Las 'peores' vacaciones de tu vida

Poner a prueba a los viajeros más intrépidos y sobrevivir en islas y junglas remotas se ha convertido en la última tendencia en viajes. El pionero de este sector turístico emergente en todo el mundo es un aventurero español. Por Ixone Díaz Landaluce

Pasarás frío y pasarás calor. Tendrás hambre y sed. Estarás expuesto a los elementos y a otras personas. «Es una experiencia brutal que te despojará de todas tus comodidades». Aunque cueste creerlo, la frase está impresa en el folleto de una agencia de viajes británica.

A los americanos les encanta la supervivencia, cazar. El europeo busca más la evasión

Claro que las vacaciones en cuestión no son el típico paquete de vuelo, alojamiento y régimen de media pensión en bufé libre. Consiste en pasar una semana en una isla desierta y sobrevivir a la experiencia. «No es para cualquiera. No es para quienes quieren una isla idílica en el paraíso (aunque la isla es preciosa). No es para aquellos que buscan unas vacaciones. Es para quienes quieren saber cómo reaccionarían en caso de desastre, para quienes quieren ver lo lejos que sus cuerpos y sus mentes pueden llevarlos», explica la página web de Pioneer Expeditions. Y esta solo es una de las empresas que está sabiendo adaptarse a las exigencias de una nueva tendencia global: el turismo de supervivencia.

Por un lado, este tipo de viajes (que no siempre tienen una isla desierta como escenario) promete la cada vez más ansiada desconexión digital. No hay ordenadores ni teléfonos (salvo para avisar de la pertinente emergencia) no hay wifi ni manera humana de que tu jefe (o tu madre) pueda localizarte. Y, desde luego, cubren una necesidad real y acuciante.

Según un estudio realizado por la agencia de viajes Pangea, al 60 por ciento de los españoles les resulta imposible desconectar en vacaciones por culpa de sus teléfonos móviles.

Las islas más baratas cuestan 1500 euros por persona y las más caras y remotas, 6000

Pero esa no es la única motivación de este nuevo tipo de turistas. El otro gran aliciente consiste en poner a prueba sus capacidades y su resistencia física, pero también la mental. En el turismo de supervivencia, nada está garantizado: ni la comida ni el agua potable ni un techo bajo el que dormir por las noches. Ni siquiera la seguridad total de los clientes.

Todo eso forma parte de la experiencia. Puede sonar extremo e innecesariamente peligroso, pero es precisamente ahí donde radica su atractivo y donde consigue enganchar a aquellos viajeros adictos a las emociones fuertes.

El robinsón español

Curiosamente, una de las empresas pioneras de este sector turístico emergente nació de la idea de un español. Cuando Álvaro Cerezo cumplió 18 años, quiso convertir en realidad su fantasía infantil de vivir como un náufrago, pero no encontró ninguna empresa en el mundo que ofreciera estancias en islas desiertas. «Así que lo hice por mi cuenta. Busqué unas islas en la India y estuve allí un mes. Mi vida cambió para siempre». Cada año viajaba a una isla nueva mientras terminaba la carrera de Económicas. Tenía claro que no quería terminar sus días en una oficina y en 2010 volvió a hacer una búsqueda en Google y volvió a certificar que nadie ofrecía ese tipo de viajes. Para llenar ese hueco, Cerezo creó GoCastaway en 2011.

Su empresa ofrece dos modalidades de viaje (confort y aventura) en islas de Indonesia, Filipinas y Centroamérica. La primera opción es, esencialmente, una semana de vacaciones en una isla desierta para descansar y no ver a nadie. Es popular entre las parejas de recién casados que buscan una luna de miel diferente e incluye un alojamiento modesto sin luz eléctrica, pero con ducha, una cama y otras comodidades.

El modo aventura es otra historia. Básicamente, consiste en dejar a los viajeros solos en la isla (aunque supervisados desde la distancia) y que se las apañen como puedan para comer, encontrar agua o buscar refugio durante una tormenta tropical.

«Se trata de gente que se quiere probar a sí misma. Pero también hay personas apasionadas por las historias de náufragos, gente solitaria o muy excéntrica y hasta millonarios que no saben en qué gastarse el dinero y quieren probar cosas nuevas… Es gente distinta, desde luego», explica Cerezo.

Desde la mujer inglesa que le pidió urgentemente una isla desierta para que su padre, al que le habían dado dos meses de vida, cumpliera su sueño hasta Reikko Hori, la japonesa de 22 años que se convirtió en la primera náufraga voluntaria del mundo. Cada cliente tiene su motivación. «A los americanos les encanta la supervivencia, cazar, matar… Buscan el desafío. El europeo busca más la soledad, la evasión, la naturaleza…».

El lujo de sobrevivir

En realidad, el mayor reto de Cerezo y su equipo es dar con las islas, que por cierto están identificadas con nombres falsos en su página web para evitar que se conviertan en un destino turístico de masas. «Islas desiertas hay muchas, el problema es que el Gobierno de turno te permita realizar la actividad y que no haya pescadores faenando cerca». Otra opción es contratar seguridad privada para que nadie se acerque.

El grado de aislamiento lo escoge el cliente y eso repercute en el precio. Las islas más baratas (y más cercanas a la costa) cuestan unos 1500 euros por persona a la semana; las más aisladas (que requieren conexión vía satélite) pueden alcanzar los 6000 euros. En caso de emergencia, el equipo de GoCastaway está accesible 24 horas al día. «Hemos tenido algún susto, pero nada demasiado gordo. Algún cliente se ha puesto enfermo y hemos tenido que rescatarlo y alguna tormenta nos ha pillado en la mar». Eso sí, todos sus clientes deben firmar un contrato exonerando a la empresa de cualquier responsabilidad.

Pero la de Cerezo no es la única empresa que ofrece este tipo de servicios. Para Tom Marchant, cofundador de la agencia de viajes Black Tomato, estos viajes son una forma de «desconectar de la vida en casa, mientras te concentras en el momento. Aquí, el auténtico lujo es la experiencia; y la única distracción es una visión renovada sobre dónde estás, qué estás haciendo y adónde necesitas ir». Es decir, esa necesidad de vivir el presente de la que tanto hablan el budismo o el mindfulness.

Aventuras para viajeros intrépidos

Perderse en la jungla

La agencia británica Bushmasters te ‘abandona’ en mitad de la jungla amazónica de Guyana con un poco de agua y comida, un machete, un arco y unas flechas. Durante la primera semana, miembros de la tribu macushi te enseñan a construir un refugio, pescar o localizar agua potable. Después, el viajero se queda solo en la jungla.

El safari más salvaje

Con la ayuda de dos guías bosquimanos, los aventureros de la agencia Woodsmoke en el desierto de Namibia aprenden a encontrar agua, atrapar pájaros o pequeños mamíferos, reconocer el rastro de los animales salvajes o evitar insolaciones. Y todo, a pie.

Elige tu propia aventura

Se puede escoger el escenario (jungla, desierto, mar, montaña o latitudes polares) o dejar que ellos lo hagan por ti. La agencia británica de viajes de lujo Black Tomato ofrece viajes «para perderse» (get lost, en inglés) que se ajustan a la salud y la forma física de sus clientes. Los guías les dan un mapa, un kit de supervivencia, un par de consejos y se despiden de ellos, aunque en realidad velan en todo momento por su seguridad.

La isla de los… valientes

La propuesta de Pioneer Expeditions en el archipiélago indonesio de Toga parece idílica, pero en realidad se trata de una experiencia física y psicológicamente extrema. En grupos de cinco personas, los aventureros tendrán que aprender a encender un fuego, pescar, cazar, construir un refugio y convivir en armonía. Es lo más parecido que existe a un reality de supervivencia.

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