Hace semanas que Adela Cortina alertó en ‘XLSemanal’ del aumento de la gerontofobia, el rechazo a los mayores. La situación vivida en las residencias de ancianos y los protocolos de actuación médica que los relegaban a un último lugar en caso de que no hubiera medios para atender a todos confirman que la catedrática de Ética hablaba de una realidad. Hablamos con ella nuevamente. Fátima Uribarri/Foto: Carlos Luján

XLSemanal. ¿Se ha multiplicado la gerontofobia con la pandemia?

Adela Cortina. Se ha agudizado. Ya era una realidad en la vida cotidiana, pero el hecho de que los niños no debieran coincidir con los mayores y el que la mayor parte de fallecidos pertenecieran a la tercera y cuarta edades han marcado todavía más unas diferencias intergeneracionales que vamos a tener que superar, porque carecen de sentido y son injustas.

XL. Cuando hay emergencias sanitarias se impone el triaje, se establecen prioridades en la atención de pacientes.

A.D. El triaje ha de plantearse sólo después de haber dado los pasos indispensables para proteger los derechos de las personas y de la colectividad. Salvar la mayor cantidad de vidas posible es la meta. Por eso en primer lugar hay que planificar, averiguar de qué recursos se dispone a nivel nacional, derivar pacientes y personal sanitario de unos centros a otros, construir nuevos centros y contratar personal.

XL. Usted formó parte del grupo de trabajo que elaboró un informe para el Ministerio de Sanidad sobre los aspectos éticos en situaciones de pandemia, ¿qué criterios propusieron para la selección de pacientes?

A.D. Decíamos textualmente: “Únicamente resultará legítimo acudir a los criterios de priorización cuando se hayan agotado todas las posibilidades existentes para disponer de los recursos asistenciales necesarios y para optimizar el uso de los disponibles”.

Hay que aprender para el futuro que hay que destinar más recursos a sanidad e investigación.

XL. ¿Y si no hay recursos para todos?

A.D. En tiempos de pandemia los recursos sanitarios son especialmente escasos, pero no se trata de arrojar la toalla desde el comienzo dando por bueno que no se puede salvar a todos, sino de ampliar al máximo el ámbito de lo posible. Y aprender para el futuro que hay que destinar más recursos a sanidad e investigación.

XL. ¿Elegir por edad cuando se realizan triajes sanitarios es habitual?

A.D. Hay determinadas corrientes bioéticas que tienen como decisiva la discriminación por razón de edad, cuando habría que tener en cuenta diferentes factores. Pero esta forma de proceder introduce esa terrible convicción de que hay vidas sin “valor social”. Una convicción que impregna también la vida cotidiana, cuando discriminar por razón de edad o de discapacidad es inmoral e inconstitucional.

XL. ¿Por qué hay expertos en bioética partidarios de priorizar a los jóvenes?

A.D. Porque tienen un criterio utilitario del valor de la vida y entienden que si los recursos son escasos y no hay más remedio que priorizar, será más rentable invertirlos en las personas con una mayor expectativa de vida y que pueden resultar más productivas a la sociedad.

Una de las lecciones que tenemos que sacar de la crisis es la necesidad de crear residencias bien monitorizadas, cuidar la atención domiciliaria y los centros de día

XL. Se puso atención sobre las escuelas –cuando los niños no eran los más vulnerables– y no se atendió a las residencias de ancianos.

A.D. Porque existía una concepción totalmente equivocada de lo que son las residencias de ancianos. No son hospitales ni centros de salud, son hogares con una atención sanitaria de mantenimiento, no de tratamiento de casos agudos. Una de las lecciones que tenemos que sacar de la crisis es la necesidad de crear residencias públicas,concertadas y privadas, bien monitorizadas, cuidar la atención domiciliaria y los centros de día. Lo que significa puestos de trabajo que deberían estar bien retribuidos.

XL. ¿El dar la espalda a los mayores es algo de este siglo XXI?

A.D. En la Grecia clásica la edad más valorada era la madurez, cuando se alcanza la plenitud intelectual, después empezaba la etapa de la decrepitud. En culturas tradicionales el anciano es muy apreciado por su experiencia y merece el mayor respeto. En nuestros días parece que la jubilación marca un cambio biográfico en la persona y pierde valor social. Cuando lo cierto es que el cambio es sólo administrativo y el valor de toda persona sigue siendo el mismo.

XL. ¿Qué aportan los ancianos a la sociedad?

A.D. Todas las personas, ancianas o no, tienen dignidad, y eso es ya suficiente aportación. Las gentes de más edad cuentan con una experiencia y conocimiento muy valioso, porque todo en esta vida no es competencia digital. Pero, yendo aún más allá, quienes hacen posible la conciliación familiar de los jóvenes, en el trabajo y en la diversión, son los abuelos que se hacen cargo de los nietos; hay familias que salen adelante gracias a la jubilación del abuelo, el turismo se mantiene en buena medida gracias a los mayores y sin ellos quebraría la industria farmacéutica. Luego no sólo tienen dignidad, sabiduría y experiencia, sino que también son monetariamente rentables.

XL. ¿Cómo podemos consolar a quienes han perdido a un mayor estos días?

A.D. Aunque nadie puede compensar la pérdida de un ser querido, y menos aún en estas circunstancias, se puede intentar compartir el dolor desde lo más hondo del corazón y acompañarles en lo que necesiten.

XL. ¿Y cómo debemos lidiar con el enfado si pensamos que a los nuestros no se les ha atendido como merecían?

A.D. Reclamando a quienes tengan responsabilidades. No podrán reponernos a nuestro ser querido, pero aquellos a quienes corresponde tienen que asumir su parte y hay que prevenir para que no vuelva a suceder en el futuro.

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