¿Te ha tocado a ti recibir a la gente en casa esta vez? Si no quieres perder los nervios y ser el perfecto anfitrión, sigue estos pasos…

Querer hacerlo todo tú mismo

Si pedimos en el mercado que nos corten el queso a nuestro gusto y que nos rellenen el pavo, nos evitaremos nervios de última hora.

Experimentar con los invitados

Nunca los utilices como banco de pruebas. El menú que vayas a preparar debes haberlo ensayado antes varias veces… Y con éxito.

Pasarse en la cantidad

Preparar muchos aperitivos nos llevará excesivo tiempo y, sinceramente, no queda nada chic.

Quedarse corto

La lista es larga y vergonzosa: no tener suficiente bebida, que la gente se quede con hambre, que se acabe el champán antes de las campanadas. Un truco: prevé unos seis vasos por botella.

Hacer las cosas el mismo día

Si la cocina no es lo tuyo, no te decidas por platos que haya que cocinar el mismo día. Mejor un roastbeef que puedes hacer el día anterior que un pavo. Si algo falla, siempre puedes ir a tu tienda de delicatessen y subsanar el desastre.

Los exotismos culinarios

Imponer un capón relleno de yuzú a toda la familia, pretendiendo que es más cool que el relleno clásico. En esa noche se impone el sentido común, reserva las extravagancias culinarias para el postre.

Ir y venir sin parar

Entrar y salir de la cocina durante la velada es molesto para ti y para los demás. No hay nada más latoso que un anfitrión estresado. Disfruta de la cena.

Desorden en la cocina

Aunque se te haya echado el tiempo encima y queden cosas por hacer, si los invitados son de confianza, tómatelo con naturalidad y recíbelos, impecable, con una copa de vino en tu sala de máquinas.

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