Los nazis creyeron que trabajaba para ellos, pero en realidad el catalán Juan Pujol estuvo al servicio del Gobierno británico. Fabulador nato y aventurero hizo que en la Segunda Guerra Mundial los alemanes miraran a otro lado mientras los aliados desembarcaban en Normandía.  Por O. M.

Juan Pujol, el espía que engañó a Hitler

Juan García Pujol recibió el nombre clave de Bovril pero sus compañeros lo cambiaron por el de Garbo, en reconocimiento a sus cualidades de actor: su red de espionaje ficticia dio vida a 27 personajes sin que los alemanes sospecharan nada.

Como funcionario del MI5, Harris comenzó a marcar los ritmos y los alemanes no sólo perseveraron en la trampa, sino que se abrieron por completo a Pujol. Sus informes contaminaron poco a poco toda la red de la Abwehr (el servicio secreto alemán) y se convirtieron en la columna central del espionaje nazi. Cada uno de los comunicados de Rufus era transmitido de inmediato a Berlín. Algunos de sus informes llegaron incluso a las manos de Hitler.

El desembarco de Normandía fue su principal logro. Pujol se convirtió en la clave del plan Guardaespaldas de la operación Overlord. Su tarea consistiría en hacer creer a los alemanes que los aliados preparaban dos invasiones, una en Noruega y otra en Francia, y que la invasión sur se realizaría a través del paso de Calais. El plan funcionó.

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En las primeras horas del día 6 de junio de 1944, Garbo inició su particular desembarco de confusión e información falsa. Envió un mensaje de radio comunicando la inmediatez de la invasión, con tiempo suficiente para calcular que el mensaje, después de pasar por Madrid, llegaría demasiado tarde al alto mando alemán. El operador de radio alemán de la capital española no estaba a la escucha, por lo que Pujol transmitió un segundo mensaje que llegó cuando estaban desembarcando las primeras tropas aliadas.

Garbo mantuvo durante días la tesis de que la operación que se estaba desarrollando en Normandía era de escasa envergadura. El día 8, cuando la invasión era evidente, Pujol hizo creer de nuevo en el ataque a Calais, por lo que los alemanes mantuvieron allí sus tropas. Convenció a los alemanes de que las fuerzas aliadas disponían de 77 divisiones y 19 brigadas en la costa sur de Inglaterra, es decir, un 50 por ciento más que en realidad. Para dar credibilidad a la idea de un desembarco en el norte de Francia, los británicos hicieron flotar frente a las costas de Dover barcos de aglomerado, construyeron puertos de cartón-piedra y tanques de caucho. El tiempo ganado por Pujol se reveló fundamental.

Pero aquí no acabó todo. Los nazis nunca sospecharon de sus servicios e incluso le pidieron que restringiera su actividad para protegerse. El 29 de julio de 1944 Madrid le comunicó que Hitler le había concedido la Cruz de Hierro de manera excepcional (sólo los combatientes tenían derecho a ella). En el otro bando, lo nombraron, en diciembre de 1944, Caballero de la Orden del imperio británico.

Juan Pujol, ‘Garbo’

Tras la guerra, sus colaboradores británicos le ofrecieron trabajo en una compañía de seguros, pero él prefirió emprender rumbo a Suramérica. Recompensado con 15.000 libras, viajó a Venezuela e inició allí una nueva vida con identidad falsa. Aunque su labor había sido clave para la derrota del nazismo, no cumplió otro de sus objetivos que lo había llevado a convertirse en espía: desalojar a Franco del poder. Con 76 años, tres años antes de morir en 1988 en Caracas, escribió en sus memorias: «Yo anhelaba justicia. De la maraña de fantasías e ideas confusas que llenaban mi mente, empezó a tomar forma lentamente un plan: hacer algo, algo práctico, mi aportación al bien de la humanidad».

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