Los científicos aseguran que la creatividad puede dejar de ser una cualidad exclusivamente humana. Defienden que sus máquinas ya plasman emociones y que incluso modifican su estilo según su ‘estado de ánimo’. ¿Pero es realmente arte lo que realizan estos robots? Por Philip Bethge

El artista se muestra satisfecho consigo mismo. «Hoy estaba de un humor sombrío, por eso quise pintar un retrato apagado y así ha salido. Todo un éxito». Quien habla de su obra no es un pintor engreído, sino un ordenador.

Acaba de terminar un cuadro en la Universidad de Londres. Tras completar su creación, el ordenador ha redactado un texto, titulado Memorias, en el que se juzga a sí mismo y su obra en una suerte de autorreflexión artística.

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A e-David se le da mejor el blanco y negro y la pintura acrílica, que se seca rápido. Este árbol lo ha copiado al milímetro

El programa que intenta pasar por pintor se llama The Painting Fool. Lo ha creado el matemático Simon Colton, un científico que centra su investigación en si los ordenadores pueden llegar a ser creativos. Para ello quiere incorporar al programa una especie de ‘código Picasso’, diseñado para aportarle fantasía e intuición, empatía y respeto. Solo entonces a su pintor loco se le podrá definir como ‘creativo’.

Estamos ante la incursión de las máquinas en uno de los últimos bastiones de la inteligencia humana: la creatividad. «Nuestra investigación se dirige al núcleo mismo de lo que nos hace humanos», afirma Simon Colton.

Pero distingamos. El software que simula crear arte no es ninguna novedad. Aplicaciones para smartphone como Prisma o los algoritmos del proyecto DeepArt, desarrollados en la Universidad de Turinga pueden darle a cualquier foto el aire de un Manet, un Dalí o un Lichtenstein. Son programas que están basados en el diseño en red de las células nerviosas del cerebro humano. Se los entrena alimentándolos con obras de arte de una época y un estilo concretos, por ejemplo, del cubismo; luego, el software registra las características propias de cada uno de los estilos. Y, finalmente, estas redes neuronales artificiales aplican sus conocimientos a la tarea concreta que se les pida.

Un nuevo rembrandt

Pero los resultados son cada vez más sorprendentes. Por ejemplo, los investigadores de la Universidad Politécnica de Delft (Holanda), en colaboración con Microsoft, han creado un nuevo cuadro de Rembrandt. Para ello, suministraron a su ordenador los retratos pintados en su día por Rembrandt y luego le hicieron crear una especie de media de todos los modelos (hombre con barba, ropa oscura y sombrero). De esta forma, 346 años después de la muerte del pintor holandés surgió un nuevo Rembrandt que, impreso en varias capas de color sobre un lienzo, casi podría pasar por un original.
Pero hay más ejemplos. e-David tiene su taller de trabajo en la Universidad de Constanza, al sur de Alemania. Su punto fuerte no se limita a la capacidad de cálculo. Lo suyo es el pincel y la paleta… en el sentido más literal. Este robot industrial modificado puede plasmar sobre el papel hasta un millar de pinceladas a la hora.

El objetivo es introducir en estos robots una especie de ‘código Picasso’ que les aporte fantasía e intuición

«e-David trabaja como un artista humano», dice el informático Oliver Deussen, el hombre que ha ideado este autómata pintor. La máquina se supervisa a sí misma y va observando «lo que ocurre en el lienzo -afirma Deussen-. Luego, los logaritmos deciden cuál será la siguiente pincelada». Al cabo de unas 12 horas, el cuadro está terminado.

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El robot e-David destaca por la calidad de sus retratos. En Ámsterdam se expone ‘El próximo Rembrandt’, creado con un ‘software’

¿Y todo eso hace que e-David sea creativo? O solo se limita a seguir las instrucciones que le dieron sus programadores? Simon Colton cree que, para producir algo nuevo, la máquina tiene que aprender a ver el mundo de forma parecida a como lo hace el ser humano y luego sacar sus propias conclusiones.
En el caso de The Painting Fool, «lo importante es que el programa consiga expresar su estado de ánimo (generado a base de introducirle información sobre la actualidad) y que cada vez sea mejor haciéndolo».

«Yo ya considero a The Painting Fool creativo -asegura Colton-. No digo que sea humano, pero sí intenta expresarse de una forma artística».

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e-David trabaja con cinco pinceles (los alterna y los limpia) y con los 24 colores de su paleta

Algunos investigadores, como Colton, consideran que el cerebro humano funciona de forma similar a los programas informáticos. Desde su punto de vista, la creatividad es solo «un proceso mecánico cerebral que genera posibles soluciones, que luego filtra de forma sistemática», como dice Arne Dietrich, neurocientífico de la Universidad Americana de Beirut. En su opinión, la creatividad artificial no es menos valiosa que la humana. «Los ordenadores hacen muchas cosas que sorprenden a los seres humanos», añade el informático Oliver Deussen. Los programas siguen un proceso evolutivo exponencial de manera que los programadores no pueden predecir sus futuras habilidades. « Por qué no habrían de alcanzar algún día la complejidad del cerebro humano?», pregunta Deussen, que ya está desarrollando un e-David más pequeño, transportable y que espera que pueda pintar delante de público dentro de muy poco tiempo.

Desafío técnico o arte

¿Pero conseguirá e-David seducir a los humanos con su arte? Simon Colton no cree que los ordenadores alcancen el nivel de los artistas. «Los ordenados no podrán contarnos nada nuevo acerca de nosotros», afirma. Pero cree que la creatividad informática podría ser interesante por sí misma. «Los ordenadores podrían ser creativos de una forma que podría seducirnos y desafiarnos», dice el británico.

El robot es capaz de crear una obra distinta cada día en función de las noticias que sucedan en el mundo y la gente que lo rodee

El profesor Colton planea mandar su Painting Fool al Brain Reseach Imaging Centre de la Universidad de Cardiff en calidad de ‘artista invitado’. La idea es que el programa pinte todas las semanas un cuadro, inspirado tanto por los acontecimientos mundiales como por las impresiones y las personas, que lo rodeen.

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El robot tiene cámara, sensores y un programa que “lee” arte y lo convierte en movimientos de su brazo, que sostiene un pincel

The Painting Fool irá informando al público sobre su proceso creativo a través tuits diarios. «Como colofón, queremos exponer sus mejores piezas», dice Colton. Eso sí, la selección de las obras que compondrán la exposición no piensa dejarla en manos de su ‘pintor’. «A veces tengo la sensación de estar al lado de un viejo amigo -dice Colton-, pero todavía no confío en su capacidad para acertar con el gusto del público. Todavía no…».

¿Tienen los autómatas sensibilidad artística?

Para generar inspiración, el programa The Painting Fool analiza cientos de artículos de prensa y mira Twitter, Flickr y Google. Con esa información se forma un estado de ánimo. Si abundan las buenas noticias, The Painting Fool elige tonalidades intensas y pinceladas expresivas. Si la situación mundial hace que se sienta deprimido, recurre al carboncillo y a los colores oscuros, apagados. A veces la situación es tan grave que el programa se niega en redondo a pintar.

¿CÓMO SE INSPIRA UN ROBOT?

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Los matemáticos alimentan el programa The Painting Fool con dos softwares. Con el primero, el programa aprende las distintas emociones; se muestra una secuencia de vídeo con rostros diversos. ceñudos, asustados, sonrientes… Así el software detecta las características de cada emoción. El segundo software le permite detectar los tipos de rostro y pintarlos acordes con las emociones que reflejan. eligiendo los colores y estilos adecuados. Estos son algunos resultados.

El robot es capaz de crear una obra distinta cada día en función de las noticias que sucedan en el mundo y la gente que lo rodee.


PARA SABER MÁS

The Painting Fool