Pescadores y científicos se han unido para conseguir casi un imposible: salvar los huevos de las hembras de tiburón que llegan muertas a puerto. Es una iniciativa del Oceanogràfic de Valencia, la más exitosa de Europa, en su esfuerzo por preservar un ecosistema cada día más amenazado. Por Carlos Manuel Sánchez / Fotos: Vicent Renovell

El sorprendente comportamiento de los tiburones

Cuando los pescadores de las cofradías valencianas desembarcan a una hembra de tiburón preñada, con los embriones todavía viables en su vientre aunque haya muerto, o huevos sueltos de tiburones y rayas que se han enganchado a sus redes, llaman a los biólogos marinos del Oceanogràfic de Valencia. Misión: salvar a los bebés.

Es una carrera contrarreloj. «Recogemos los huevos o las hembras preñadas en el puerto y los trasladamos a toda prisa a nuestras instalaciones», relata José Luis Crespo, veterinario del Oceanogràfic. «Los huevos se extraen de los úteros y se colocan en acuarios con diferentes condiciones de luz, temperatura y salinidad para recrear el hábitat del fondo marino. Pues se trata de tiburones de fondo, sobre todo pintarrojas. Y se mantienen entre tres y seis meses en este entorno controlado. Es la fase de incubadora», explica.

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Los huevos de tiburón no se parecen a los de una gallina. Cuando los embriones son muy pequeños, son como bolsitas de té. Y luego van creciendo y se convierten en unas cápsulas aplanadas y translúcidas. Se puede ver al tiburoncito creciendo en su interior, moviendo la cola, boqueando para respirar…

Los huevos parecen más bien unas cápsulas planas donde el bebé está plegado sobre sí mismo. Y como son translúcidos, es posible ver su silueta y sus movimientos. Si la gestación termina con éxito y los huevos eclosionan, los tiburoncitos recién nacidos, que miden unos diez centímetros, se trasladan a los tanques de cuarentena, donde serán alimentados durante varias semanas. Hay un momento crítico: cuando empiezan a comer. Entonces se ve si el animal podrá valerse por su cuenta. Cuando los científicos consideran que está preparado para desenvolverse por sí mismo, llega el momento de devolverlo a su medio. «Y cerrar así un ciclo que quedó interrumpido por la intervención humana. Es una obligación moral», añade Crespo.

Los tiburones son parte del planeta desde antes que los dinosaurios. Hoy los humanos matamos a unos cien millones de ejemplares al año

Liberarlos en el mar es otro momento delicado. En la suelta participan buceadores que llevan a los alevines hasta una profundidad adecuada para que no caigan en las fauces de un pez más grande. Y como el hábitat de otra subespecie (el bocanegra) es aún más profundo y está fuera del alcance de los buzos, el Oceanogràfic ha diseñado un cofre que los puede transportar en un ROV (vehículo operado remotamente) hasta más de 200 metros.

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Uno de los tiburones bebé en la incubadora de Valencia.

EL RIESGO DE DESEQUILIBRAR EL SISTEMA

¿Pero por qué tanto esfuerzo por salvar a un pez tan temido? «Porque es un drama que desaparezcan. Están en la parte superior de la cadena alimenticia y desempeñan un rol muy importante. Eliminarlos no solo es una pérdida de biodiversidad, sino que también desequilibra al resto de especies. Esos tiburones forman parte de un ecosistema que ha evolucionado durante millones de años. No sabemos las consecuencias de quitar una pieza». Y no hay que olvidar que los humanos matamos a unos cien millones de tiburones al año.

¿No estaría el mar más tranquilo sin ellos? «No. No suponen ningún peligro. El pintarroja desde luego que no. Y los grandotes tampoco. El porcentaje de muertes por tiburón en todo el mundo es insignificante. Es más probable que te caiga un rayo», asegura Crespo. En cuanto a los tiburones que aparecen ocasionalmente en las playas españolas, suelen ser tintoreras. «Se acercan a la costa si están enfermas, o si se han escapado de un palangre y tienen hemorragias internas por los anzuelos. Y se asustan cuando nos ven. Tenemos más o menos su tamaño. Hay falsos ataques atribuidos a tintoreras, pero que en realidad son obra de peces más voraces, como el dorado (o llampuga), que te confunde con una presa y te tira un mordisco, pero ya está», explica.

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Medición de un ejemplar

En lo que todos en el Oceanogràfic coinciden es en que los tiburones son unos animales fascinantes. «Existieron antes que los dinosaurios, pero no dejan de sorprendernos», indica el conservador Mario Roche.

LA IMPORTANCIA DE DERRIBAR MITOS

La idea de la incubadora surgió en Malta, donde los investigadores extraen huevos de hembras compradas en las lonjas locales. Pablo García, biólogo en la Fundación Oceanogràfic, tomó nota. Y se propuso aplicarlo a los descartes de pesca. Diariamente se pescan miles de tiburones, algunos se venden, pero muchos no son de especies comerciales. Caen accidentalmente en las redes de arrastre como los delfines. Y mueren antes o después de ser clasificados en cubierta. Antes se arrojaban al mar. Una ley europea obliga desde enero a llevar todos los peces capturados a puerto.

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«Se tiran miles de toneladas al día porque el consumidor solo come los pescados a los que está acostumbrado», comenta Crespo. La nueva normativa trata de que no se desperdicie tanta proteína. Hay más de mil especies de pescados comestibles, pero al final generalmente acabamos comiendo las treinta de siempre que nos ofrecen los supermercados.

“Es más fácil que te caiga un rayo a que te ataque un tiburón. No suponen un peligro”, dice un veterinario del Oceanogràphic

Entre los grandes perdedores de un sistema que trata al océano como si fuera una despensa inagotable están los elasmobranquios: tiburones y rayas. En especial, los tiburones de fondo, muchos de ellos condenados a morir antes incluso de haber nacido. La iniciativa del Oceanogràfic es pionera en España y la más exitosa de Europa. Y une los esfuerzos de científicos y pescadores «Colaboramos desde hace años con ellos, aunque a veces se les demoniza», reconoce Crespo. Es un esfuerzo simbólico. Pero el objetivo es concienciar a la sociedad. Por eso también colaboran clubes de buceo y colegios. «Somos conscientes de que soltar unos pocos animales, de momento algo más de un centenar, no supone una gran diferencia; pero si cada suelta sirve para que niños y adultos se familiaricen con los tiburones, iremos derribando mitos».

PARA SABER MÁS

La Fundación Oceanogràfic impulsa proyectos como el hospital de tortugas y animales marinos, el salvamento de delfines varados y la mayor incubadora de Europa de tiburones bebé.

Foto de apertura: Este tiburón fue rescatado del vientre de su madre muerta. Tras pasar por una ‘incubadora’, los buceadores llevan al tiburón juvenil hasta cierta profundidad para soltarlo. En la superficie sería presa fácil para cualquier depredador.

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