Las dos amazonias

Artículos de ocasión

Creo que es ya conocido por casi todos que en este año 2019 la Amazonia brasileña ha sufrido uno de los impactos ambientales más funestos de su historia. Una serie concatenada de incendios se ha sumado a la degradación habitual. En este año, además, se ha sumado la incapacidad de un Gobierno recién elegido que entre su programa político presumía de negar el problema climático y cuyas pretensiones economicidas sobre el Amazonas no escondía. Un desastre sin paliativos, en medio de las campañas de concienciación climáticas más importantes de la historia. Será otra de nuestras contradicciones por aclarar en un futuro cercano. A veces el voto radical es una respuesta contra cualquier atisbo de racionalidad, ya que puestos a protestar, la quema es reivindicada. Pero lo más curioso de este año tan penoso para el Amazonas es que le ha salido un rival homónimo que ya le rivaliza en tamaño. El gigante del comercio on-line, Amazon, no eligió mal el nombre de río para sus aspiraciones de negocio líquido. El problema es que después de oír tanto la cursilería esa de que el Amazonas es el pulmón del planeta, tendremos que buscar entonces qué es Amazon. ¿El impulso de compra compulsiva del planeta? ¿El nuevo río del comercio? ¿El hígado del mundo?

Lo que menos importa es el nombre. Amazon se ha convertido, sin lugar a dudas, en el río del nuevo tiempo. Si en épocas pasadas era habitual que se levantaran las más grandes y ambiciosas ciudades en torno a un río con capacidad comercial, hoy querríamos levantar nuestros negocios junto al río de Amazon. Porque por su pasarela circula el comercio mundial. Tiene competidores, pero no parece fácil disputarle la primacía. Más aún en un tiempo en el que los monopolios han encontrado camino libre para progresar y quedarse con la posición dominante. En particular, debido a la debilidad de los políticos para alzarse con mecanismos reguladores. Llegan tarde a la disputa y llegan mal y condicionados. Así que, impávidos, asistimos al crecimiento de los monopolios en la Red. Sin embargo, hay dos detalles que han sorprendido sobre la evolución de Amazon. El primero es meramente comercial. La marca Nike decidió dejar de vender sus zapatillas en Amazon. Las retira por dos razones. No quiere que admitan en ese mercadillo virtual a las copias y falsificaciones de sus productos. Y también pretende potenciar su venta directa.

Esta última tentación era la utopía comercial hace unos años. Que la Red sirviera para que, en un mundo interconectado, los productos fueran más directos del fabricante al consumidor. Se reducirían así los porcentajes de los intermediarios. Pero nada fue así. En uno de los retrocesos más apabullantes que se recuerdan, sucedió todo lo contrario. El intermediario se hizo el dueño. Nunca tuvieron más poder las líneas de consumo virtual y las grandes tecnológicas. Ellas marcan la visibilidad de un producto y, por lo tanto, el mercado se ve sometido. Nadie cree que Nike pueda vencer en esta batalla, pero, si lo hiciera, comenzaríamos a soñar que la rectificación es posible. Intermediarios y plataformas son los nuevos amos del comercio. Los productores y fabricantes están aplastados. Pero hay otro síntoma que delata la enfermedad de Amazon. El volumen de camionetas de reparto con que invade las grandes ciudades. Londres ha decidido tomar medidas para disminuir la entrada de camionetas y ‘furgonas’ de reparto. En hora punta se considera que ese tipo de transporte significa un tercio de la circulación. Solo por añadir un dato, en Madrid, se calcula que a diario entran 8000 furgonetas de mensajería en hora punta en la almendra central de la ciudad. Son cantidades que devoran los esfuerzos para frenar la contaminación. La solución pasa por un cambio de hábitos, cosa improbable. O por una regulación que imponga modelos menos nocivos. Pero todo parece imposible ante el ansia de velocidad en la compra. Algunos comerciantes me comentan que ven a clientes valorar los productos en su tienda y de inmediato pedirlos por Amazon. La imagen es demoledora. Alguien tiene que hacer algo. Y ese alguien somos nosotros.