Este gigante de acero se hundió en la bahía de Santander en 1937, reventado por una mina. La explosión del ‘Acorazado España’ fue el final de uno de los acorazados más legendarios de la Armada española. Por Juan José Esteban

El estallido sonó bronco, como un bramido. Del enorme boquete que se abrió junto a la quilla comenzó a manar una enorme vía de agua que anegó inmediatamente la sala de calderas de popa y las turbinas de babor y estribor. Pedro Nieto Antúnez, segundo comandante del barco, estaba en el puente de mando en el momento de la explosión. Al sentirla, se precipitó por la escala hasta las tripas del barco. Allí se encontró con un espectáculo que nunca antes había visto: la sala de máquinas inundándose por momentos, los cadáveres de un maquinista y dos fogoneros flotando en el primer compartimento sepultado bajo el agua y un enjambre de hombres heridos y aturdidos abandonando las entrañas del acorazado.

El naufragio del ‘España’ se saldó con cinco muertos, fruto de la explosión. El resto de la tripulación fue puesto a salvo por el ‘Velasco’

No habían pasado ni diez minutos cuando el acorazado España comenzó a escorarse a babor. La gravedad de su avería no ofrecía lugar a dudas: una mina lo había herido de muerte. Por suerte para sus ocupantes, el Velasco, con el que realizaba tareas de control marítimo en la bahía de Santander, estaba cerca. Su capitán, Francisco Núñez, lo acercó al acorazado España y toda la tripulación fue pasando a su navío. Primero, los cadáveres: cuatro en total. Después, los heridos, entre ellos un fogonero que expiró nada más llegar a la nave. Y luego, la marinería y los oficiales. El último fue Nieto Antúnez, que antes de abandonar la nave echó un último vistazo para asegurarse de que no quedaba nadie. Para entonces, el hundimiento ya era inminente. A las once menos veinte de la mañana del 30 de abril de 1937, cuando el Velasco ya desaparecía tras el Cabo Menor, el España realizó su última maniobra frente a la playa de El Sardinero: se puso en vertical, con un tercio de su eslora por encima del agua y su quilla roja al sol, y se hundió de popa. Así, plantado a 74 metros de profundidad sobre un lecho de cantos rodados y en una zona de fuertes corrientes, acabó una de las leyendas navales españolas.

Acorazado España botadura

Antes de botarse en mayo de 1913, el barco recibió los últimos retoques en le dique Victoria Eugenia del puerto del Ferrol. Allí estuvo tres meses hasta su conclusión

El Abuelo, como se conocía este barco en el bando nacional durante la guerra civil, fue botado en mayo de 1913 en El Ferrol. Nació gracias a un plan de modernización de la Marina de 1908 que preveía la construcción de tres acorazados (España, Jaime I y Alfonso XIII), tres destructores, cuatro cañoneros y 24 torpederos. De los tres acorazados gemelos, el España embarrancó cerca de Melilla el 26 de agosto de 1923. El Jaime I se mantuvo en activo durante toda la guerra civil, pero los bombardeos y las explosiones que sufrió durante la contienda lo dejaron ruinoso, por lo que fue desguazado en Cartagena. Y el más antiguo de la terna, el Alfonso XIII, fue rebautizado en 1931, tras la llegada de la Segunda República y la salida del rey del país, con el nombre de España, dado que su gemelo había desaparecido ocho años antes. Y con ese nombre ha pasado hasta nuestros días.

Acorazado España Alfonso XIII

El rey Alfonso XIII pasa revista a la marinería del barco en el puerto de Bilbao en agosto de 1915. Ésta fue la primera visita oficial que realizó el monarca al barco tras su bautizo. En esa época aún se llamaba como él: Alfonso XIII

Su primera tarea fue vigilar la costa española durante la Primera Guerra Mundial. En 1920, con la contienda acabada, inicia un viaje por América. Su periplo lo lleva a La Habana, lo que lo convierte en el primer barco de guerra español que entra en Cuba tras su independencia, Puerto Rico y Nueva York. En 1923, con el Jaime I realiza un viaje a Italia con los reyes y Primo de Rivera a bordo. Durante la Guerra de Marruecos, de 1923, participa en el desembarco de Alfrau. Y en 1925, en el Alhucemas. En 1931, el nombre de Alfonso XIII se borra de su casco y se le cambia por el de España, pasa a la reserva y es amarrado en el Ferrol.

Pero el inicio de la guerra civil lo devuelve al mar. Armado por el bando nacional con dos cañones de 305 mm y seis de 101,6 mm, el acorazado España regresa para participar en el bloqueo de los puertos cantábricos, bajo control republicano. Pero un acorazado de sus dimensiones, 139 metros de eslora, 24 de manga y 15.700 toneladas de peso, siempre es un objetivo apetecible por sus enemigos. De la mayoría de los ataques sale bien librado, como cuando el 31 agosto de 1936 un torpedo lanzado por un submarino republicano C-4 impacta en su proa sin llegar a explotar. Pero su buena estrella no dura mucho: el 30 de abril de 1937, el acorazado España naufraga para siempre.


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