La inmadurez bovina de una tal Laura

Arenas movedizas

Una individua llamada Laura Duarte, candidata del PACMA al Congreso de los Diputados (y no sé si electa por cuanto este suelto lo escribo dos días antes de las elecciones), ha conseguido una cierta cuota de popularidad al subir a las redes un vídeo dando de comer a un buey al que llama Marius, asegurando que se trata de un toro bravo y polemizando acerca de la supuesta valentía de los toreros. Esta tal Laura da a entender que, si te acercas a un toro bravo con afecto y cariño, el animal responde de la misma manera y se presta a ser acariciado en su testuz.

Ciertamente, no acabo de adivinar si estamos ante una manipuladora o una necia. O tal vez las dos cosas, que no son incompatibles. Es poco probable que alguien que presume de conocer a los animales confunda de forma bovina a un toro bravo con cualquier otro elemento de su raza, lo que me lleva a pensar que es una forma más de mentir, de las muchas a las que nos tienen acostumbrados esa colección de extremistas grotescos que forman ese partido tan jugosamente subvencionado vaya usted a saber por quién. Si la intrépida Laurita repitiera la misma acción saltando el vallado de una ganadería como Miura o como Núñez del Cuvillo, acercándose a los terrenos en los que pastan libre y felizmente los toros bravos de ambos hierros, es muy probable que no tuviera terreno para correr y que pusiera su vida en grave riesgo. No lo hará porque, a pesar de su estulticia gestual, la tal Laura tendrá aprecio por su integridad y sabrá de buena lid que acercarse a un toro bravo en el campo creyendo que su comportamiento será parecido al de su querido Marius es apostar con garantías a que el morlaco haga por ti. Un tigre y un gato son dos felinos, pero la diferencia estriba en que el primero no suele dejarse acariciar. Exactamente igual a lo que ocurre con Marius y un bravo de cualquier camada. Esa forma de jugar con las personas puede tener consecuencias funestas, como bien ha recordado Victorino Martín, ya que siempre hay gente crédula –o simplemente boba– que se cree esos cuentos y puede intentar imitarlos mientras otro graba con su teléfono móvil para inmortalizarlo en alguna red. El que lo hiciere podría morir como consecuencia de herida por asta de toro, como tantas veces les ha pasado en el campo incluso a profesionales experimentados, fueran mayorales o ganaderos.

El toro bravo es una herencia de los bovinos agresivos (ariscos) que no fueron amansados para convertirse en alimento, en carne procesada en los mataderos. Ese toro ha sido seleccionado durante algo más de un par de siglos para embestir de una forma determinada en una plaza de toros y en unas condiciones muy concretas. Entre ellos, en el campo ese que no ha pisado ningún animalista –sea cretino o no- los toros muestran una conducta territorial entre ellos que los lleva a la lucha descarnada. De ser ‘liberados’ a su aire en las dehesas –que se acabarían con la prohibición de la tauromaquia– perecerían muchas vacadas por peleas puramente endogámicas. Eso sí, Marius, supongo que con gran disgusto para Laurita, antes o después será filetes.

La gente como esta descerebrada –o algo peor– muestra un comportamiento grotesco tan sectario y extremista que –de resultar electos como parece y, créanme, deseo– nos brindará grandes momentos irracionales en el Congreso. Son analfabetos fanáticos e intransigentes que configuran una secta incluso pintoresca, a la que conviene mostrar como ejemplo, dándoles visibilidad. Han construido una ideología basada en la supuesta defensa de los animales y en la equiparación de derechos con el ser humano (animalismo que ocupa el espacio del humanismo). A pesar de que algunos crean que se trata de la generación Disney una vez que cree haber crecido, no son más que una turba repleta tanto de inmadurez como de relativismo moral.

Si la tal Laura quiere ir a acariciar un Garcigrande que lo haga. Pero a usted ni se le ocurra. No se crea las tonterías bovinas de esta camada.