Un archipiélago sobre plástico

Indonesia es el país que más desechos sintéticos tira al mar, después de China: 3,2 millones de toneladas al año. El drama ha llegado a tal punto que ha desatado un movimiento popular. Por Aude Raux/ Fotografías:Laurent Weyl

Armados de guantes y vestidos con una camiseta amarilla con la frase «I’m a trash hero», una veintena de voluntarios se da cita en la playa turística de Padang Galak, en Bali (Indonesia). Su misión: impedir que los botes de plástico de la arena se hundan en el mar. Sita -de 34 años y profesora de inglés- hace equipo con su hija, su madre y su tía. Son tres generaciones de Trash Heroes, un movimiento internacional que coordina a voluntarios de todo el mundo. Pero a los turistas no es a los únicos a los que molesta esta contaminación, a la que, por cierto, también contribuyen.

En medio de volutas de incienso, Undung -nacido en Bali hace 42 años- reza para tener una buena pesca. Undung empuja su barca de colores por la arena de la playa de Kedonganan hacia las olas del océano Índico para empezar su jornada. Pero lo que saca con sus redes son solo desechos. «Durante la época de las lluvias, entre diciembre y febrero, ni siquiera logré izar las redes por lo llenas que estaban de plástico. Pescamos cada vez menos peces y más detritus».

En todo el archipiélago

Indonesia es el país que más desechos plásticos tira al océano, después de China. Esta nación, la cuarta más poblada del planeta, con 265 millones de habitantes, lanza ocho millones de toneladas al mar cada año: un contenedor por minuto.

Indonesia se ha comprometido a reducir en un 70 por ciento estos desechos de aquí a 2025, y las iniciativas ciudadanas se multiplican. Una de las más conocidas es Bye Bye Plastic Bags, una asociación creada, en 2013, por Isabel y Melati Wijsen, dos hermanas adolescentes neerlando-balinesas. Estas dos niñas comenzaron a recoger plásticos en la playa de Seseh. Pronto sumaron a su causa a numerosos jóvenes para organizar limpiezas multitudinarias. Y a continuación lanzaron una petición on-line para que se prohibieran las bolsas de plástico.

Fascinado por su determinación, el gobernador de Bali las recibió y se comprometió a prohibir las bolsas a finales de año. La fama de las dos hermanas traspasa fronteras: 1,3 millones de personas han visto su conferencia TED y las invitan a contar su historia en el mundo entero.

Nos encontramos con ellas a la salida de clase. «Los que tenemos menos de 14 años -dicen- quizá solo representemos el 25 por ciento de la población mundial, pero somos el cien por cien del futuro», antes de precisar: «Cambiar la mentalidad de los niños es más fácil que cambiar los hábitos de los adultos». Cuando llegamos a las promesas del gobernador de Bali, su tono se vuelve más combativo: «Bastaría con una ley para prohibir las bolsas de un solo uso e imponer, por ejemplo, las de maya de algodón reutilizables. ¿Para eso necesita tanto tiempo? Es frustrante».

En el año 2050, la masa de plástico de los océanos pesará más que los peces

Lo que está en juego es vital y urgente: cerca de la mitad de la población mundial depende de los océanos para su subsistencia, y el pescado es uno de los alimentos de mayor comercio a escala planetaria. Gede Hendrawan es muy consciente de ello. Es el director del Grupo de Investigación sobre el Medioambiente Marino de la Universidad de Udayana y lleva a cabo, desde 2014, un análisis de la contaminación plástica. Los resultados son escalofriantes. «El 80 por ciento de los detritus recolectados en las costas de Bali están compuestos de materia plástica y el 50 por ciento de ellos miden menos de 0,2 milímetros. Los rayos ultravioletas y la sal marina los convierten en nanopartículas que luego los peces ingieren. Hemos hallado entre 5 y 20 trozos de plástico en todas las sardinellas analizadas (una especie de peces muy extendida en la zona) -dice con preocupación-. Al final comeremos el plástico que tiramos a los océanos. Lo que puede ser nefasto para la salud humana». La Fundación Ellen MacArthur, por su parte, advierte: «Si las cosas siguen así, en 2050 la masa de plástico de los océanos pesará más que la de los peces».

El principal problema en Indonesia es la ausencia de un sistema de tratamiento de las basuras digno de ese nombre. En las zonas urbanas, solo se recoge el 70 por ciento; y en las zonas rurales, el 40. Unos personajes inseparables de los basureros a cielo abierto de Bali son los traperos, llamados pemulung (hay unos dos millones en Indonesia). Son el primer eslabón de la cadena de este reciclaje improvisado. En medio de un olor pestilente, bajo el calor húmedo y rodeados de nubes de moscas, seleccionan la basura. Una materia prima que venden a intermediarios.

Nos dirigimos al Citarum, el río más contaminado del mundo. Como una cicatriz de 300 kilómetros, recorre la isla de Java acarreando toneladas de inmundicias. Preocupados por la situación, Gary Bencheghib, de 22 años, y su hermano Sam, de 20, dos franceses que viven en Indonesia desde niños, recorrieron en barca el Citarum durante 15 días el año pasado. Su embarcación: dos kayaks fabricados con botellas de plástico. «En ciertos lugares del río había tantos residuos flotando que nos impedían avanzar», dice Gary. Grabaron vídeos que subieron a la página de Internet y a la de Facebook de su asociación, Make a Change World.

«Los jóvenes pueden cambiar el mundo en el que van a vivir», opina Indra Darmawan, al que los habitantes ribereños llaman No Plastic Man. Su campaña contra los polímeros ha logrado que el presidente de Indonesia, Joko Widodo, en diciembre se comprometiera a «convertir en potable el agua del río de aquí a 2025». Este invierno, 4400 militares se desplegaron para un trabajo titánico que implica no solo al Gobierno nacional, también a la industria y hasta a los pemulungs. Cada uno hace su parte.

Convertir el plástico en moneda

Indra Darmawan comenzó a recolectar el plástico que cubre el río Citarum hace 17 años. Pero era como querer vaciar el océano a cucharadas. Por eso fundó una cooperativa que reúne a 58 pemulungs. A bordo de barcas, estos pescadores atrapan con las manos desnudas la especie invasora. «Si los habitantes de la ribera toman conciencia del valor económico de este material, ya no lo tirarán al río», dice Indra Darmawan. Por toda Indonesia se ha creado una red de bancos de residuos. Las madres de familia truecan los plásticos por dinero, en la mayoría de los casos, pero también por arroz, electricidad o incluso por cuidados médicos. Es una de las pocas tablas de salvación para un país que se ahoga en plástico.

PARA SABER MÁS

International Solid Waste Association, asociación para el estudio de residuos sólidos.

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