Luces de Navidad

ARENAS MOVEDIZAS

Los que andamos en la sesentena recordamos la iluminación navideña de nuestra infancia como un momento cercano a La Guerra de las Galaxias. Era lo razonablemente recortada que exigía la época, pero también venía a ser una forma de decir que las cosas estaban cambiando y que las penurias de los años cuarenta ya no contaban. Los que nacimos al final de los cincuenta, y que, por lo tanto, no supimos nada de la posguerra y sus limitaciones, vimos iluminarse nuestras ciudades por Navidad como si aquello fuera una explosión de luces. Cualquier bombilla es para un chiquillo una forma de fiesta. La Barcelona de mi infancia, en mi barrio de Gracia, lucía un intento generoso de luz en la vieja calle Salmerón, realmente llamada Mayor de Gracia, hoy Gran de Gracia. Arrancaba desde Diagonal y llegaba hasta plaza Lesseps. Siendo una calle no demasiado agraciada, lucía un aspecto equiparable al de las del centro de la ciudad, siempre más vistosas. Aún creo ver de la mano de mi tío Enrique, que era el esposo de mi tía Paquita y puede haber sido el catalán más adorable y bueno que jamás haya conocido el mundo, las paladas de nieve que descargaban los vecinos de la esquina de la calle Santa Ágata aquel año de la sorprendente nevada que hizo posible que los esquiadores bajaran Barcelona, desde el Tibidabo hasta plaza Cataluña, deslizándose por la calle Balmes como si fuera una pista inacabable de las mejores estaciones de esquí. Creo que fue el año 62. Uno era muy pequeño, pero empezó a equiparar Navidades a nieve, y fue acumulando lógicas frustraciones a medida que crecía y veía que no volvía a nevar, por mucho que unos y otros quisieran ver en los signos de los cielos el presagio de unas Navidades blancas. Eran Navidades de asfalto sin más, y la nieve quedaba para las estampas de las películas que la televisión nos ofrecía así pasaba la Purísima, en muchos lugares conocida como la fiesta de la Inmaculada Concepción.

Las luces de Navidad se han vuelto un argumento político y social. Madrid comenzó a ensayar con luces de alternativa. ¿Y eso qué es?: luces que dieran luz, pero que no iluminasen del todo con el motivo esencial de la natividad del Señor. Si la Navidad es un hecho referencial de media humanidad es porque hace dos mil años nació un Niño que armó la de Dios, dicho con todo cariño. Hace no pocos años la iluminación madrileña fue capaz de reproducir cientos de palabras en neón no haciendo ninguna referencia al nacimiento del Hijo de Dios, como si la Navidad fuese cosa tan sólo de la Asociación de Comerciantes. En Barcelona, siempre tan disyuntiva, se instalaron árboles de mojones que se iluminaban sólo si se pedaleaba en su base con tal de ofrecer una alternativa verde a la presencia abusiva de la luz de curso habitual. Debo decir que me subí un par de veces a la bicicleta y me sentí, de nuevo, un chiquillo. Sevilla, mi ciudad, afortunadamente vuelca en su poderoso centro un despliegue de adornos que hace muy agradables el paseo y la estancia durante el largo mes que viene durando el calentamiento de la cosa. Este año quiere reproducir en la plaza de San Francisco una suerte de remedo de la impresionante iluminación que luce la calle Larios de Málaga, la que tantas veces paseo con mi hermano Adolfo Arjona. Pero lo mejor de la época prenavideña viene dado por algo ajeno al nacimiento del tipo que cambió el mundo y que ha acabado siendo la figura esencial para gran parte de la humanidad.

Créanme si les digo que la noticia de los previos navideños está en la petición formal realizada por el diputado Joan Tardà de que no se iluminen las calles de las ciudades y pueblos de Cataluña en tanto estén presos los involucrados en el golpe de Estado que realizaron diversos individuos desde estamentos públicos autonómicos. Cataluña apagada mientras permanezcan entre rejas aquellos a los que la justicia independiente haya condenado en virtud de sus fechorías. Evidentemente sólo le harán caso los cretinos de su misma intensidad (que hay unos pocos) y tal vez dejen de iluminar algunas zonas. ¿Pero qué culpa tienen los chiquillos que transiten de la mano de su tío Enrique en la búsqueda de la luz de cada Navidad?