Cuando al doctor Peter Scott-Morgan le diagnosticaron enfermedad de la neurona motora, le auguraron tres años de vida. Pero, siendo él una autoridad mundial en robótica e inteligencia artificial, se planteó una solución revolucionaria…  Por Ben Machell / Fotografía: Tom Jackson

A finales de 2016, el doctor Peter Scott-Morgan notó algo raro en los dedos de los pies. No conseguía doblarlos. Mejor dicho, no lograba flexionarlos cuando quería. El doctor, entonces de 58 años, lo achacó a un problema muscular y siguió con su vida en Torquay, una ciudad en la costa de Inglaterra.

Siete días después, al salir de la bañera, fue incapaz de sacudirse el agua del pie. No respondía a sus órdenes. Era raro. «Como cuando las pilas del mando a distancia de la tele empiezan a agotarse –cuenta–. El mando a veces funciona. Pero otras no».

El científico que se transformó en cíborg para no morir 2

Peter, de 61 años en la sofisticada silla de ruedas que usa, en su casa. El año próximo se estrenará un documental sobre su caso titulado ‘The human Guinea pig’, ‘El conejillo de Indias humano’.

La cosa fue a peor. Empezó a cojear. No conseguía agarrar bien los objetos con las manos. No sentía hormigueos, pero tenía problemas para que su cuerpo hiciera lo que le ordenaba. Se hizo análisis de sangre, resonancias, punciones lumbares… Hasta que le diagnosticaron enfermedad de la neurona motora (ENM). Es decir, por razones que siguen sin estar claras, ciertas células nerviosas de su cerebro y de la médula espinal estaban dejando de funcionar. El doctor sabía que de forma gradual –pero inexorable– iba a perder la capacidad de andar, conversar, hablar, tragar, respirar. Terminaría por vivir encerrado en sí mismo, incapaz de mover una sola parte del cuerpo, con la excepción de sus ojos. La mayoría de los pacientes muere antes de que pasen tres años.

Sin embargo, el día que a nuestro hombre le dieron el diagnóstico sintió alivio. Llevaba meses investigando la posible causa de su deterioro y sabía bien que la ENM era una candidata. Licenciado en Informática, con un máster en inteligencia artificial y un doctorado en robótica, se dijo que la cosa no tenía por qué ser tan horrorosa. «Ojo, está claro que no deseas este mal a nadie. Pero no sufres dolores. Puedes vivir si es lo que quieres».

No es un chiflado ni un iluso. cuenta con un equipo internacional de científicos e ingenieros de grandes multinacionales que lo ayudan

Scott-Morgan estaba convencido de que podría llevar una existencia cómoda durante un par de décadas más. Pero, para ello, tenía que hacer algo: convertirse en el primer cíborg de la historia. Y ya tenía un plan. Scott-Morgan tiene un aspecto frágil y habla con lentitud. Después de esta entrevista se sometió a una operación que le ha hecho perder la voz por completo.

No hay que tomarse a broma su intención de convertirse en el primer cíborg del mundo. No es un chiflado o un iluso desesperado. Sabe lo que quiere… y cuenta con la ayuda de un equipo internacional de científicos, ingenieros, artistas e investigadores que trabajan para multinacionales como Microsoft, Intel, Dell, DXC y Accenture.

El conejillo de indias humano

Para sobrevivir, tiene pensado recurrir a la inteligencia artificial, la realidad virtual, los exoesqueletos y, llegado el momento, a la capacidad de existir de manera completamente exterior al cuerpo físico.

El minucioso plan que trazó cuando le hicieron el diagnóstico comenzó a ponerlo en práctica el año pasado. Arrancó con una intervención experimental… y peligrosa. Al hablar de la ENM, los médicos trataron de consolarlo diciéndole que quizá conservara la continencia. «Me lo dijeron como algo positivo», apunta riendo. La capacidad de mantenerse continente es estupenda… siempre que puedas ir al baño cuando lo necesites. Pero él no puede. Los médicos le sugirieron que recurriese a la ayuda de cuidadores. «Todo ello me daba repelús. Así que me dije que el problema no era médico, sino de ingeniería. Necesitaba renovar la fontanería, por así decirlo».

Se ha sometido voluntariamente a una operación que le ha hecho perder el habla. Así ha evitado que sus problemas de deglución le acorten la vida. Ahora habla a través de un ordenador

¿Su solución? Pedir que le hicieran tres intervenciones en una: una colonoscopia para los intestinos, un catéter para la vejiga y una sonda gastronasal directa al estómago. Si conseguía que le hicieran semejante intervención, nunca más tendría que usar un retrete. O, ya puestos, nunca más tendría que comer. ‘Pintaban bastos’ a la hora de encontrar a alguien dispuesto a operar así un conducto digestivo sano y que asumiera el riesgo de hacerlo a una persona con ENM. Pero lo encontró y le realizaron la ‘tripleoscopia’. «Lo de ‘tripleoscopia’ fue una palabreja que inventé para que sonara importante», bromea.

Una vez reajustadas las cañerías, ya podía convertirse en cíborg. En octubre se sometió voluntariamente a una laringectomía. Según me explicó durante la entrevista previa, los pacientes de ENM suelen morirse porque son incapaces de comer o de respirar. El tubo gastronasal elimina el primer riesgo, pero su capacidad pulmonar ya había bajado al 35 por ciento y continuaba en descenso. En ausencia de «una ventilación invasiva», iba a morir pronto. «Es casi seguro que no sobreviva al invierno», me dijo. En casos similares, los médicos suelen practicar una traqueotomía y pertrechar al paciente con un aparato que facilita la liberación de las flemas pulmonares. «Investigué un poco y vi que la traqueotomía puede mantenerte vivo unos años. ‘¿Y por qué no unas décadas?’, me dije. Pues porque, una vez hecha la traqueotomía, lo que te mata es una hebra de comida o una gota de saliva que entra en los pulmones. Es lo que llaman ‘una aspiración’. Un elemento cálido y húmedo se aloja en el pulmón, los nutrientes crecen en él y al final pillas una neumonía».

El hecho de que el esófago (tubo que conduce al estómago) y la tráquea (tubo que lleva a los pulmones) estén conectados es «otra muestra de la ingeniería chapucera» del cuerpo humano. Pero Peter descubrió que podía haber una solución: a los pacientes de cáncer de garganta a veces les hacen una laringectomía para separar el esófago de la tráquea. ¡Bingo! Así ningún elemento extraño llegaría a sus pulmones. Ahora, la idea tenía un fallo: ya no podría hablar… a no ser que lo hiciera de forma digital.

“Me hablaréis, pero os estaréis dirigiendo a la inteligencia artificial que controla mi avatar, Ese será mi auténtico yo”

¿Cómo? La respuesta está en la inteligencia artificial. A comienzos de 2019, Scott-Morgan convenció a grandes tecnológicas –Microsoft, Dell– de que iba a ser el perfecto conejillo de Indias para convertirse en cíborg. Este trabajo coordinado ha facilitado el desarrollo de un sistema que le permitirá –a él y a los que son como él– comunicarse con los demás seres humanos. Para entender su funcionamiento, vale la pena recordar cómo hablaba Stephen Hawking. Por medio de un sensor óptico, Hawking se las arreglaba para construir frases que transmitía un sintetizador de voz a continuación. El proceso era preciso, pero lento. Lo que nuestro doctor ha ideado y otros están construyéndole es muy diferente. En lugar de usar sus ojos para construir frases, un sistema de inteligencia artificial presentará a Peter un listado de respuestas que él podrá escoger y emplear. «Cuando alguien me hable, la inteligencia artificial escuchará lo que me dice y, a continuación, me propondrá distintas opciones: ‘¡Es estupendo volver a verte!’, ‘¿cómo ha ido el viaje?’, ‘no has cambiado nada’, etcétera. Me bastará con un par de segundos para embarcarme en una conversación».

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El científico cuando era CEO de una empresa de robótica en 1983. Hijo de un prestigioso ingeniero británico, tuvo una educación privilegiada, pero su familia lo repudió cuando, a los 20 años, les dijo que era homosexual. Cuenta que aquello definió su determinación para superar inconvenientes.

Y, como se trata de inteligencia artificial, el sistema aprenderá por sí mismo. A medida que Scott-Morgan converse, la inteligencia artificial irá afinando sus opciones. Hace unos meses, Peter dedicó más de 60 horas a la grabación de palabras que ahora pueden ser ensambladas para generar frases fluidas. Y a diferencia de la voz metálica de Hawking, la de Scott-Morgan estará cargada de emoción. Las nuevas tecnologías de traducción instantánea facilitarán, además, que pueda responder en cualquier idioma. «¡Podré soltar palabrotas en cualquier lengua del mundo! –se entusiasma–. ¡Mierda! Merde!  ¡Es fantástico!».

El lugar indicado en el momento adecuado

Por último, una pantalla nos permitirá ver un avatar fotográfico de su rostro. Un avatar realista. El dispositivo está siendo desarrollado por el mismo equipo que duplicó digitalmente la faz de Carrie Fisher para la película de La guerra de las galaxias posterior a su fallecimiento. Este rostro pronunciará las palabras de Scott-Morgan, pero también reirá, hará muecas, sonreirá, según indique él mismo… o el sistema de inteligencia artificial; en mayor medida lo hará este último según vaya pasando el tiempo.

“He tenido la suerte de ponerme enfermo justo ahora, cuando la capacidad de procesamiento informático aumenta de forma exponencial cada año ¡Voy a salir del agujero!

En su condición de cíborg, Peter se enfrentará a complejas cuestiones filosóficas. «Me hablaréis, pero os estaréis dirigiendo a la inteligencia artificial que controla el avatar. Ese será mi auténtico yo. La persona que seré. Tampoco voy a convertirme en un juego de ordenador. A pesar de todas las limitaciones, el auténtico Peter 2.0 seré yo mismo».

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Scott-Morgan con su marido, Francis, quien -dice el científico- es su mayor apoyo, pero también el que más sufre por todo su proceso degenerativo.

Es un hecho que la tecnología necesaria para desarrollar su proyecto de convertirse en cíborg no existía hace tan solo unos pocos años. «He tenido la suerte de ponerme enfermo ahora y no antes. Estoy en el lugar indicado y en el momento adecuado». Aunque nuestro hombre rebosa entusiasmo por la tecnología, no por ello deja de entristecerse. «En mi cerebro se dan dos emociones simultáneas, que no pueden ser más opuestas. No dejo de pensar en cómo será eso de vivir por completo encerrado en mí mismo, una perspectiva aterradora. Cuando pienso en eso, redoblo mis esfuerzos por encontrar soluciones que me ayuden a salir adelante». La capacidad de procesamiento informático aumenta de forma exponencial cada año. Es posible que exoesqueletos que actualmente están en fase de prototipo pronto le permitan estar de pie. «Habrá momentos en los que me sentiré hundido. Pero también seré consciente de que cada vez la inteligencia artificial será mejor. Todo irá a mejor. Tengo mucha suerte, y no ceso de recordármelo. Voy a salir del agujero».

“No dejo de pensar cómo será vivir completamente encerrado en mí mismo. La perspectiva es aterradora, pero hace que redoble mi esfuerzo en encontrar soluciones”

Todas estas investigaciones van más allá de su enfermedad en particular. Con el tiempo, todos vamos a envejecer y encontrarnos inmovilizados. Haríamos bien en tener presente que, llegado el momento, su solución puede sernos útil de forma directa.

«Podemos imaginar la liberación que supondrá pasar la mayor parte del tiempo en una realidad virtual. Una realidad virtual de maravillosa calidad, ojo. Lo que sentiré cuando pueda volver a caminar. O volar. Y usted también. Podremos explorar universos que no existen. Esto es algo para todos. Yo sencillamente tendré la suerte de ser el primero en visitar algunos de esos lugares –concluye con una sonrisa–. Usted mismo los visitará más adelante»

Para saber más

Página oficial del doctor Peter Scott Morgan

El científico que se transformó en cíborg para no morir

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