Un tercio de los enfermos de los hospitales son psicosomáticos, según un estudio. La neuróloga Suzanne O’Sullivan es una experta en la materia. Hablamos con ella.

Cuando Suzanne O’Sullivan era estudiante de Medicina, reaccionaba con suspicacia si la dolencia de una persona no se podía explicar con pruebas médicas. trataba de cazar al paciente, intentaba detectar si estaba fingiendo. Hoy esta neuróloga sabe que los tiros van por otro lado. las enfermedades psicosomáticas que podrían afectar a un tercio de la población hospitalaria son reales. Simplemente sus causas no se encuentran en nuestro cuerpo, sino en nuestra mente. Entenderlo le ha llevado muchos años, y ahora viene con un mensaje, dirigido a los pacientes, a los médicos, y a la población en general. no estigmaticemos las enfermedades psicosomáticas. Estudiémoslas y entendámoslas. Solo así aprenderemos a curarlas. Lo cuenta en esta entrevista y en su libro Todo está en tu cabeza (Ariel).

XLSemanal. ¿Qué son las enfermedades psicosomáticas?

Suzanne O’Sullivan. Son enfermedades reales, pero que no pueden explicarse con exámenes médicos. Los síntomas son variados. dolores, cansancio, cefaleas, mareos

XL. ¿También pueden provocar síntomas más graves?

S.O. Desde luego. parálisis, ataques epilépticos, ceguera Cualquier síntoma puede tener un origen psicosomático.

XL. ¿Cómo puede provocarnos el cerebro enfermedades?

S.O. Juega con nosotros, tiene mil trucos para engañarnos. Siempre que doy una charla, pongo el ejemplo del gorila invisible.

XL. Cuente.

S.O. Le enseñas a un auditorio inteligente un vídeo y le pides que se fijen en algo concreto, por ejemplo, que cuenten cuántas veces las personas que aparecen se pasan la pelota. Y un hombre vestido de gorila atraviesa la escena ¡Es muy evidente! Pero la mitad de la audiencia no lo ve, porque se les ha pedido que se fijen en otra cosa. La gente piensa que controla su mente. pero nadie ha decidido que no quiere ver a ese gorila. ¡Simplemente no lo han visto!

XL. Al hablar de trastornos psicosomáticos, usted pone el énfasis en la palabra real.

S.O. Sí. Porque el dolor es tan intenso y tan real como en cualquier enfermedad, solo que está provocado por factores psicológicos.

XL. A muchos les cuesta asumirlo

S.O. Sí. El problema físico surge a causa de algún tipo de estrés psicológico, pero, en lugar de sentir ansiedad, lo suprimen y el problema brota como un síntoma físico.

XL. Usted cuenta que algunos pacientes se sienten decepcionados cuando descubren que su mal es psicosomático.

S.O. Creen que les estás mandando a casa sin más. Pero ¡no! No decimos que no ocurre nada. ¡Todo lo contrario! Es solo un cambio de diagnóstico.

XL. A menudo, la respuesta es. ¿Me está diciendo que estoy loco? .

S.O. Sí. Cuando les doy el diagnóstico, lo hago con mucho cuidado. Intento que entiendan que esto le pasa a todo el mundo y les cuento ejemplos míos, personales.

XL. ¿Como cuáles?

S.O. Es muy normal que el corazón de alguien se acelere ante una situación estresante. Les explico que, si eso me estuviese ocurriendo a mí en este instante, nunca me dirían que me lo estoy imaginando o que estoy actuando. Saben que es verdad, pero que no está ocurriendo debido a ninguna enfermedad en mi corazón. Si algo tan nimio como hablar en público puede hacer que tu corazón se acelere, ¿por qué no podría un trauma más grande provocar síntomas de mayor calado? 

XL. ¿A cuánta gente afectan los trastornos psicosomáticos?

S.O. Hay un estudio de la Organización Mundial de la Salud que dice que una de cada cinco personas tiene seis síntomas médicamente inexplicables lo bastante severos como para causarles algún tipo de discapacidad, que las obligan a renunciar al trabajo

XL. ¿Un 20 por ciento de la población?

S.O. Cuando te centras en los hospitales, el porcentaje va más allá. En un estudio realizado en Escocia analizaron a pacientes de una clínica neurológica, y su conclusión fue que una de cada tres personas tenían síntomas psicosomáticos.

XL. ¿Un tercio de la población hospitalaria está allí por trastornos psicosomáticos?

S.O. La mayor parte de ellos son problemas transitorios. Van al médico y antes o después consiguen superarlo. Solo están afectados durante un breve periodo de tiempo. Afortunadamente los casos extremos parálisis, ceguera no son tan comunes. Sin embargo, suponen un número muy elevado de los pacientes en los hospitales, porque, aunque la cifra total no sea muy alta, van a ver a todos los doctores. Y vuelven una y otra vez porque no encuentran la causa de su mal. Por tanto, representan un gran porcentaje en un hospital precisamente por la dificultad de diagnóstico.

XL. Y si me cuesta aceptar que lo que me pasa es psicosomático, ¿cómo me convence?

S.O. Es difícil. El paciente ha pasado ya por muchos doctores y nada le funciona Así que intento que vea que ese patrón de comportamiento no le lleva a ningún lado. Le digo. Llegados a este punto, ¿por qué no intentas algo distinto? .

XL. ¿Y qué sugiere que hagan?

S.O. Que consideren una intervención psicológica como se plantearían hacerse otra radiografía más.

XL. Nos cuesta más aceptar un tratamiento psicológico que una aspirina

S.O. Sí. 

XL. ¿Y qué hace cuando su estrategia no funciona y el paciente no lo acepta?

S.O. Hay pacientes que nunca lo aceptan. Es parte del motivo por el que no están bien. Si puedes reconocer las conexiones entre cómo te sientes emocionalmente y las cosas físicas que te ocurren, lo más probable es que estas enfermedades psicosomáticas no te lleguen a afectar gravemente. Pero si no pueenes muchas más posibilidades de que se convierta en un problema serio.

XL. Además, las enfermedades psicosomáticas estigmatizan

S.O. ¡Absolutamente! Si tu vecino va en silla de ruedas y te dicen que lo que tiene es esclerosis múltiple y después te dicen que no era algo físico, sino que el origen es psicosomático, verás a esa persona de una manera muy diferente. La mayor parte de la gente lo juzgará negativamente y pensará que realmente no está paralizado, que podría caminar si quisiera.

XL. Error.

S.O. Mientras sigamos viendo las enfermedades psicosomáticas de este modo la gente seguirá sin querer aceptar el diagnóstico. Pero el problema va más allá. Porque si vas a tu jefe, o a tu compañía de seguros, ellos también te van a ver de modo diferente. ¡Así que la gente se rebela contra este diagnóstico! Es comprensible.

XL. ¿Qué habría que hacer para que cambiaran las cosas?

S.O. Ver a los pacientes de una enfermedad psicosomática como gente realmente afectada. Reconocer que la enfermedad psicosomática es real. Y al mismo tiempo también me gustaría que estos persiguieran que les dieran un diagnóstico de este tipo

XL. ¿A qué se refiere?

S.O. Creo que es muy revelador que los pacientes que vienen en una silla de ruedas a hacerse un escáner se muestren estupefactos cuando el resultado de la prueba es normal. Parecen casi disgustados. No se lo pueden creer. Así que vuelven una y otra vez. ¿Me hace otra prueba? ¿Y otra más? . En realidad lo que buscan es algo que explique su sufrimiento.

XL. Usted cuenta casos sorprendentes, como el de aquella mujer ciega que, sin embargo, le hace un dibujo.

S.O. Sí. A menudo, en los trastornos psicosomáticos, la discapacidad no es tan completa como lo es en alguien, por ejemplo, que tiene una lesión en la espina dorsal.

XL. ¿No es tan completa? ¿Qué quiere decir?

S.O. Por ejemplo, alguien con la pierna paralizada. Si mientras está tumbado en la cama le pido que mueva la pierna, no podrá. Sin embargo, si está distraído, puede mover la pierna un poco. Es algo muy característico del trastorno psicosomático. El problema es si al ver esto el médico concluye que la persona está mintiendo, cuando solo es una característica de la enfermedad.

XL. A usted misma le pasaba al principio.

S.O. Sí. Es un problema para los médicos. Si examinan a alguien que no se puede mover y luego se dan cuenta de que sí pueden, lo primero que pensarán es que les oculta algo. ¡No! ¡Lo están interpretando mal! Creo que los estudiantes de Medicina no reciben una enseñanza adecuada en este sentido.

XL. ¿Qué echa de menos? ¿Qué deberían aprender?

S.O. Compasión por este sufrimiento. A menudo los médicos esperan que la gente se queje de una manera proporcional a la enfermedad que ellos detecten en sus pruebas o escáneres. Pero tenemos una enorme dificultad a la hora de comprender a alguien que parece sufrir más de lo que nuestros exámenes nos indican que debería estar sufriendo. Necesitamos empezar a aceptar a la gente y sus dolores tal y como ellos nos los presentan.

XL. ¿Y qué se puede hacer?

S.O. Tenemos que crear una especialidad. Contamos con doctores para cada enfermedad neurológica. epilepsia, párkinson, esclerosis múltiple Cada enfermedad tiene su especialista. Y creo que las enfermedades psicosomáticas también deberían tenerlo.

XL. ¿Corremos el riesgo de irnos al otro extremo? ¿De normalizar tanto la enfermedad psicosomática que caigamos en el autodiagnóstico erróneo?

S.O. Es un equilibrio tan delicado que me asusta siempre. Veo constantemente pacientes que han desarrollado cientos de síntomas psicosomáticos, y yo les digo constantemente. Detenlo, deja de ir al médico con cada síntoma Pero ¿y si un día no es un síntoma psicosomático sino el fruto de una enfermedad física? Por supuesto se trata de un balance muy delicado.

XL. ¿Debemos combinar tratamientos físicos y tratamientos psicológicos? 

S.O. Hay un estudio muy bueno que analizó a gente que había estado en una silla de ruedas durante cinco años. Se comprobó que, cuando acudían a un fisioterapeuta con formación psicológica, bastaban cinco sesiones para que fueran capaces de caminar de nuevo. Quizá no de una manera totalmente normal, pero podían permanecer de pie y caminar. ¡Así de rápida puede ser la mejoría! Pero ayuda mucho que la persona que realiza el tratamiento, sea fisioterapéutico o de otro tipo, entienda cómo funcionan este tipo de trastornos.

XL. ¿Y por qué nos cuesta tanto entenderlo?

S.O. No es un problema nuevo. lleva con nosotros siglos. Pero ningún médico está asumiendo la responsabilidad de analizarlo con profundidad. La gente acude a todo tipo de médicos. reumatólogos, neurólogos Y todos ellos lo tratan de un modo distinto, y ninguno de los pacientes está acudiendo a quien potencialmente podría serles de más ayuda. un psicólogo o un psiquiatra.

XL. ¿Hemos avanzado en su solución?

S.O. ¡En los últimos cien años, el mayor avance que hemos logrado es cambiar el nombre! Por ejemplo, lo que antes era conocido como ‘histeria’ ahora se describe como ‘ataque disociativo’. A la gente le gusta el nuevo nombre hasta que entiende qué hay detrás. ¡Más que seguir reclasificando estos problemas, tenemos que aprender cómo desestigmatizarlos, y el nombre nos dará igual! 

XL. ¿Podremos acabar algún día con las enfermedades psicosomáticas?

S.O. ¡No! [Ríe]. Nunca terminaremos con ellas, pero podemos lograr que dejen de causar discapacidad. Si somos capaces de reconocer que, cuando atravesamos un periodo especialmente estresante podemos tener dolor en el pecho, eso alivia el dolor y nos hará no acudir al médico tan a menudo. No puedes detener el síntoma, pero sí la reacción disfuncional hacia ese síntoma. Entonces podremos seguir adelante con nuestra vida y dejará de ser un problema médico de calado.

El enfermo (no) imaginario

Estos cuatro casos fueron tratados por la doctora O’Sullivan. Los pacientes tenían disfunciones físicas provocadas por trastornos psicológicos.

Yvonne

El caso de la mujer ciega que en realidad veía. Cuando sus seis hijos alcanzaron la mayoría de edad, Yvonne decidió buscar trabajo. Un día, un compañero roció accidentalmente sus ojos con espray limpiacristales. Al día siguiente perdió por completo la visión. Siguieron meses de exámenes médicos, pero no encontraban ninguna anomalía. Los médicos dudaban de su historia. aunque aseguraba no ver nada, sus ojos reaccionaban involuntariamente a estímulos visuales. Aceptó ir a un psiquiatra. Unos meses más tarde recuperó la visión. La causa de la ceguera no era el espray, sino el estrés provocado por un marido controlador.

Shahina

“Doctor, ¿me esta diciendo que estoy loca?”. Todo empezó con un accidente tonto. un compañero le pisó la mano. Tras llevar el brazo en cabestrillo, recuperó la normalidad. Pero a la semana sintió unos calambres y sus dedos índice y corazón se encorvaron. Ni el fisioterapeuta ni las radiografías revelaban nada anormal. Cuando la doctora O’Sullivan la vio, todos sus dedos estaban afectados. Distonía focal, pensó. una enfermedad que contrae los músculos. Le inyectó toxina botulínica. La mejoría fue inmediata. Pero no encajaba. el bótox tarda días en surtir efecto. La causa debía de ser psicológica. ¿Cree que estoy loca? , gritó Shanina. Protestó al hospital y nunca volvió.

Matthew

Cuando la hipocondría se ‘contagia’ en Internet. Tengo esclerosis múltiple , dijo Matthew, sentado en su silla de ruedas, al conocer a la doctora. Él mismo se había autodiagnosticado tras buscar en Internet sus síntomas, que comenzaron con unos pinchazos en el pie. Descartaron la diabetes o problemas vertebrales, pero su situación empeoró y perdió la fuerza en sus piernas. No fue fácil convencerlo para que visitara a un psiquiatra. Pero aceptó y funcionó. Poco a poco, con ayuda de un fisioterapeuta, recuperó la movilidad. Los psicoterapeutas encontraron causas psicológicas relacionadas con su familia.

Camilla

En busca del trauma perdido. Se da cuenta de lo humillada que me siento? . De familia acomodada y con un trabajo exitoso, Camilla reaccionó mal cuando le dijeron que sus ataques se debían a convulsiones disociativas, es decir, de origen psicológico. Yo no soy de esas personas . Incluso llegó a decir que hubiera preferido un tumor cerebral. Los ataques no seguían un patrón fijo. Tardaron en comprender la causa. Pero apareció cuando el marido de Camilla reveló que, en realidad, había habido otro ataque tiempo atrás. Ese trauma había desencadenado todo.

PARA SABER MÁS

Todo está en tu cabeza. Libro de Suzanne O’Sullivan, publicado por Ariel.