Mientras llega la ansiada vacuna, la lucha contra el coronavirus es un combate entre nuestro sistema inmunológico y este patógeno, convertido en una pandemia. ¿Pero qué es y cómo funciona el sistema inmune? ¿Podemos reforzalo? Por Carlos Manuel Sánchez / Fotos: Science Photo Library/Age Fotostock

La otra carencia del coronavirus: faltan ratas para investigar la vacuna

Los seres humanos estamos continuamente expuestos a patógenos que nos hacen caer enfermos: hongos, bacterias, microbios, virus… Nuestro cuerpo es un ecosistema magnífico para ellos: en él tienen comida en abundancia, una temperatura ideal y un entorno perfecto en el que reproducirse… La buena noticia es que, para colonizarnos, necesitan antes doblegar a nuestro sistema inmune. Y no les resulta nada fácil. Al final, la guerra contra la Covid-19 es más bien un duelo. Mientras no se consiga una vacuna, se trata de un combate singular entre el coronavirus SARS-CoV-2 y nuestras defensas. ¿Pero qué es el sistema inmunológico y cómo funciona? ¿Y podemos hacer algo para reforzarlo?

1. QUÉ ES EL SISTEMA INMUNE

Es el ministerio de Defensa de nuestro cuerpo. De él dependen los ejércitos que nos defienden de las invasiones, esto es, de infecciones y contagios. Y también ejerce funciones de policía. Tiene identificadas a todas y cada una de nuestras células. Y si alguna no lleva encima el DNI o se comporta de manera sospechosa, la apartará del resto y procederá a interrogarla. Ante la más mínima sospecha, la ejecutará sin miramientos. Si funciona como es debido, el sistema inmunológico distingue al tejido sano del enfermo. En ocasiones, por desgracia, no tiene suficiente munición. Es el caso de las personas inmunodeprimidas. O se ve tan desbordado que dispara a todo lo que se mueve, incluidas las células sanas. Un fuego ‘amigo’ que pone en riesgo a las personas con enfermedades autoinmunes. El sistema defensivo involucra a muchos tipos de células, órganos, proteínas y tejidos. Existen dos tipos de inmunidad: innata y adquirida.

Cómo funciona el sistema inmune 1

Con el microscopio electrónico de barrido se puede ver cómo linfocito (de color azul) detecta una célula maligna  (rosa) y la destruye.

2. INMUNIDAD INNATA

Es el sistema inmunitario con el que nacemos. Está escalonado en sucesivas barreras que frenan las amenazas externas. Si una falla, existe otra… La piel; las enzimas de la saliva; los ácidos del sistema digestivo; los mocos; la tos, cuando es una acto reflejo que expulsa sustancias o cuerpos extraños… No es una inmunidad específica, sino más bien general. Si algún patógeno logra saltar una o varias de estas barreras, se activa otro tipo de inmunidad, mucho más sofisticada: la adquirida.

3. INMUNIDAD ADQUIRIDA

Se va desarrollando y fortaleciendo a lo largo de la vida. Por ejemplo, mediante ayudas externas, como las vacunas. O mediante la creación de anticuerpos de manera natural, exponiéndonos a los patógenos durante nuestro crecimiento, como sucede con los niños que, en sus juegos, entran en contacto con los microbios del suelo o de los compañeros de la guardería o del colegio. Este sistema se dirige a amenazas concretas. Es muy potente, por eso lo ideal es que su potencia se dirija con la mayor precisión posible al agresor. Existe un tipo de inmunidad adquirida que se llama pasiva, y que tiene fecha de caducidad. Por ejemplo, un bebé recibe anticuerpos de su madre, a través de la placenta y de la leche materna, que lo protegen de algunas infecciones durante los primeros años de su vida.

4. LOS ANTICUERPOS

Son los soldados del sistema inmunitario adquirido. Se trata de los glóbulos blancos y hay de dos tipos. Linfocitos B, que se despliegan cuando el cuerpo está expuesto a un invasor. Su misión es adherirse a los patógenos y bloquear su capacidad para diseminarse. Y linfocitos T, que reconocen a las células infectadas y las matan. Cuando el médico nos pide una analítica con un recuento de glóbulos blancos y salen más linfocitos de los habituales, es que el cuerpo está luchando contra una infección.

5. LA MEMORIA INMUNOLÓGICA

Es la capacidad para reconocer rápidamente una amenaza contra la que nuestro cuerpo ya combatió en el pasado, e iniciar la respuesta inmunitaria adecuada. Para ello, el organismo tiene la capacidad de hacer un retrato robot de todos los enemigos con los que se ha enfrentado. Esos patógenos, ya fichados e identificados, se llaman antígenos. El sistema inmunitario tiene una memoria de elefante. Esto le permite ganar tiempo en futuras infecciones. No obstante, a veces hay que ayudarle; por ejemplo, administrando dosis de recuerdo de algunas vacunas.

Cómo funciona el sistema inmune 2

Linfocitos y protozoos flagelados.  Los linfocitos son un tipo de glóbulo blanco involucrado en el sistema inmune. Los protozoos son microorganismos unicelulares (unicelulares) que son eucariotas, lo que significa que tienen un núcleo celular. En general, tienen un comportamiento animal, como ser móviles.

6. EL INTERFERÓN

Todas las células tienen su propio sistema inmunitario en miniatura, una especie de defensa ‘personal’ que le permite responder a los patógenos mientras llegan los refuerzos. Cuando una célula detecta a una molécula invasora, produce interferón, una proteína antiviral que avisa a las células vecinas y ‘pulsa’ también la alarma que alerta al cuartel general. El interferón debe su nombre a la capacidad para interferir en la replicación del virus y detenerlo o, por lo menos, ralentizarlo. La industria biotecnológica es capaz de fabricar ciertos tipos de interferón mediante técnicas de recombinación genética. Y ya se están realizando ensayos con interferón para contener la pandemia mientras llega una vacuna.

7. ENVEJECIMIENTO

A medida que envejecemos, nuestra capacidad de respuesta inmune se reduce. Por eso la pandemia afecta más severamente a los ancianos. A partir de 60 años, las probabilidades de que la covid-19 cause síntomas más graves se elevan. Las personas mayores también producen menos interferón ante una infección viral. Su organismo tiene más dificultades para matar las células infectadas y alertar al sistema inmune adquirido. Se cree que puede ser debido a la inflamación crónica que acompaña al envejecimiento. Esto también debilita la memoria inmunológica. Cuando esto sucede, en la carrera entre el virus por expandirse y los anticuerpos por destruirlo, el patógeno cobra ventaja.

8. DISTANCIAMIENTO SOCIAL

Como las personas mayores tienen más dificultades para controlar una infección viral, el distanciamiento social puede convertirse en una cuestión de vida y muerte para ellos. Y, en general, mantener un metro y medio como distancia de seguridad es una manera efectiva de evitar la propagación del coronavirus. La Covid-19 está causada por un patógeno respiratorio que se contagia sobre todo de dos maneras. Una es la tos, que extiende las gotas de saliva por el aire. Algunas son capaces de flotar aproximadamente un metro antes de secarse. Y pueden ser inhaladas y penetrar en los pulmones, como advierte Brian Geiss, profesor de inmunología de la Universidad de Colorado. Y según un estudio de Stanton Glantz, de la Universidad de California, el coronavirus también viaja en el humo de los cigarrillos y vapeadores. Además, al parecer el humo debilita las defensas del propio fumador. Hay que añadir que existe el riesgo de que el virus contamine las superficies que la persona infectada ha tocado o sobre las que ha tosido. Por eso es tan importante lavarse las manos con jabón frecuentemente. Y hay quien recomienda no utilizar bolsas reciclables cuando se hace la compra mientras dure la pandemia, o desinfectarlas antes meterlas en casa. En cuanto a las bolsas de plástico, solo deberían usarse una vez antes de deshacerse de ellas.

9. LA CARGA VIRAL

Es la cantidad de partículas virales que llegan al organismo de un infectado. Cuanto más carga viral, los síntomas pueden ser más graves. Una persona con un sistema inmune sano responderá mejor ante la enfermedad, pero si el número de gérmenes que entran en su organismo es muy grande, la evolución puede ir a peor. Es muy importante tener esto en cuenta, sobre todo, en lo que se refiere al personal sanitario y otros grupos de riesgo que están más expuestos al contacto con enfermos.

10. CÓMO FORTALECER EL SISTEMA INMUNE

Querer reforzar nuestras defensas en unas pocas semanas no tiene demasiado sentido. Es más realista proponerse otra meta: que no decaigan durante el confinamiento. Para ello, es mejor olvidarse de suplementos alimentarios, terapias alternativas y otras recetas de dudosa efectividad. Lo que siempre funciona es el sentido común. Y este nos dice que hay que mantener actitudes saludables. Ayuda una alimentación sana y equilibrada, pero no atiborrarse de complejos vitamínicos, a no ser que el médico nos haya recetado algo en concreto porque tengamos alguna carencia detectada en una analítica o que figure en nuestro historial. También hay que procurar hacer algo de ejercicio todos los días, aunque estemos en casa. Mantener el estrés a raya. Y dormir lo mejor posible. Tan fácil… y tan difícil como eso.

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