El Museo del Prado y el MNAC de Barcelona recuperan a uno de los pintores españoles más inquietantes, misteriosos y fascinantes de finales de siglo XV. Por Suzana Mihalic

El autor: Bartolomé Bermejo (Córdoba, Documentado 1468- Barcelona, Hacia 1501)

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Realismo no idealizante

Se sabe muy poco de Bartolomé de Cárdenas, conocido con el apodo de Bermejo. Era cordobés, pero fue uno de los pintores más destacados de la Corona de Aragón. Pintaba por encargo y destacó por su dominio de la técnica al óleo al estilo flamenco: según los expertos, fue el mejor flamenco fuera de Flandes. Bermejo tiene un estilo realista sin idealizaciones, su feísmo es impactante. Sobresale también por su riqueza cromática y el ilusionismo de sus escenas.

PARA SABER MÁS

Museu nacional d’art de Catalunya. Bartolomé Bermejo. A partir del 15 de febrero.

Descenso de Cristo al Limbo / Bartolomé Bermejo / Óleo sobre tabla, 88,7 x 69,2 x 3 cm / h. 1470 – 1475 / Barcelona, Museu Nacional d’Art de Catalunya

1. El motivo: escena bíblica

Se cree que Descenso de Cristo al limbo es uno de los cuatro compartimentos de un retablo de santo Domingo de Silos de Daroca. Bermejo sitúa a Cristo en un espacio donde conviven los vivos y los muertos junto con personajes del Antiguo Testamento como Adán, Eva y el rey David. A todos los rodean terribles demonios draconiformes, muy presentes en el periodo sombrío del Medievo.

2. Los personajes: repetidos

Algunos personajes se repiten. Así vemos el rostro de Adán en cuatro ocasiones. con la cabeza en distintas posiciones; unas veces con barba y otras sin ella; delante besando la mano de Cristo; y en la última fila con un halo. Es fácil de reconocer por los finos trazos de su pelo blanco. Lo mismo ocurre con la joven que está detrás de Eva y el hombre a su izquierda, que se repite con barba y turbante.

3. Técnica: a la manera flamenca

Bermejo utiliza la entonces novedosa técnica al óleo de la misma manera que los pintores flamencos, logrando un gran abanico de efectos ilusionistas, desconocidos entre sus contemporáneos hispanos. El pintor diluye los tonos en aceite de linaza, con lo que logra delicadas transparencias, como la gasa que cubre el cuerpo de Cristo y las que dejan entrever los pubis de Adán y Eva, con un realismo que huye de las idealizaciones.

4. Los demonios: torturas demoniacas

Un batallón de demonios espeluznantes (recuerdan a las criaturas del Bosco) presencia la escena. Lucifer, sentado sobre la roca, luce un cuerpo metálico con garras, pinchos y alas. Un demonio tortura a una mujer, identificada como Jezabel -reina del antiguo Israel- arrancando su lengua con un gancho mientras otro le dispara con la espingarda.

5. La paleta: pieles rosáceas

En el centro predominan los tonos rosáceos de las carnes desnudas. El rosa uniforme se interrumpe con suaves pinceladas oscuras para potenciar las pieles flácidas y los finos vellos que las cubren. El dorado envuelve el cuerpo de Cristo y corona las cabezas de los presentes. El rojo amenazante de las llamas del infierno da paso a tonos más oscuros para representar la penumbra infernal.

6. El entorno: símbolos y paisaje

Bermejo crea varios planos para distribuir la escena y dotarla de profundidad. En la parte inferior, Cristo pisa unas puertas pesadas. Son las puertas derruidas del inframundo colocadas sobre el suelo en forma de cruz y aplastando a varios demonios. En la parte superior, detrás de la roca oscura, se abre paso un paisaje montañoso con un cielo nocturno y rojizo, acompañado de nubes pesadas… un paisaje atmosférico.