Mentiras piadosas de las neuronas espejo

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Quizá se sorprendan si les digo que para el cerebro correr una maratón se parece bastante a imaginarlo. Muchos de los circuitos cerebrales que se activan al correr también lo hacen si reconstruimos esa acción en nuestra mente, y esto tiene unas consecuencias fabulosas.

Hace más de diez años, Giacomo Rizzolatti me confesó que pensar en el movimiento mejora las destrezas de uno. «Eduardo, parece una locura, pero es así», añadió ante mi cara de fascinación.

La diferencia recae en la acción, en el hecho de ponerse a correr. Al imaginarlo, el circuito que controla el movimiento de las piernas y los brazos se activa igual, pero la acción -ponerse a correr de verdad- se inhibe.

Para que esto pueda suceder, el cerebro codifica y almacena las acciones que realizamos -correr, nadar, escribir, tocar el piano- y, una vez las ha experimentado (y coordinado), es capaz de imaginarlas.

Pero no solo eso, también las reconoce en los demás; es decir, neuronas que controlan el movimiento se activan si vemos a alguien correr. Esto es justo lo que descubrió Rizzolatti en macacos hace dos décadas junto con sus colegas de la Universidad de Parma.

Hoy, las conocemos con el nombre de ‘neuronas espejo’ y a ellas debemos nuestra capacidad de reconocer una acción ajena con solo mirarla, de imitar, aprender y anticipar las intenciones de los demás.

Entender la intención de alguien facilita el engaño, una habilidad que aprendimos a perfeccionar gracias a las neuronas espejo y que nos ayudó a pasar el filtro de la selección natural.

Pero las neuronas espejo también son las responsables de algo increíble. la empatía, el saber ponernos en la piel de los demás, de sentir su tristeza y su alegría, una capacidad que nos conecta con otras mentes y que está en la base de nuestra inteligencia social.

¿Quién es?

Neurobiólogo, 79 años. Catedrático de Fisiología Humana en la Universidad de Parma (Italia) y director del Centro del Cerebro para la Cognición Social y Motora de Parma. Colabora con
la Universidad del Sur de California y la Universidad de California, ambas en Los Ángeles.

¿De dónde viene?

Hijo de padre de ascendencia italiana y madre rusa, ambos médicos, nació en Kiev, Ucrania (antigua URSS). Su padre era el mayor de cuatro hermanos, de los cuales tres fueron médicos. También lo fue el abuelo de Rizzolatti. El joven Giacomo acabó estudiando la misma carrera en Padua (Italia).

¿Qué ha aportado?

Con su grupo de investigación de la Universidad de Parma descubrió en 1996 las neuronas espejo, uno de los mayores hallazgos de la neurociencia. Su reconocimiento se ha materializado con numerosos galardones, como el Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2011.


La anécdota

El descubrimiento de las neuronas espejo fue casual. Un macaco al que se medía la actividad de una neurona vinculada al acto prensil vio cómo un investigador frente a él agarraba un objeto.
La neurona se activó sin que el mono moviera la mano, ni tan solo un dedo.