La nieta

ARTÍCULOS DE OCASIÓN

La historia comienza de la manera más inocente. Una profesora del instituto, que se rompe la cabeza para tratar de ayudar a sus alumnos a descifrar el nuevo lenguaje audiovisual que los somete sin capacidad crítica, propone una actividad. Cada alumno, con su teléfono móvil, tendrá que filmar un retrato breve de un personaje de su familia, a ser posible alguien con una historia detrás, que habrán de resumir al mínimo sin dejar de ofrecer una estampa de su vida. La chica protagonista elige a su abuelo. Tiene devoción por su abuelo, porque no es un anciano desactivado y quejoso, sino un hombre activo y despierto. Se mantiene en forma pese a los más de setenta años y hasta se atrevió a participar en la Maratón de Nueva York. No ve muy a menudo al abuelo, pero le parece el personaje ideal para la práctica escolar. Al domingo siguiente, cuando se juntan para comer una paella familiar, le propone el retrato. El abuelo no se muestra muy partidario. Aunque es coqueto, dice que no le gustan las fotos ni las cámaras. Pero ¿quién puede negarse a una inocente petición de la nieta de catorce años? Así que el abuelito acepta y quedan una tarde de la semana siguiente para filmar el retrato.

Mientras espera a que llegue el día de la cita, la joven estudiante hace alguna práctica con su móvil. Quiere lograr una imagen bonita y aprende el sentido de la luz y el contraluz, recurre a los filtros que le ofrece alguna aplicación y ensaya con su hermana pequeña para encontrar el encuadre más favorecedor. También pregunta a su padre por algún capítulo interesante de la vida del abuelo, sobre el que podrá preguntarle. Pero su padre le da largas, tiene mucho trabajo, está liado y sabe que el abuelo el día de la grabación le contará alguna batallita de las que él le escuchaba contar cuando era pequeño. A la chica le parece que su padre no quiere saber mucho del asunto, incluso le incomoda. Pero ya en ocasiones ha tenido la sensación de que entre su padre y su abuelo hay una pequeña distancia que los dos sostienen, pese al cariño y el vínculo. Así que la joven estudiante decide iniciar algunas pesquisas por su cuenta y, además de revisar fotos antiguas en el álbum de casa, introduce el nombre de su abuelo en los buscadores de la Red. Ahí comienza a descubrir cosas que le sorprenden.

Entre otras, se acusa a su abuelo de ser policía torturador durante los años del franquismo y la transición. Eso le suena muy lejano, pero algo conoce por las clases de Historia. Le sorprende más que algunos movimientos de víctimas soliciten aún su enjuiciamiento y la retirada de medallas oficiales. Si ha pasado tanto tiempo, qué pudo hacer su abuelo para que aún le persigan con tanta saña. Tendrá que preguntarle el día de la grabación. Pero lo que más conmociona a la joven es la descripción que se hace de él. Al parecer lo apodaban ‘Billy el Niño’. No se sabe muy bien si por la cara de niño que tenía cuando entró al cuerpo de policía o por la costumbre de dar vueltas al revólver en el dedo. Nadie se aclara. La cara de niño le sirvió para infiltrarse en la universidad y detener a algunos agitadores en favor de la democracia. En sus interrogatorios los golpeaba, los vejaba y los amenazaba. Tenía la costumbre de derribarlos esposados al suelo y darles de patadas con la punta de sus zapatos.

A la estudiante le gustaría mostrar el lado amable y vitalista de su abuelo en el retrato en vídeo. Lo van a ver su profesora y la clase y servirá para dejar una imagen acorde con lo que ella siempre ha pensado de su abuelo. Sin embargo, cuando durante la grabación con su móvil pregunta al abuelo por el apodo y las torturas, el abuelo se enfada, le dice que todo es mentira y le pide que deje de grabarle. La niña se echa a llorar y primero su abuela y después su padre, ya en casa, la consuelan. Es el pasado, le dicen, hay que olvidar, no conviene mirar atrás. La joven acepta abandonar su proyecto. Pondrá una excusa a la profesora.