Producir órganos por encargo. Esa es la apuesta de un laboratorio de Boston. Solo es un experimento y ya inquieta. Por M. Giménez

Al laboratorio llega un órgano donado por un fallecido. Por otro lado, un paciente facilita al centro células, ya sea mediante una biopsia o una muestra de sangre. El laboratorio vacía el órgano recibido, lo despoja de sus células y ADN y le inyecta las del paciente que necesita el trasplante. En lugar de fabricar órganos nuevos artificiales, en este laboratorio del Hospital General de Massachusetts (Estados Unidos) se reparan órganos dañados para implantarlos en nuevos dueños. El responsable de esta técnica que produce escalofríos es el cirujano torácico Harald Ott. «Podemos regenerar un órgano. Así evitamos el rechazo. Los órganos se podrán producir bajo pedido e implantarse quirúrgicamente», explica el líder de este increíble proyecto.

En el laboratorio de Harald Ott también cultivan células cardiacas. Necesitan 300 millones de ellas solo para rellenar con tejido muscular una porción del ventrículo izquierdo

En el laboratorio del doctor Ott trasplantan lóbulos pulmonares reparados en cerdos y colocan corazones arreglados’ en ratas. También cultivan’ riñones. Este equipo de 17 científicos ha trabajado con más de 80 corazones humanos y ha conseguido que su tejido muscular se contraiga de nuevo, aunque la mayoría acaban diseccionados y analizados bajo el microscopio al cabo de unos 14 días. Ott está convencido de que su proyecto funcionará.

CÓMO DEVOLVER LA VIDA A LOS ÓRGANOS

Vaciar de sangre

Cuando el corazón de un fallecido llega al laboratorio del doctor Harald Ott, lo introducen en un biorreactor que balancea el órgano y lo conecta a una bomba que lo drena de sangre. Por eso se vuelve blanco.

Reducirlo a una carcasa

corazones

El objetivo es vaciar el órgano. Dejar solo el armazón. En el caso del corazón conservaría las válvulas, las paredes de separación y las ramificaciones del sistema de riego sanguíneo. Se deja solo la estructura básica.

Líquido limpiador

Al equipo le costó muchas horas de trabajo y pruebas fallidas hallar la sustancia que limpia los órganos. «Sometimos corazones a la acción de enzimas, ácidos, bases, todas las sustancias químicas de la A a la Z . Echamos a perder muchos corazones», confiesa. Hasta que por fin dieron con la sustancia mágica. se llama dodecilsulfato sódico y también se encuentra en productos de limpieza y lociones.

Inyección en vena

Inyectan el agente limpiador para que circule directamente por el sistema de vasos sanguíneos. El corazón se hace translúcido de repente. La primera vez que lo utilizaron, «todos los compañeros del laboratorio vinieron a verlo, tenían los ojos como platos», recuerda hoy Ott. El corazón queda reducido a «un armazón proteico sin color ni células», explica él mismo.

Nuevas células

Después siembran nuevas células en los corazones y los introducen en una máquina que les suministra una solución nutritiva, oxígeno y una estimulación mecánica. Añaden a la máquina un estimulador de presión. Así han conseguido que algunos corazones hayan latido un par de semanas.