Una lectora nos mandaba esta carta a la sección El bloc del cartero de Lorenzo Silva

No he vivido nada más parecido a las películas sobre guerras, en las que tras los bombardeos la profesora vuelve a la escuela y no hay niños ni risas ni llantos. Tampoco baloncesto en el patio ni fútbol ni flirteos ni miradas ni risas. Solo silencio y vacío. Los pasillos conservan los murales del mundo submarino, de la jungla, de los escritores de la generación del 27. En las paredes cuelgan obras de artistas en potencia. Pero no hay luz, han permanecido más de tres meses sin moverse, esperando la vuelta de esos pequeños genios que los crearon. En la pizarra de una clase se lee en tiza un mensaje de amor, firme a pesar del tiempo, de la guerra, del cierre, de la distancia. «Marco y Claudia forever». En la sala de profesores, un calendario se detuvo en marzo y el reloj de la pared mantenía el horario de invierno. Una sensación de melancolía le invade. No oye las risas de los compañeros, las voces, los comentarios y los buenos ratos que pasan juntos. Vuelve al patio, respira hondo y siente que vuelve a casa. Y esto le hace feliz, y sonríe y piensa que lo peor ha pasado, y que pronto esos pasillos volverán a llenarse de risas, de llantos, de voces, de vida.

Beatriz del Pino (Correo electrónico)