Un lector nos mandaba esta carta a la sección ‘El bloc del cartero’ de Lorenzo Silva

Todo empieza con una llamada en Jueves Santo: mi madre ha fallecido. Tras 12 días, perdía la batalla con un virus que no quiero ni nombrar. Comenzaba un viaje en solitario de esos 500 kilómetros que siempre habían sido como un cordón umbilical que me unían a quien me dio la vida y mucho más. Una travesía distinta esta vez: parecía que habían dejado la autovía libre para que nadie me viera llorar. Me han robado despedirme de ella y esos besos manchegos ruidosos que te dejan la piel enrojecida. Ni las campanas doblaron por ella. El último acto en el cementerio parecía un entierro clandestino: que nadie vea que entramos más de tres. Como si hiciéramos algo malo. Todos con la boca tapada y guantes para no dejar huellas. Hasta el cura embozado hizo unas plegarias. ¿Por qué en la televisión no salen estos entierros y solo vemos actos ya convertidos en folclóricos o de quien es más original en los balcones? ¿Por qué ocultan este sufrimiento? ¿Qué quieren tapar? No culparé a nadie, pero tiene que haber responsables de que esto se haya ido de las manos. Homenajeemos a los sanitarios que tanto hacen, pero que Resistiré no tape los ataúdes que hay detrás.

José A. Picazo, Martorell (Barcelona)

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