¿El caos le persigue? Pues póngale freno. Nuevos estudios psicológicos aseguran que ser sistemático es bueno para nuestra salud, nos hace más productivos, incluso mejores personas. Pero no se preocupe: a ser ordenado se aprende. Por Emily Bryce

Ya no quedan certezas. El mundo se está volviendo cada vez más complejo, y cuanto más perdemos la perspectiva de las cosas, mayor es la necesidad de tener nuestro entorno en orden. Esa necesidad empieza en nuestra propia cabeza. El cerebro tiende a la organización y la limpieza. Eso al menos se deduce de un estudio firmado por la Universidad de Princeton y la Universidad de Texas-Austin, que ha descubierto el ‘truco’ que usa el cerebro para evitar llenarse de recuerdos innecesarios o prescindibles y operar así más eficazmente.

Antes de enfrentarnos a una situación familiar o habitual explican los investigadores, el cerebro hace una predicción subconsciente de lo que espera encontrarse. Pero si esa predicción resulta equivocada, los recuerdos relacionados con ella disminuirán o desaparecerán directamente. Nicholas Turk-Browne, profesor de Psicología de Princeton, lo explica con el ejemplo de la cafetería. El cerebro de una persona que va por segunda vez a una cafetería automáticamente predice que va a ser atendida por la misma persona que le dio el café la primera vez, pongamos Raquel. Si la segunda vez la atiende Mike, el cerebro se olvida de Raquel porque esa información resulta irrelevante. Experimentos como estos se han realizado con 24 adultos monitorizados con una máquina de resonancia magnética para visualizar su proceso memorístico. El experimento se centraba en la posible manipulación de la memoria y en los errores que esta comete, pero salió a la luz esa necesidad de nuestro cerebro de hacer continuas ‘limpiezas’. Conclusión. el cerebro necesita librarse de lo innecesario, priorizar para predecir y así aumentar su eficacia.

¿La creatividad nace del caos?

En esta misma línea, favorable al orden para mejorar el rendimiento, se posicionan los estudios de la psicóloga Kathleen Vohs, de la Universidad de Minnesota (Estados Unidos). Sus investigaciones, publicadas en Psychological Science el año pasado, concluyeron cosas tan curiosas como que un entorno limpio y ordenado llevaba a la gente a hacer cosas buenas, como mostrarse más generosa o no implicarse en el crimen.

En los primeros experimentos, a los participantes se les pedía que rellenasen unos cuestionarios en una oficina. Algunos lo hacían en una oficina limpia y ordenada; y otros, en una desordenada y sucia. Después, a los participantes se les ofrecía la posibilidad de hacer una donación caritativa y se les daba a elegir entre una manzana o un snack de chocolate cuando se iban. Los que habían estado en la habitación limpia daban más dinero a la caridad y se mostraban más proclives a elegir la manzana en lugar del chocolate. Tendían a hacer más lo que solemos considerar correcto.

Recientemente, los psicólogos de Minnesota han ampliado el estudio. Su objetivo. comprobar las ventajas del desorden, si es que las hubiera. Y las hay. A las pruebas anteriores se añadió una nueva. esta vez se pidió a los participantes que, además de todo lo anterior, propusiesen nuevos usos para las pelotas de ping-pong. Juzgados los resultados por un público imparcial, las respuestas de quienes habían hecho la prueba en un entorno caótico eran mejores, más creativas. Es decir, confirmaban lo predecible. Los entornos desordenados animan a romper los esquemas y plantear soluciones innovadoras. Los ordenados animan a la convención y a jugar sobre seguro, concluye Vohs. Y esto es así independientemente de dónde se realice la prueba. Este experimento se hizo en seis lugares diferentes y los resultados no variaron. Las especificidades de la habitación no afectaban al resultado. Pero que estuviese ordenada o desordenada sí lo hacía. Y notablemente. Los investigadores están trabajando ahora en el entorno virtual. De momento, los hallazgos sugieren que en Internet se funciona de la misma forma que en el mundo físico.

Despachos delatores

El orden, según todos los estudios, contribuye a mejorar la productividad y aumentar el rendimiento. También aporta equilibrio y fomenta una mayor fuerza de voluntad. Quizá, por ello, la gente más trabajadora juzga tan negativamente a los desordenados. Según una encuesta de la Universidad de Columbia, en Nueva York, el 59 por ciento de los empleados los rechaza. Ser meticuloso tiende a forjar una personalidad más responsable y madura. Pero, ojo, un escritorio ordenado en exceso habla de una personalidad poco espontánea y con escaso sentido del humor. En este sentido, el estudio más sorprendente fue el del psicólogo Sam Gosling, de la Universidad de Texas, que tras analizar 500 despachos concluyó que aquellos con restos de comida, papeles revueltos y libros a medio abrir pertenecen a personas más felices, poco dadas a los conflictos y con un carácter más abierto.

Hay investigaciones que concluyen que los hogares caóticos entorpecen el desarrollo cerebral

Pero el orden o desorden no solo afecta a los entornos laborales. Hay investigaciones que concluyen que los hogares caóticos entorpecen el desarrollo cerebral en los primeros años de vida. Uno de esos trabajos es el de Stephen Petrill y sus colegas de la Universidad de Pensilvania con parejas de mellizos nacidos en los noventa. Sus resultados confirmaron que los niños criados en ambientes más desordenados, y por tanto más estresantes, desarrollaron peor sus capacidades cognitivas. La falta de organización y el caos en nuestro espacio físico, además, aceleran las hormonas del estrés, como el cortisol y la adrenalina. Para la doctora Pamela Peeke, de la Universidad de Maryland, el desorden genera impotencia y precipita el envejecimiento.

Ventanas rotas

Ningún estudio ha determinado una predisposición genética a crear entornos armónicos. Pero la conclusión más extendida es que el orden, como cualquier conducta que implique disciplina, se puede aprender. En este sentido, el estudio de referencia es el de James Wilson y George Kelling, que desarrollaron la llamada ‘teoría de las ventanas rotas’.

Cómo organizar su casa

1. Reduzca antes de organizar. El primer paso es eliminar y simplificar. Si no soporta deshacerse de algunas cosas, póngalas en una caja y guárdelas. Si seis meses después no las ha necesitado, le resultará más fácil tirarlas. Tírelas.

2. Escríbalo, siempre. En vez de usar su mente como un depósito de cosas que necesita recordar, escríbalas.

3. Al cajón. El papel, las notas y las revistas llegan a los escritorios y se van apilando o se ‘desparraman’. Ponga todo lo que llega en un solo cajón. Luego, una vez al día (o una vez a la semana), revíselo para vaciarlo. No deje estas decisiones para después.

4. Guárdelo inmediatamente. Casi todos tenemos el hábito de poner algo en la mesa o el escritorio con la intención de guardarlo luego. No. Guárdelo inmediatamente en su lugar. Lleva pocos segundos, y este hábito le ahorra un montón de tiempo.

5. Limpie mientras hace. Es más fácil limpiar las cosas mientras se trabaja. Si está cocinando, trate de lavar los platos al ir usándolos. Aplique este hábito en todo lo que haga.

6. Desarrolle rutinas. Las cosas tienden a desorganizarse. Desarrolle sistemas para mantener el orden. el papeleo, los horarios de los niños, las tareas Sistematice en lo posible.

7. Disfrute el momento. Si ya tiene todo organizado, deténgase a apreciarlo. El orden puede ser muy satisfactorio. Disfrútelo.

Y su día a día

-Aléjese de entornos ‘tóxicos’. Apártese de ese espacio, esa actividad e incluso esas personas que le oprimen y que hasta le enferman. Lo primero es darse espacio y tiempo a uno mismo para reflexionar con calma.

-Sea justo consigo mismo. Un error habitual es partir de un optimismo excesivo a la hora de replantearse la reorganización vital. No es bueno atribuirse primero más talentos y fortalezas y, por tanto, más alternativas vitales de las que se tienen en realidad. Luego, al primer contratiempo, pasará a infravalorarse sin piedad. Cuidado con autoevaluarse erróneamente.

-Aprenda a decir ‘no’. Pregúntese primero qué es lo que no quiere antes que preguntarse lo que sí quiere. Deshágase de todo aquello que no quiere de forma progresiva y controlada.

-Rompa la regla del cinco por ciento. Usted sabe cuáles son las actividades que le aportan de verdad alegría y sentido a su existencia. Esas son las que debe cultivar y cuidar. Probablemente, ahora solo le dedica a ese objetivo el cinco por ciento del tiempo del que dispone. ¿Por qué no lo lleva al 50 por ciento?

-Aproveche el trabajo hecho. Aproveche los ‘espacios ya limpios’ para, a partir de ellos, elaborar planes concretos o pequeñas listas de los siguientes objetivos que superar.

Patologías derivadas del orden

-Trastorno obsesivo compulsivo.Organizar la vida según patrones inalterables, asearse siguiendo ciertos rituales pueden ser conductas enfermizas. En psiquiatría es un indicio del trastorno obsesivo compulsivo. Estas obsesiones se suelen basar en supersticiones. Si no coloco esto así, ocurrirá algo malo .

-Con nombre propio. David Beckham y Hugh Grant no han desarrollado una patología, pero reconocen tener ‘manías’, como colocar las latas por tamaños y colores en la nevera. Más sorprendente es que Amy Winehouse pasase horas limpiando su casa. Pero tiene una explicación. mantener su casa bajo control era un desesperado intento de controlar su cabeza.

Patologías derivadas del desorden

-Síndrome de diógenes. Más que una enfermedad, es una expresión de diferentes trastornos patológicos. El paciente acumula cantidades ingentes de objetos y basura. Menos grave es el trastorno por acumulación, que se revela por el almacenamiento de objetos sin valor.

-Con nombre propio. Muchos artistas han trabajado en entornos caóticos. Bacon, Picasso, Freud Einstein es el paradigma del genio desorganizado. Pero últimamente el caos lo protagonizan seres menos geniales, como Lindsay Lohan que en un reality llegó a bordear el Diógenes (eso sí, de ropa cara) o Al Gore, cuyo caótico escritorio fue lo más comentado del documental Una verdad incómoda.


PARA SABER MÁS

Snoop. What your stuff says about you. [‘Lo que tus cosas dicen de ti’] (en inglés). Sam Gosling. Editorial Basic Books.