La sangre de este australiano, que lleva 60 años donándola, ha salvado la vida a 2,4 millones de bebés. Por Fernando Goitia / Foto: Caters News / Contacto

Ahí va una cifra: 1173. Son las veces que James Harrison, un australiano de 83 años, ha donado sangre. Su aprensión a las agujas no le ha impedido salvar a más de 2,4 millones de niños desde que, en 1954, realizó su primera donación. Tenía 18 años y cumplía así la promesa que se hizo tras superar, con 14, una operación que requirió la transfusión de 13 litros. Por aquel entonces, él ignoraba que la suya no era una sangre cualquiera.

A partir de su plasma se creó una vacuna infalible

Lo supo poco después, cuando los médicos vieron que en ella ‘nadaba’ un vigoroso anticuerpo: la inmunoglobulina RHo (D). Partiendo de su plasma, se creó la vacuna Anti-D, arma definitiva contra la enfermedad hemolítica del recién nacido, dolencia en que la sangre de la madre produce anticuerpos que atacan a su bebé. Ahora, debido a su edad, los médicos le han prohibido seguir poniendo su sangre al servicio de la humanidad.

Foto principal: Harrison el día de su última donación –por prescripción médica debido a su edad: 83–, rodeado de madres a cuyos bebés salvó la vida.

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