Se trata de un alimento que no sólo sirve para condimentar platos. Una ingesta moderada también ayuda a fortalecer el organismo. Por U. M.

Remedios caseros: la abuela tenía razón

El ajo, por su sabor, es uno de los condimentos principales de la cocina mediterránea, pero su valor medicinal es superior al culinario. Los monjes medievales masticaban dientes de ajo para protegerse de la peste y durante las dos guerras mundiales del siglo XX, ante la escasez de antibióticos, se usó para evitar que las heridas de guerra se infectaran. Rico en azúcares, hierro, potasio, azufre, silicio, yodo y en vitaminas A, B y C, sus efectos medicinales se deben a sus esencias volátiles, como el disulfuro de alilo o alicina, culpable también de su característico, y a veces desagradable, olor.

Principales propiedades

  • Antibiótico natural: la alicina aporta al ajo su acción antibiótica, útil en afecciones respiratorias como gripes, resfriados o congestión nasal. Ésta puede aliviarse si se tritura un ajo sobre una gasa y se aspira durante unos minutos. También ayuda en infecciones intestinales y cutáneas.
  • Salud para el corazón: la ingesta diaria de un ajo ayuda a disminuir los niveles de colesterol ‘malo’ y a aumentar los de colesterol ‘bueno’. Asimismo facilita el funcionamiento del sistema cardiovascular porque contribuye a la reducción del riesgo de formación de coágulos y plaquetas. Colabora en la disminución de la hipertensión arterial.
    Pese a todas las bondades que presenta el ajo, no conviene abusar por que tomado en grandes cantidades puede irritar y provocar problemas en el tracto digestivo. Por otro lado no se recomienda su ingesta a personas con problemas de coagulación de la sangre, que tomen anticoagulantes, sufran hipertiroidismo o vayan a someterse a una operación quirúrgica.
    La mejor forma de comerlo es crudo, pero se puede encontrar en tiendas especializadas preparado en polvos, cápsulas o perlas. En cualquier caso las clásicas ‘cabezas’ no conviene guardarlas en la nevera ni en envases cerrados porque pueden perder su característico olor. Lo mejor es tenerlos en un lugar seco y ventilado.

Combatir el mal aliento

El disulfuro de alilo que desprenden los ajos es el causante de buena parte de las propiedades medicinales citadas anteriormente, pero también del mal aliento que produce su ingesta. Para paliarlo y evitar molestias basta masticar durante un rato hojas de perejil o de menta.