Ahn Myong-Chol fue carcelero de un campo de concentración de Corea del Norte. Su padre cayó en desgracia y encarcelaron a su familia. Huyó a Corea del Sur. Se dedica a denunciar las atrocidades del régimen de Kim Jong-Un. Por Fátima Uribarri

XLSemanal. Lleva 20 años denunciando atrocidades y no pasa nada. Estará desesperado…

Ahn Myong-Chol. Lo que más me indigna es que, en los años noventa, tres millones de coreanos murieron de hambre; y la comunidad internacional se equivocó al dar ayuda humanitaria: esa ayuda la utilizó el dictador para desarrollar armas nucleares.

XL. Los campos como en el que usted fue guardián siguen existiendo. ¿Sus denuncias sirven de algo?

A.M. Sí sirven. La ONU ha investigado y ha dictado resoluciones. Es una presión contra la dictadura.

XL. Usted fue un privilegiado. Lo eligieron como guardián. ¿Cómo lo consiguió?

A.M. Me eligieron porque mi padre era un oficial del partido.

XL. Hasta que cayó en desgracia.

A.M. Entonces se suicidó y detuvieron a mi madre y mis hermanos.

XL. ¿Cómo se enteró usted?

A.M. Me lo sopló un compañero del partido. Por eso pude huir. Supe que me iban a detener enseguida, porque en la dictadura norcoreana, cuando uno cae, se apresa a tres generaciones de su familia.

XL. ¿Cómo escapó?

A.M. Yo conducía un camión del campo. Me escapé en él.

XL. ¿Cómo logró cruzar la frontera con China?

A.M. Escapar de Corea del Norte es muy difícil. Yo lo conseguí gracias a mi trabajo como conductor: conocía las carreteras, sabía llegar a la frontera, sabía dónde estaban los controles. Solo tardé una hora en llegar y cruzar el río.

XL. ¿Y después? ¿Ya en China?

A.M. Empleé diez días en pasar de China a Corea del Sur. Fue más difícil que salir de Corea del Norte.

XL. ¿Se arrepiente de haber sido carcelero de una tiranía atroz?

A.M. No sabía que mi trabajo era tan malo. Te lavan el cerebro, te adoctrinan para que creas que los prisioneros son traidores, que no son personas.

XL. ¿Cuándo empezó a verlos como personas?

A.M. Cambié cuando escuché en el camión su desesperación: no sabían por qué los detenían. Pero cuando más me di cuenta del espanto fue al salir del país. Por eso me dedico a explicar al mundo el horror que está sucediendo ahora en Corea del Norte.

XL. ¿Qué instrucciones recibió como guardián?

A.M. Debía tratar a los prisioneros como a animales. No podía sonreír ni hablarles. Podía practicar patadas de taekwondo sobre ellos. Podía dispararles si intentaban huir.

XL. ¿Matar a un prisionero da beneficios al carcelero?

A.M. Sí, te ayuda a que te trasladen a Pyongyang y accedas a la universidad, que es lo que queríamos todos. Ese es el gran privilegio de ser carcelero: después de diez años en un campo puedes pasar a ser universitario y trabajar en la Agencia de Seguridad Nacional. Por eso, algunos guardianes matan a prisioneros sin motivo: para ascender.

XL. ¿Saben sus compatriotas lo que pasa en su país?

A.M. La mayoría, no: tienen el cerebro lavado. Sí lo saben los familiares de las víctimas (que no pueden hacen nada) y los que se relacionan con el poder y son sus cómplices.

XL. ¿Cambiará China de actitud respecto a su país?

A.M. Creo que sí. Hay muchas norcoreanas de zonas fronterizas con China que han sido raptadas y obligadas a casarse con chinos. Sus hijos son medio coreanos y saben cosas por sus madres. Son pequeños ahora, pero crecerán y ayudarán a que cambien las mentalidades.

XL. ¿Cuál es su recuerdo más doloroso?

A.M. El sufrimiento que causé a los prisioneros. Lo siento muchísimo.

Pregunta a bocajarro

Con lo que ha vivido, ¿consigue dormir?

Estoy traumatizado. Sueño con mi madre y mis hermanos, que están prisioneros en campos de Corea del Norte. Sé por lo que están pasando. Por eso bebo alcohol todas las noches; si no lo hago, no logro dormir.

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