Aislamiento. Angustia. Esperanza. La prolongada cuarentena por el coronavirus es una experiencia sin precedentes. Estos son los retratos y testimonios de un paĆ­s en estado de alarma. Y de ‘shock’. Texto y fotos: Daniel MĆ©ndez

«La importancia de un abrazo»

Relatos del confinamiento 16

Pedro y Rosa, de 75 y 74 aƱos.

→ EL DƍA A DƍA

Pedro, de 75 años: «Solo somos dos, así que las reservas de comida nos duran mucho. Hicimos la última compra grande hace unas semanas y no hemos vuelto a salir. Yo toco la bandurria y canto en un coro. Ahora, los amigos estamos tocando a distancia. Uno que era bombero ha hecho una canción dedicada a los sanitarios y vamos a grabarla. Todo esto lo vivimos con tranquilidad. La familia estÔ bien, pero algún amigo ya ha muerto. Los domingos comían en casa los hijos y nietos. Ese contacto se echa de menos».

Rosa, de 74 aƱos: Ā«Yo cocino, hago ganchillo, leo… A los nietos los vemos por vĆ­deo. QuĆ© ganas de verlos…Ā».

→ YĀ TRAS LA CUARENTENA

Rosa: Ā«Esto cambia el mundo. Nos harĆ” mĆ”s conscientes de lo importante de no contaminar, de reciclar y de los besos y los abrazos…».


«Seremos mÔs solidarios»

Relatos del confinamiento 9

Rosa y Eduardo con su hija de 6 aƱos.

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Rosa, de 46 años: «Yo trabajo en una empresa de marketing, donde el teletrabajo no existía para nada. La primera semana fue algo caótica. Ahora, ya no. Pero nos turnamos para estar con nuestra hija, de 6 años, así que nuestra jornada laboral se alarga mucho: de ocho a ocho».

Eduardo, de 46 años: «La niña lo lleva muy bien, mejor que nosotros. Pero, claro, se aburre. Se le acaban las ideas y no sabe qué hacer. ”Y a nosotros! Cuesta sacar ratos largos de concentración, pero lo conseguimos. Y eso que yo estoy muy acostumbrado a teletrabajar».

→ ĀæQUƉ HEMOS APRENDIDO?

Eduardo: Ā«Esto va a transformar el mundo, en algunas cosas para mal. La crisis económica va a ser muy dura. Pero tambiĆ©n para bien. Saldremos mĆ”s solidarios, con mĆ”s conciencia grupal, porque veremos que el egoĆ­smo del ‘sĆ”lvese quien pueda’ no vale en estas situacionesĀ».

Rosa: «Yo no soy tan optimista. El ser humano ha sido golpeado históricamente muchas veces y le cuesta aprender. En unos meses volveremos a ser los mismos».

→ Y TRAS LA CUARENTENA

«Lo primero: dar un buen abrazo y un montón de besos a la gente querida».


«Se caen muchas caretas»

Relatos del confinamiento 10

Luis y Marisol con sus hijas Alicia y Gabriela

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Marisol, de 58 aƱos: Ā«Claro que echo mucho de menos pasear, quedar con mis amigos y mi familia, pero cuando pienso en la gente que vive sola…, para ellos debe de ser mucho mĆ”s duro. Compartir este momento los cuatro estĆ” muy bien; ahora no se me quitan de la cabeza los que tienen que estar combatiendo dĆ­a a dĆ­a contra el virus para que los demĆ”s podamos estar en casaĀ».

Alicia, de 20 años: «Yo estaba de Erasmus en MilÔn desde septiembre. Todo lo que ha pasado aquí ocurrió allí pero un par de semanas antes. El futuro lo veo un poco turbio, la verdad. Estoy muy inquieta».

Gabriela, de 24 aƱos: Ā«Yo trabajo en una consultora internacional. Estoy teletrabajando. Por mi carrera –estudiĆ© IngenierĆ­a Industrial en la PolitĆ©cnica– he pasado muchas Ć©pocas encerrada y saliendo lo mĆ­nimo, asĆ­ que en cierto modo estoy acostumbrada al confinamiento. Me sorprende que, teniendo tan cerca el caso de Italia, no tuviĆ©semos un plan antesĀ».

→ Y TRAS LA CUARENTENA

Luis, de 62 aƱos: Ā«Esta situación harĆ” que se caigan muchas caretas. Tomando cervezas todos somos muy guais, pero en situaciones como esta sale a la luz la realidad de cada uno. Creo que el mundo no volverĆ” a ser como antes, y las repercusiones económicas van a traer una larga cola… Pero no exageremos. Ā”No nos sumirĆ” en una segunda Edad Media!Ā».


 

«Dos vulnerables en casa»

Relatos del confinamiento 12

MarĆ­a JesĆŗs con su madre Luisa y sus dos hijos, Ignacio y Elena

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Luisa, de 83 aƱos: Ā«Yo estoy viviendo esto con cierta normalidad. Tampoco salĆ­a ya mucho, asĆ­ que no he notado gran diferencia. Estoy tranquila. Si tiene que pasar algo, pasarĆ”. Yo soy muy mayor ya. Y este no es el momento mĆ”s difĆ­cil que he vivido. Si comparo los aƱos de la guerra con lo de ahora, pienso: ‘Ā”QuĆ© tiempos tan difĆ­ciles fueron aquellos!’. Ahora no nos falta de nada. Simplemente estamos en casaĀ».

MarĆ­a JesĆŗs, de 54 aƱos: Ā«Yo soy abogada laboralista y estos dĆ­as estĆ”n siendo una locura. Con todo lo que se viene encima, el tejido empresarial necesita soluciones y paso dĆ­a y noche trabajando. En casa tenemos a dos personas en situación de riesgo. Mi madre, que lleva marcapasos desde hace tres meses… Si lo pilla, no lo cuenta. Y mi hija Elena es diabĆ©ticaĀ».

Elena, de 22 aƱos: Ā«Muchas maƱanas me pregunto, ‘Āæde verdad estĆ” pasando todo esto?’. Yo estoy haciendo un doble grado, la universidad no estaba preparada y no habĆ­a clases. Ahora empiezan a ponerse en marcha telemĆ”ticamenteĀ».

Ignacio, de 19 años: «De lo que mÔs ganas tengo es de salir a tomarme una cerveza. Muchas de las cosas que nos parecían importantes han dejado de serlo».

→ Y TRAS LA CUARENTENA

Elena: «”Solo quiero que vuelva la normalidad! Y ver a mi padre, claro. Somos hijos de padres separados, y todo esto te plantea muchos dilemas.


«Estuve muy tocado»

Relatos del confinamiento 14

David Gordo, de 38 aƱos

→ EL DƍA A DƍA

David Gordo, de 38 años: «¿Cómo vivo la cuarentena? Yo estoy solo con mi gato. ”Ahora es mi mejor colega! Y mi acordeón. Soy profesor de conservatorio. La música me permite estar centrado en estas circunstancias. Y también el deporte. Sigo practicÔndolo en casa. Y también sigo con mis clases de conservatorio. Mis alumnos tienen entre 8 y 22 años y se organizan.

Me mandan vĆ­deos y yo les doy indicaciones por escrito o los llamo… Y vamos avanzando. Me estaba preparando para unas oposiciones en junio. Pero no creo que se celebren y, ademĆ”s, estoy muy descentrado.Ā La primera semana estuve muy tocado. Esto parece una pelĆ­cula de Hollywood. Mis padres viven en Vitoria y me planteĆ© reunirme con ellos al principio. No quise ponerlos en riesgo, pero a veces pienso si no hubiese sido mejor ir. Se me parte el alma al pensar lo que tardarĆ© en abrazar a la gente que quieroĀ».

→ ĀæHEMOS APRENDIDO ALGO?

«No creo que desde el dolor y el sufrimiento se cambie a mejor, la verdad».


«Ha explotado el egoísmo humano»

Relatos del confinamiento 13

Eva PƩrez y Marcos MƩndez

→ EL DƍA A DƍA

Eva PĆ©rez, de 50 aƱos: Ā«Yo trabajo en la CompaƱƭa Nacional de Danza, y la semana anterior a que se decretase el estado de alarma, una compaƱera y su pareja tuvieron unas fiebres muy altas. No sabemos si fue coronavirus, pero por si acaso se empezaron a tomar medidas, como alternar los turnos, que el personal administrativo trabajase desde casa… Aun asĆ­, la noticia del confinamiento la recibĆ­ con angustiaĀ».

Marcos MĆ©ndez, de 49 aƱos: Ā«Yo, en cambio, la recibĆ­ con alivio. Llevaba tiempo siguiendo lo que ocurrĆ­a en China; luego, en Italia… Y veĆ­a claro que es lo que habĆ­a que hacerĀ».

→ ĀæHEMOS APRENDIDO ALGO?

Eva: «¿Una lección? Mi reflexión es un poco holística. Creo que el egoísmo humano no podía seguir así y tenía que explotar por algún lado».

Marcos: «”Cuando esto acabe, lo primero que queremos hacer es irnos a practicar senderismo!».


«Hemos repetido errores»

Relatos del confinamiento 15

Giulia con sus hijos Lucas, de 3 aƱos y Bianca, de 1

→ EL DƍA A DƍA

Giulia, de 39 años: «Yo soy italiana y por mi familia y mis amigos supe pronto de la gravedad de la situación. Mucho antes que mis conocidos en España. ”Me tocó hacer mucha pedagogía! Me decían que era una gripe o que, si cerraban sus puestos de trabajo, se irían a sus casas en el campo. ”Alguno lo hizo! No me podía creer que estuviesen reproduciendo los mismos errores que en Italia. Aunque menos que antes, mi pareja sigue saliendo a trabajar. Así que yo paso muchas horas en casa con los pequeños Lucas, de 3 años, y Bianca, de 1. A ellos también les estÔ costando adaptarse. A Lucas le explicamos como podemos lo que estÔ ocurriendo: que hay bichitos que nos ponen malos y por eso no podemos salir a la calle».

→ ĀæHEMOS APRENDIDO ALGO?

Ā«Quiero ser positiva, pero me da miedo que esto transforme el mundo en que vivimos… Y al mismo tiempo me da miedo que nada cambie, que no sirva para darnos cuenta de que la sociedad no puede seguir como hasta ahoraĀ».

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