Los empleados en suecia del gigante turístico TUI se implantan microchips para usarlos como identificación de empresa. ¿Es progreso o invasión de la privacidad? Por E. P. / Fotos: Laura Stevens / Camera Press / Contacto

Al principio, Alexander Huber se tocaba la mano a todas horas. Hoy ni se acuerda de que lo lleva, dice. «Se ha convertido en parte de mi cuerpo». Bajo la piel de su mano izquierda se oculta un microchip, metido dentro de un tubito de cristal del tamaño de un grano de arroz. Es como llevar puesta una central digital de comunicaciones en miniatura.

Huber usa el chip para trabajar. Este sueco de 39 años dirige la filial del turoperador alemán TUI en Estocolmo. Con el microchip puede acceder a las oficinas, activar las impresoras o las máquinas de vending. No tiene más que acercar el dorso de la mano al lector. Huber fue el primer empleado de TUI que se lo implantó. Ahora ya lo llevan 115 de los 500 integrantes de la plantilla; todos ellos, de forma voluntaria.

Se calcula que 5000 suecos tienen un microchip bajo la piel, ya sea para abrir la puerta de casa o para comprar un billete de tren. Pero lo hacen por iniciativa propia. Que una empresa anime a sus empleados a hacerlo es una excepción incluso en Suecia.

Se calcula que 5000 suecos llevan un microchip bajo la piel. Lo usan para el trabajo, viajar o abrir sus casas

Los trabajadores de TUI también usan los implantes fuera de la oficina. Dos cadenas de gimnasios los aceptan ya para facilitar el acceso a sus instalaciones. Y si compran un billete on-line en la compañía sueca de ferrocarriles, solamente tienen que alargar la mano cuando pasa el revisor.

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Lowan Österlund implanta microchips y da conferencias de biohacking, la optimización del cuerpo mediante la tecnología.

¿CÓMO FUNCIONAN ESTOS CHIPS?

Su tecnología es sencilla. Lee los datos mediante la comunicación de campo cercano (near communication field, NFC). Esta tecnología regula el intercambio de datos entre dispositivos próximos no interconectados físicamente, para lo que se usan ondas electromagnéticas. Los implantes de TUI tienen una memoria diminuta: puede almacenar menos de un kilobyte de datos, el equivalente a unos cuantos cientos de letras. El implante cuesta unos 90 euros.

RIESGOS: ¿TE PUEDEN UBICAR Y VIGILAR?

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Los directivos de TUI afirman que no pretenden vigilar a sus empleados. «El implante no lo permite», dicen. Las señales NFC solo tienen un alcance de diez centímetros. Además, el chip no está conectado a Internet y no almacena nada. Un microchip invade menos la privacidad de las personas que un smartphone, aseguran.

LO QUE DICE LA UNIÓN EUROPEA

En 2018, el Parlamento Europeo encargó un amplio estudio sobre «la utilización de implantes de chips en empleados». En sus conclusiones se sostiene que las empresas no pueden obligar a sus empleados a ponérselos y se desaconseja el implante voluntario, debido a la protección de datos: «La tecnología de los chips no es completamente segura», se dice. Los chips pueden ser hackeados, espiados, clonados, desactivados o manipulados, concluye el estudio.

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