Gambia primero
ARTÍCULOS DE OCASIÓN
Al mismo tiempo que se producĂa el relevo en la cĂşpula del poder norteamericano, con la llegada del empresario Trump a la Casa Blanca, en Gambia la presiĂłn internacional y la amenaza del EjĂ©rcito de Senegal lograban que se cumplieran los resultados de las Ăşltimas elecciones y se procediera al exilio del presidente eterno Jammeh en favor del ganador, Adama Barrow. Sabemos poco de Gambia, aunque en su dĂa fue una mina de explotaciĂłn humana que portugueses y británicos usaron por su cercanĂa atlántica como puerto de salida de esclavos hacia los Estados Unidos, donde fueron la mano de obra gratuita que propiciĂł el ascenso econĂłmico del paĂs. El vomitivo discurso de Donald Trump en Washington ha tenido una gran relevancia pĂşblica. No tanto el cambio de Gobierno en Gambia. Hubiera sido más razonable que el nuevo presidente de Gambia pronunciara las palabras de Trump. PodrĂa haber dicho, ya estamos hartos de invasiĂłn externa, ya estamos hartos de ser explotados, ya estamos hartos de atraso y de colonialismo, ya estamos hartos de corrupciĂłn de una Ă©lite y pobreza generalizada. Somos Gambia y a partir de ahora pondremos a Gambia por delante de todo lo demás. Gambia first, Gambia primero.
Pero ese discurso, en cambio, lo pronunciĂł Trump. Hay algo interesante en Trump, en su indigencia moral. Ha decidido hacer suya la causa de la antiglobalizaciĂłn para la perpetuaciĂłn de los privilegios de los paĂses ricos. En su tensa relaciĂłn con MĂ©xico hay un tufo esclavista, asimilamos a los peones de bajo precio que necesitamos, pero rechazamos al resto. La otra percepciĂłn clara es que el racismo vende y que el antiecologismo sĂ da votos, al contrario del ecologismo, que en casi ningĂşn paĂs ha alcanzado poder real. España es un ejemplo de eso, sin partido ecologista de gran significaciĂłn, pese a que su costa y recursos naturales han sido en gran medida arrasados por negocios privados desde hace años. El ecologismo no vende y sĂ, en cambio, la posibilidad de ganar dinero incluso destrozando tu paĂs. Es otra de esas sutiles formas de antipatriotismo que, sin embargo, pasan por ser exactamente lo contrario.
No sorprende que Trump se arrope con el discurso de los americanos primero. Pertenece al gremio empresarial basado en negocios de vieja escuela. Juego, construcciĂłn, turismo barato, especulaciĂłn, explotaciĂłn energĂ©tica sucia y sector del automĂłvil, ese es su perfil y, por lo tanto, va a tratar de recuperar esas industrias, que están en franca recesiĂłn frente a una Ă©lite empresarial norteamericana de nuevo cuño, más asociada al territorio de Silicon Valley. Reclamar el proteccionismo y la guerra comercial desde Estados Unidos es no querer reconocer que su armamento, su tecnologĂa, su entretenimiento, los tres grandes poderes de una industria del siglo XXI, invaden el mundo sin recato. Asombra que no parezca importarle que el resto de los paĂses del mundo dejen de comprar producto norteamericano si persiste en fabricar una imagen de enorme antipatĂa en su paĂs. Ni Apple ni Facebook ni Google, ni Amazon pueden sentirse tranquilas con un presidente que sostiene que un paĂs deberĂa protegerse de la invasiĂłn extranjera, alzar muros y frenar el poderĂo comercial de lo extranjero.
Y aquĂ es donde volvemos a pensar en cuánto de lĂłgico serĂa su discurso si fuera el nuevo presidente de Gambia, que ni vende ni impone ni trafica con su poderĂo industrial en ninguna parte del mundo, sino que se limita a producir cacahuete y anacardo. Procedente de los Estados Unidos, el discurso de Trump suena al enfado del rico, a la soberbia del prepotente, al desafĂo de quien lo tiene todo y aĂşn quiere más. Si sigue por ese camino, concediendo todo el poder a los especuladores financieros y a las grandes marcas de explotaciĂłn de hidrocarburos, se topará con un paĂs en retroceso, que maneja geoestrategias de hace dos siglos para afrontar desafĂos del futuro. SerĂa irĂłnico que hundiera con ese discurso esclavista a sus empresas monopolĂsticas que dominan el planeta desde la ingenierĂa tecnolĂłgica, la comunicaciĂłn social y el comercio digital. Ojalá que a Gambia le vaya bien en los prĂłximos años y sacuda en lo que pueda la corrupciĂłn y el atraso. Ese paĂs convoca todos nuestros mejores deseos.





