Fue uno de los pilotos del histórico vuelo del dirigible Graf Zeppelin en 1928. Siete años después creó el traje espacial. Cuando pisó la Luna, Neil Amstrong llevaba uno inspirado en su creación. A. P.

• ¿Quién fue el último en pisar la Luna?

Granadino, de 1879, estudió Ingeniería y muy pronto se sintió atraído por la aeronáutica incipiente. Así que, al licenciarse como teniente en 1903, solicitó el traslado a la Escuela de Aerostación de Guadalajara. En la Guerra de África se convirtió en piloto de dirigibles y en 1914 acaparó las portadas de toda Europa al ser el primero en sobrevolar el Estrecho de Gibraltar en avión. Gentilhombre de cámara de Alfonso XIII, era amigo personal del monarca, pero sobre todo un ingeniero muy preparado y un inventor genial. Tras colaborar con Juan de la Cierva en la invención del autogiro, el antecedente de los helicópteros, participó en el Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, inaugurado en 1921 y dotado de uno de los túneles de viento más modernos del mundo.

Lo que más le interesaba era el vuelo estratosférico y la conquista del espacio exterior. Su proyecto de mayor envergadura fue la ascensión en globo a 26.000 metros de altura, algo que nadie había hecho hasta entonces. Una vez alcanzada la estratosfera, se proponía efectuar mediciones para el estudio de la radiación cósmica.

La misión era ambiciosísima y también muy peligrosa. En 1928, la ascensión a 11.000 metros se había cobrado las vidas del comandante Benito Mola y los demás tripulantes del Hispania, privados de oxígeno en la barquilla de su aeronave. En 1935, Herrera resolvió el problema mediante la invención del primer traje espacial. La escafandra estratonáutica estaba equipada con micrófono, aparatos de control y un sistema de respiración antivapor, y soportaba la presión espacial. Corría 1936, y el enorme globo y la escafandra estratonáutica estaban a punto de emprender la ascensión cuando el estallido de la Guerra Civil puso punto final al proyecto de vuelo. Aunque monárquico devoto, Herrera había jurado fidelidad a la República y se desempeñó como director técnico de la aviación republicana. Exiliado en Francia tras el final de la contienda, Herrera siguió con sus investigaciones y él y su mujer vivieron de sus patentes y fue amigo personal de Albert Einstein. Murió en Ginebra en 1967, sin que sus méritos llegasen a ser reconocidos en España. Sí que obtuvo el reconocimiento internacional.

En los años sesenta, la NASA se basó en su escafandra para la fabricación de los trajes espaciales. Como homenaje a Herrera, el mismísimo Neil Armstrong entregó una piedra lunar a Manuel Casajust, antiguo ayudante del granadino universal.