Lorenzo Silva creó los personajes de Bevilacqua y Chamorro hace ya 20 años. Durante este tiempo han vivido experiencias, compartido casos e investigaciones. Y, por supuesto, han ido envejeciendo. ¿Qué les deparará el futuro?

Con motivo de la publicación de una nueva aventura titulada ‘Lejos del corazón’, planteamos a nuestros lectores el reto de que nos contasen cómo creían ellos que podría ser su jubilación. Lorenzo Silva ha seleccionado las 25 mejores ideas,  ganadoras de un ejemplar firmado de la novela. De entre todas ellas, nuestro cartero ha elegido sus cinco preferidas. Aquí va su selección.

LA SELECCIÓN DE LORENZO SILVA 

Mª ESPERANZA M.G.

Por el mero hecho de haber disfrutado tanto leyendo las historias de esta pareja, les voy a imaginar una jubilación estupenda a ambos.

Por edad, Bevilacqua lo hará primero. Y tendrá comprado un billete de avión a Montevideo justo para el día siguiente a su cese en el servicio activo. Ha decidido enfrentarse a sus fantasmas e intentar resolver su personal caso. Lo que no se imagina es que en su estancia va a conocer a una mujer. Y no le cabe duda de que es la mujer con la que quiere compartir la nueva etapa que comienza en su vida. Juntos y enamorados como dos chiquillos, se irán a vivir a algún lugar bañado por el mar Mediterráneo.

A Chamorro todavía le quedan unos años de servicio. Los primeros dias echa en falta a su compañero y por eso decide ir escribiendo en su portatil todos los casos en los que han trabajado juntos. Disfruta con ello y además se permite novelar las historias. Incluso prueba a mandar una de ellas a varias editoriales. Y ¡bingo!. Una editorial la publica y se convierte en un éxito de ventas, por lo que Virginia seguirá escribiendo libros con pedacitos de su vida, de la vivida y de la imaginada. Ni que decir tiene que Chamorro vivirá una jubilación dorada debida a su nuevo estatus de escritora famosa. Y cada vez que publica un nuevo libro, le manda uno dedicado de su puño y letra a su buen amigo Vila.  

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GUZMÁN PÉREZ MONTIEL

—Virgi, nunca pensé que te jubilarías. Una tía recia como tú podría trabajar hasta el lecho de muerte.

—Déjate de rollos, Vila, que ya estás mayor. Disfruta de la fiesta, anda, que ni en tus mejores sueños te imaginabas que yo fuese a organizar un sarao como éste.

—En eso tienes razón, como casi siempre. Por cierto, espero que te haya gustado el soldadito de plomo que te he traído como obsequio.

—Sin duda, jefe. Y valoro aún más que hayas hecho una excepción pintando una guardia civil, en vez de esos soldados perdedores que pueblan tu colección.

—Me alegro, Virgi. Ya iba siendo hora de que tu querido Vila tuviera un detalle contigo…

Chamorro sonrió, y cambió de tema, hablando en voz baja.

—¿Qué tal tu temporada por Uruguay? No me has contado nada desde que llegaste.

—Jodida, pero fructífera. Remover la mierda de la propia familia es duro, ¿sabes? Pero al final me reencontré con mi progenitor. Me tragué mi orgullo y fui a verlo a una residencia de ésas en las que huele a viejo y a soledad. No estuvo del todo mal.

—No te reconozco, jefe. La jubilación te ha ablandado el corazón. No sé qué diría tu amigo Freud de todo esto, pero me alegro. Si es que en el fondo eres un sentimental…

—Anda, boluda… no me amargues tu fiesta. Que hay más que celebrar.

—¿Algo que yo no sepa? —preguntó Chamorro, extrañada.

—Que a este viejo le han ofrecido ser asesor del Cuerpo. No pensé que estuvieran tan mal de personal…

—No está tan mal la Benemérita… A veces, como en tu caso, escogen muy bien. 

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MAITE RUIZ ORTIZ

Opino que Bevilacqua y Chamorro no pueden jamás llegar a ser pareja porque se conocen demasiado bien y eso resta magia al asunto. Creo que pueden llegar a ser grandes amigos, eso sí, Pero aunque a ella le enternece la costumbre de él de comprarse la ropa en hipermercados y a él ella le despierta el instinto protector, tan dada a relacionarse con tipos violentos, se ha perdido el “duende” necesario para transitar desde la aspereza del uniforme sobre la piel hasta la suavidad de la piel desnuda. Lástima, hubiera sido interesarte verles desayunar juntos.

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NACHO DÍEZ

Me parece que aún le quedan a Vila muchos años para jubilarse, salvo que la Guardia Civil prejubile como los bancos.

Además no quiere, que va a hacer él si no, ¿guardar las espaldas a un youtuber?

En cualquier caso, cuando se jubile, se vuelve a Uruguay, que ya no se acuerda, y monta un bar. Así puede seguir observando a la gente.

Y Chamorro, a esa si que le queda pobrecita, pero si es casi una niña.

Eso, o el autor, emulando al gran Cervantes, y en un acto de amor hacia sus personajes les da dulce muerte… “Fui loco, y ya soy cuerdo.”

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CONCHI RAMOS PIÑERA

Pues yo me imagino a Vila viendo ascender a su hijo en la cadena de mando y enseñándole todo lo que sabe. Retirado en un pueblo de costa para poder ver todos los días el mar, el caso es que yo si me lo imagino compartiendo el final de sus días con Virginia, después de tantos años conviviendo, de tanto que han pasado juntos. Los veo disfrutando como abuelos lo que no pudieron disfrutar como padre por el trabajo y como madre Virginia cuando supo que no podría serlo. Podrían hacer alguna colaboración con las fuerzas de seguridad cuando los requieran, porque después de diez novelas yo personalmente no quiero que se jubilen nunca.