestro hijo de ocho años se lo contamos los dos , explica Uxue. Y cuando vio que su padre me cortaba el pelo y que nos reíamos, él se lo tomo con naturalidad. El niño hizo dos preguntas. ¿te vas a morir? y ¿te va a volver a crecer el pelo?. Desmentido lo primero y afirmado lo segundo, se quedó tranquilo . 2. Respuestas concretas. sin más. Sinceridad no significa crudeza ni exceso de información. Cada niño está preparado para entender lo que pasa dependiendo de su edad y él mismo reclama la información que necesita. 3. la palabra cáncer no aporta. No es necesario utilizar la palabra cáncer con niños muy pequeños. no la entienden y puede asustarlos. En el proceso, no solo la pareja se ve afectada. ¿cómo contarle a un niño que su madre tiene cáncer? Lo que más les suele alarmar son los cambios físicos, y su reacción depende de la tranquilidad o no con que lo asumen los adultos.