Hablamos con un experto mundial en biovigilancia, Tomás Pueyo, sobre salud, economía, libertad y privacidad y sobre el precio que vamos a pagar por recuperar ‘la normalidad’ tras la crisis del coronavirus. Por María de la Peña Fernández-Nespral y Carlos Manuel Sánchez 

¿Los datos privados de nuestros móviles pueden salvar vidas?

Lo llaman ‘el profeta del coronavirus’. Este ingeniero y máster en Stanford University, criado en Madrid y de madre francesa, vio venir el tsunami de la pandemia como si mirase una bola de cristal.

Hoy, a sus 37 años, asesora a gobiernos e investigadores de medio mundo. Sus artículos reciben 60 millones de visitas y están traducidos a más de cuarenta idiomas. Y es un firme partidario de la implantación de ‘apps’ de vigilancia para frenar el coronavirus. Nos explica por qué.

Tomás Pueyo escribió el 10 de marzo un primer artículo en la plataforma social Medium instando al mundo a encerrarse en casa y vaticinando la catástrofe que más tarde paró el planeta. Desde su pequeño piso de San Francisco, se puso a analizar ingentes cantidades de datos. Ante la precisión de sus análisis, gobiernos, economistas y profesionales de la salud de Europa, EE.UU. y Latinoamérica han solicitado desde entonces su asesoramiento. Hablamos por teléfono con él, con la interrupción de sus tres hijos, dos mellizos de 3 años y uno de 2.

XLSemanal. Su segundo artículo publicado el 19 de marzo le lanzó estrellato. Lo tituló ‘El martillo y la danza’. Hoy, muchos expertos hablan con esos términos que usted inventó. El martillo -o el confinamiento- y la danza, la fase siguiente: ajustar las medidas de forma dinámica para evitar nuevos brotes. ¿Cuándo estaremos preparados para danzar’?

Tomás Pueyo. Cuando se tomen estas medidas: testeo, rastreo de contactos, aislamientos, cuarentenas, uso de mascarillas por toda la población, higiene, distanciamiento físico y educación pública.

XL. Muchas de esas medidas no están en el plan de desescalada del Gobierno.

T.P. El plan tiene medidas razonables, pero no se habla lo suficiente de testeo. Y, yendo al detalle, no tiene lógica que un restaurante solo pueda abrir con un 30 por ciento de aforo. Si son capaces de mantener la distancia suficiente entre la gente o poner mamparas, hay que dejar abrir a mayor capacidad.

“Si estás infectado, tus derechos son distintos. Eres un riesgo para la población. Los investigadores pueden acceder a tus datos de movilidad y a tus tarjetas de crédito”

XL. ¿Qué percibe en las conversaciones con los políticos?

T.P. Ganas de aprender lo más rápido posible para tomar las medidas adecuadas. Tienen que tomar decisiones de vida o muerte y que pueden costar miles de millones de euros. No se quieren equivocar.

XL. Defiende hacer tantos tests como sea posible, pero acompañados de otras medidas

T.P. Lo ideal es hacer tantos test como sea posible, hasta determinar que solo el 3 por ciento de la población sea positiva. Y hacerlos muy rápido para aislar de inmediato a los infectados. Pero eso es solo la mitad de la batalla. En un mundo perfecto, podríamos realizar el test a todos todo el tiempo. Pero eso ahora mismo es muy costoso y difícil. Por lo tanto, hay que priorizar a quién se le realiza. Primero, a las personas con síntomas. Después, a todos sus contactos. Y esto nos lleva a la necesaria localización de contactos.

XL. Usted propone que sea obligatorio informar de que se tiene la enfermedad para que los infectados puedan ser controlados, investigados y rastrear sus contactos a través de GPS. Incluso tener acceso a sus movimientos bancarios… Dice que hay que sacrificar la privacidad de unos pocos para garantizar la salud de muchos.

T.P. Hay cuatro puntos cruciales aquí. Primero, la mayoría de esos datos ya son accesibles públicamente. The New York Times hizo un reportaje demostrando todo lo que se puede conseguir de una persona comprando sus datos en el mercado. Todos esos datos están ahí porque los seguimos dando, y si realmente nos importaran tanto, no los daríamos. Lo segundo que hay que entender es el coste-beneficio.

XL. ¿A qué se refiere?

T.P. ¿Qué prefieres: pagar 5000 euros por adulto en impuestos (200.000 millones de deuda divididas entre unos 38 millones de adultos en España), o que el gobierno use unos datos que ya estás dando? Hemos perdido nuestra salud, nuestra economía y nuestra libertad. ¿No queremos reconsiderar perder un poco de privacidad para recuperarlas?

“Hay que priorizar a quién se le realiza el test. Primero a los que tienen síntomas; después, a sus contactos. Y esto nos lleva a la necesidad de localizarlos”

XL. Hablaba de cuatro puntos, ¿cuáles son los otros dos?

T.P. Tercero: no es lo mismo decir: «Vamos a acceder a todos tus datos para siempre y no vamos a comunicar nada al respecto» que decir: «Solo vamos a acceder a ciertos datos, solo para ciertas personas, solo en ciertas circunstancias, solo durante cierto tiempo, y con total transparencia sobre lo que hacemos con ellos». Si estuviera claro lo que hacemos con ellos, sería mucho más aceptable. Si proponemos una ley para cambiar los derechos de privacidad durante la pandemia, tiene que tener todos estos límites claramente delineados, con salvaguardas claras como, por ejemplo, auditorías externas.

XL. ¿Cuarto punto?

T.P. La reducción de privacidad que propongo no es tan tan grande. Digamos que tienes tres tipos de personas, cada uno con derechos de privacidad distintos.

XL. ¿Qué tres tipos?

T.P. Primero, el conjunto de la población: la administración no debe recabar esos datos. Se pueden mantener en el móvil de la gente o en las operadoras móviles, que ya los tienen, hasta que sean necesarios para las autoridades. Tú puedes tener los amigos o amantes que quieras, porque esa información se queda en tu móvil.

XL. Ya, pero si estás infectado…

T.P. Entonces la cosa cambia. Tus derechos ya son distintos. A partir de que estás infectado, eres un riesgo para la población. Lo que se hace en Corea del Sur en ese caso es que tus datos de movilidad y gastos de tarjeta de crédito pasan a ser accesibles para los investigadores. Solo ellos tienen acceso y solo a las tres últimas semanas. Los nombres de tus amantes y amigos solo los sabrá el investigador. Luego, los llamará para que se hagan tests y para ponerlos en cuarentena. Esa información sigue sin ser pública. Finalmente, se publica que una persona infectada ha estado en ciertos sitios públicos en ciertos momentos, sin decir quién es.

XL. ¿Y sus contactos?

T.P. Si has estado en contacto con alguien infectado, tus movimientos podrían tener un tratamiento parecido al de los infectados. Si en vez de usar datos de movilidad de las operadoras o las tarjetas de crédito todo el mundo tuviera apps de bluetooth, sería aún mejor porque la información que se pasaría a los investigadores solo sería dónde y cuándo se encontraron con el infectado, y por cuánto tiempo.

XL. ¿Es legal en España usar esas medidas de rastreo?

T.P. Creo que el código legislativo estaría preparado para implementarlo. Aquí hay 4 factores: economía, salud, libertad y privacidad. En uno de los cuatro saldrás perdiendo. Es cuestión de prioridades.

XL. ¿Usted lleva una app de ese tipo?

T.P. No. Primero, porque aún no salgo de casa. Y segundo porque, hoy, tal como están planteadas, son inútiles. No van a poder acumular más del 1%-5% de contactos.

XL. Lo que propone es inquietante

T.P. Tenemos miedo. El mundo que conocíamos ha desaparecido. Los trabajos, las vidas, las libertades, las amistades… todo está en cuarentena. No queremos perder también la privavidad. Tememos que, si renunciamos a ella, no la recuperaremos. No queremos ser China. Pero ese miedo no puede ser irracional. Necesitamos analizar el problema con frialdad, y decidir racionalmente qué podemos hacer.

“Soy optimista porque el ser humano es inteligente y se las arregla para resolver problemas. Y más si son mundiales, como este”

XL. ¿Es optimista?

T.P. Soy optimista porque sé que al final el ser humano es inteligente y se las arregla para resolver un problema, y más si es mundial, como éste.

XL. Además de dormir, que lo hace muy poco, ¿qué hará cuando todo haya pasado?

T.P. Hacerle un monumento a mi mujer, Patricia: sin su apoyo, nada de lo que estoy haciendo sería posible. Está llevando el peso de todo en la casa pese a tener que trabajar también en remoto.

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