Documentar el deshielo de los polos es vital para el futuro del planeta. Y la NASA se ha puesto a ello con la misión icebridge. Lo hacen por el medioambiente, pero la Antártida también es una región que esconde grandes secretos geoestratégicos bajo su hielo. Se lo contamos. Por Ixone Díaz Landaluce

Una herida profunda y alargada atravesaba el infinito manto blanco perdiéndose en el horizonte. La imagen era sobrecogedora, tanto por su apabullante belleza como por la preocupante realidad que documentaba. Hace un año, la operación IceBridge, de la NASA lograba fotografiar una enorme grieta de 200 kilómetros de longitud en el segmento Larsen C, en la Antártida occidental. Parecía un enorme pastel de merengue a punto de ser cortado y servido. Y el pasado mes de julio, el bloque de hielo se desgajaba definitivamente. El iceberg resultante (ahora denominado A68) es uno de los más grandes del mundo, con una superficie de 5800 kilómetros cuadrados, equivalente a diez veces la ciudad de Madrid. Las imágenes dieron la vuelta al mundo.

La enorme grieta Larsen C, en la Antártida occidental, fue fotografiada por primera vez por la NASA

Aunque existe cierto debate en la comunidad científica sobre los motivos del fenómeno y algunos especialistas defienden que podría deberse a causas naturales, otros expertos de la NASA, como el famoso glaciólogo Eric Rignot, están convencidos de que la ruptura del Larsen C es producto del cambio climático. De cualquiera de las maneras, el espectacular evento es solo un ejemplo más de la decadencia del hielo en los polos, que el año pasado registraron mínimos históricos de superficie de hielo marino. Por esa razón, documentar el estado del hielo (y el avance del deshielo) se ha convertido en una misión de vital importancia para pronosticar el futuro de las regiones polares y prever las consecuencias del calentamiento global.

De eso se encarga la NASA desde 2003. Aquel año, la agencia espacial americana puso en funcionamiento el satélite ICESat, que empezó a orbitar la Tierra de norte a sur para medir las masas de hielo en ambos polos, pero también para estudiar las características de las nubes o de la vegetación en diferentes zonas del planeta. Seis años después, una avería dejó el satélite fuera de servicio a la espera de que una nueva versión (el ICESat-2) retome su misión este mismo año.

Una hora de vuelo cuesta entre 10.000 y 15.000 dólares. Se programan con precisión milimétrica

Este tipo de satélites son capaces de observar los polos a una distancia de unos 585 kilómetros. Sin embargo, la tarea de monitorizar el deshielo requiere mirar el fenómeno más de cerca. Por eso, en 2009 la NASA inauguró un nuevo programa de vuelos sobre las regiones polares para examinar periódicamente el estado de sus casquetes.

Mirar de cerca

La operación IceBridge coordina varios vuelos anuales tanto en el polo norte como en el sur. Con una duración de entre ocho y doce horas, recorren más de 2500 millas aéreas. Mientras los satélites pueden analizar áreas mucho más grandes y realizar mediciones de manera constante, la gran ventaja de IceBridge es que sus vuelos permiten transportar más instrumentos de medición y concentrarse en aquellos puntos de mayor interés científico.

deshielo de los polos, cambio climatico

La operación, que se coordina desde el Space Flight Center de la NASA en Maryland, cuenta con una flota de cinco aviones. Entre ellos se encuentra el P-3 Orion, una pequeña reliquia que se utilizaba para controlar los submarinos nucleares rusos durante la Guerra Fría

Para evaluar la evolución de las grandes masas de hielo, los vuelos siempre siguen las mismas rutas y deben hacerlo, además, con una precisión casi milimétrica. Cada misión se planea meticulosamente, prestando especial atención a las condiciones meteorológicas, que a menudo frustran los planes de vuelo. Según revelaba recientemente el diario The Guardian en un reportaje, una sola hora de vuelo cuesta entre 10.000 y 15.000 dólares.

deshielo de los polos, cambio climatico

Durante el vuelo suelen viajar más de 30 personas, entre pilotos, mecánicos, ingenieros, técnicos, glaciólogos y otros científicos. Mantienen una altitud media de unos 450 metros, aunque en ocasiones bajan hasta los 30 metros

Cada uno de estos vuelos genera una cantidad ingente de datos. Y la información tiene aplicaciones muy diferentes. La primera de todas es documentar el deshielo de los polos, producto del cambio climático, que está produciendo un aumento de la temperatura del aire, pero también del agua que baña el hielo marino. Los datos de IceBridge también sirven para entender a qué velocidad se está produciendo ese deshielo y para calcular cuáles serán sus consecuencias a medio y largo plazo. Algunas ya las sabemos. Los científicos han demostrado que en los últimos 2000 años el nivel de los mares había sido más o menos constante. Sin embargo, esa tendencia cambió hace aproximadamente un siglo, cuando el nivel del mar empezó a subir a un ritmo constante. En los últimos 25 años, el aumento del nivel del mar se ha acelerado hasta alcanzar los 3,4 milímetros anuales. Pero lo más alarmante no son las estadísticas históricas, sino las previsiones. Algunas estimaciones prevén que, a finales de siglo, el nivel del mar habrá crecido 0,9 metros, poniendo en peligro ciudades enteras, infraestructuras y la vida de millones de personas. Muchas islas remotas se dan ya por desahuciadas.

Barriles ocultos

Pero también hay muchos intereses geoestratégicos sepultados bajo el hielo. Por esa razón, la Antártida -una región sin gobierno ni población autóctona- se ha convertido en el nuevo Santo Grial para las grandes potencias mundiales. Siete países reclaman partes de su territorio, como reconoce el Tratado Antártico. Firmado en 1959 y ratificado por más de 50 países, el acuerdo prohíbe la actividad militar y la explotación minera en la región, aunque algunos países cuentan con presencia de sus ejércitos en las más de 60 bases científicas construidas en todo el territorio. Además, el tratado se revisará en 2048. Y quizá por eso todo el mundo quiere saber qué hay exactamente debajo de tanto hielo.

deshielo de los polos, cambio climatico

Llevan altímetros láser para medir la elevación de la superficie helada, un sistema cartográfico digital para crear mapas topográficos, varios radares y un magnetómetro y un gravímetro que controlan científicos de Columbia

Los científicos creen que podría haber grandes cantidades de gas natural y, sobre todo, de petróleo. Algunas estimaciones hablan de hasta 200.000 millones de barriles. Hoy por hoy, extraer esos recursos supondría un elevadísimo gasto que haría inviable su explotación, pero conocer dónde están tiene un valor estratégico incalculable.

deshielo de los polos, cambio climatico

La misión IceBridge no solo investigaba el cambio climático. Ha descubierto un enorme cañón de 750 km en Groenlandia y localizado con precisión grandes masas de hielo prehistórico de 100.000 años de antigüedad

Oficialmente, esta no es la misión de IceBridge, pero no resulta del todo descabellado pensar que los datos extraídos de estos vuelos de la NASA formen parte de esa lucrativa búsqueda en la que compiten los países más poderosos.

Bajo la Antártida hay grandes cantidades de gas y petróleo. Siete países reclaman parte de su territorio

Mientras tanto, IceBridge también hace una importante labor pedagógica y divulgativa. Sobre todo, frente a los negacionistas del calentamiento global, como el propio presidente de Estados Unidos. La Administración Trump sigue dándole la espalda al calentamiento global y en 2017 abandonó oficialmente el Acuerdo de París. Trump también ha amenazado con recortar todas las misiones de la NASA relacionadas con el cambio climático. Entre ellas, la operación IceBridge. Mientras tanto, el deshielo de los polos sigue su curso… Y el iceberg A68 ya flota solo a la deriva en el mar de Weddel.

PARA SABER MÁS

Ice Brigde: Página oficial de la NASA sobre Ice Bridge

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