Los rostros pronto sustituirán al ADN y a las huellas dactilares como método de investigación criminal. Por Carlos Manuel Sánchez

Una nueva generación de cámaras para identificar al instante a terroristas ya se prueba en Alemania, Inglaterra y Estados Unidos. Y con tecnología española. ¿Privacidad o seguridad?, el debate vuelve a estar abierto.

El papel higiénico se ha convertido en un asunto de estado en China. Cada usuario de los cien mil aseos públicos de China que se han instalado en el país tiene derecho a 60 centímetros. Ni uno más. Los ayuntamientos dedican partidas millonarias a la compra de rollos, así que ahora lo racionan. Para controlarlo, se han colocado en algunos baños públicos de Pekín cámaras inteligentes, dotadas de tecnología de reconocimiento facial, que identifican a la atribulada víctima del ‘apretón’ y le asignan el papel reglamentario.

Este año, en Gales, se detuvo por primera vez a un hombre a partir de información de un algoritmo de reconocimiento facial instantáneo

Puede hacernos gracia, pero es un asunto muy serio. En la vieja Europa, cuna de las libertades civiles y respetuosa con el derecho a la intimidad, a nadie se le ocurriría colocar cámaras en ese santuario de la vida privada que es un retrete. ¡Acabáramos! Pero, excepto ahí, las cámaras de vigilancia están por todas partes. Solo en Londres, la ciudad más videovigilada del mundo, hay 400.000. Cualquier transeúnte es grabado por unas 300 a lo largo del día. En toda España suman un millón.

El debate sobre la videovigilancia parecía agotado, pero una nueva generación de cámaras, dotadas de una tecnología capaz de identificar a las personas, consultar de inmediato las bases de datos policiales y alertar en tiempo real de la presencia de un terrorista o un delincuente fichado, ha vuelto a poner sobre la mesa el viejo dilema entre seguridad y privacidad.

El software de reconocimiento facial más rápido del mundo lo ha desarrollado la empresa catalana Herta Security. Entre sus clientes figuran la UEFA, los Globos de Oro y los Emmy, el Louvre o la Estación Sur de Madrid

Ya se están probando en Alemania, Inglaterra, Estados Unidos o España. Muy pronto no se buscará a los criminales como se hace ahora, con carteles en las estaciones y fotos en los periódicos. En cuanto un sospechoso pase por delante de una cámara de seguridad provista de reconocimiento facial y conectada a las inmensas bases de datos que compartirán las fuerzas de seguridad de diferentes países, saltará una alarma. Lo delatará su rostro, como antes lo hacían las huellas dactilares o los restos de ADN. Con una ventaja sobre estas dos técnicas forenses: es difícil conseguir una huella dactilar sin que el sospechoso se dé cuenta o restos de ADN sin una orden judicial… Una foto del rostro, sin embargo, se puede hacer sin problemas.

Miedo a equivocarse

Hoy se toman imágenes continuamente en las tiendas, en los bancos, en las estaciones de tren y autobuses, en los aeropuertos, en los estadios, en las calles céntricas… Entonces, ¿por qué no dotar a estas cámaras de unas herramientas que les permitan reconocer y capturar a los ‘malos’? La tecnología ya está aquí, aunque no es perfecta, pero es mucho más fiable que hace pocos años. Y como hemos programado a las máquinas para que aprendan por sí mismas gracias a la inteligencia artificial y al deep learning, cada vez se equivocarán menos.

En todo caso se siguen equivocando, argumentan los detractores. Los algoritmos no son tan perspicaces como el ojo humano a la hora de distinguir a alguien con malas condiciones de luz, o si está de perfil, o si lleva gorro, bufanda, gafas oscuras…, mientras que cualquier hijo de vecino es capaz de distinguir a un familiar o a un amigo, incluso si está de espaldas o se disfraza. Ahora bien, las máquinas tienen otra gran ventaja sobre el ser humano: pueden memorizar millones de caras; nosotros, apenas unos pocos cientos.

Por el momento, sin embargo, no son infalibles al cien por cien, aunque en condiciones óptimas se aproximan. Con buena luz y fotos de posado, las típicas de los documentos de identidad, lo ‘clavan’. Pero el software falla más de la cuenta con las imágenes de circuito cerrado, que suelen ser de mala calidad, borrosas, rostros medio tapados…

Tecnología española

En este sentido, la Policía alemana está realizando un ensayo en la estación Sudkreuz de Berlín combinando tres algoritmos de tres compañías privadas diferentes; una de ellas, Herta Security, española. Con sede en Barcelona y oficinas en Madrid, Londres y Los Ángeles, se ha implantado en 50 países. Su software es el más rápido del mundo. En menos de un segundo procesa 30 millones de rostros registrados en una base de datos y es capaz de identificar si una persona está siendo buscada por la Policía o se encuentra desaparecida.

El FBI maneja una base de datos con 160 millones de caras. Eso sí, su algoritmo tiene un margen de error del 15 por ciento… Y falla más con los rostros de las personas negras

Herta ha ganado proyección mundial gracias a eventos como los Globos de Oro y los Emmy para evitar a los fans molestos que acosan a las estrellas o se dedican a reventar galas. Entre sus clientes: la UEFA, hoteles de lujo en la India, casinos que quieren evitar la entrada de jugadores profesionales, el Museo del Louvre en Abu Dabi o la Estación Sur de autobuses de Madrid, donde al menos una docena de las cien cámaras instaladas dispone ya de biovigilancia. «El ensayo alemán es muy importante porque servirá de referencia a toda Europa», explica Javier Rodríguez, CEO de la compañía.

Hace una década, la tasa de reconocimiento en pruebas similares superaba el 30 por ciento y rondaba el cero durante las primeras horas del día o al caer la noche. Hoy la precisión es muy alta, pero no perfecta. Basta que el sistema se equivoque una vez de cada mil para que sea un incordio. En una terminal como la T4 del aeropuerto de Madrid, con 150.000 viajeros diarios, estaríamos hablando de 150 falsas alarmas al día. Y eso, más que un incordio, es inadmisible.

Hay guerra de cifras, dependiendo de quién calcule: la industria de seguridad o los defensores de la privacidad. Por ejemplo, en el puñado de aeropuertos estadounidenses donde ya se aplica esta tecnología se calculan hasta un 43 por ciento de meteduras de pata, según la Unión Americana de Libertades Civiles. Los fabricantes, por su parte, reconocen que el software falla cuando la orientación de la cámara no es frontal y que, a partir de 45 grados de desviación, ‘se vuelve loco’. Eso no quita para que se siga probando su eficacia en eventos deportivos masivos como la SuperBowl o la última final de la Champions League en el Estadio del Milenio de Cardiff (Gales).

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El software de reconocimiento facial más rápido del mundo lo ha desarrollado la empresa catalana Herta Security. Entre sus clientes figuran la UEFA, los Globos de Oro y los Emmy, el Louvre o la Estación Sur de Madrid

La Policía galesa, de hecho, anunció en mayo la primera detención de un hombre basada en información de un algoritmo de reconocimiento facial instantáneo. En Londres, Scotland Yard probó el software en agosto en el concurridísimo carnaval de Notting Hill, aprovechando que la legislación inglesa ofrece un territorio ‘gris’ que permite estas prácticas. En comparación, la ley española de protección de datos es mucho más restrictiva.

Escaneado masivo

Nada que ver con el FBI que, desde 2010, guarda cada foto que encuentra en Internet, o donde sea, en una base de datos que almacena ya la mitad de los rostros de la población estadounidense: unos 160 millones. Dos pegas: el 80 por ciento de esas imágenes son de gente que no ha cometido delito alguno, según reveló la Universidad de Georgetown. Además, afirma el Congreso, su software de reconocimiento facial tiene un margen de error del 15 por ciento. Para más inri, se equivoca sobre todo a la hora de identificar a ciudadanos negros.

Aunque para bases de datos mastodónticas, la de Facebook, cuyo algoritmo de reconocimiento facial es más fiable incluso que el del FBI, afirma The New Yorker. Google también ha perfeccionado el suyo, que empezó aprendiendo a distinguir a los gatitos de los vídeos.

Es China, sin embargo, quien lleva la delantera. Desde abril, los semáforos de ciudades como Jinan, Suqian y Jiangbei llevan cámaras que identifican a los peatones imprudentes que cruzan con el muñequito en rojo. A continuación, y además de imponerles una multa, su rostro y su nombre aparecen, para escarnio público, en una pantalla gigante situada en la misma calle; fotos y datos que también se publican en Internet y en los periódicos para que el sonrojo sea viral. El Gobierno chino no tiene tantos ‘reparos’ como los europeos -en el festival de Qingdao se llegó a detener ‘por la cara’ a 25 presuntos delincuentes-, aunque en Europa el miedo a los atentados está disipando las dudas sobre su utilidad.

Cámaras para todo

Uno de los grandes temores de los defensores de los derechos civiles es que las agencias gubernamentales nunca tienen bastante. Lo que al principio solo se permite bajo unas condiciones legales muy restrictivas se acaba generalizando. Y no se van a conformar con poner cámaras inteligentes en los controles de pasaportes de las aduanas.

En China hay cámaras en los semáforos para identificar a peatones imprudentes. Su rostro se proyecta al instante en plena calle y en la Red

Sin embargo, en la era de las redes sociales y la desvalorización de la privacidad propiciada por estas, el público cada vez está más acostumbrado. Los nuevos iPhone X disponen de un sistema que los bloquea si no reconocen la cara de su legítimo propietario. Y hay start-ups que trabajan en cámaras que serán capaces de detectar si una persona está furiosa o triste. O que ‘adivinen’ las tendencias sexuales, el cociente intelectual o si alguien está enfermo. Lo cual nos puede meter en apuros a la hora, por ejemplo, de ir a una entrevista de trabajo en la que nos están grabando, o de contratar un seguro, o de ser juzgados por un tribunal que admita entre las pruebas de cargo el ‘testimonio’ de un algoritmo.

RECONOCIMIENTO BIOMÉTRICO FACIAL

Cómo se identifica un rostro a partir de una foto

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1. Corrección

Primero se corrigen las alteraciones producidas por el movimiento o por el exceso o falta de luz, así como otro tipo de defectos de la imagen.

2. Registro

Un software registra las características básicas del rostro, como la distancia entre los ojos o entre la nariz y la boca.

3. Análisis

Posteriores análisis faciales mejoran la precisión de la identificación. Cámaras 3D miden la profundidad de las cuencas oculares, la nariz y la barbilla. Se examina la piel en busca de arrugas o manchas características.

4. Comparativa

Los datos obtenidos se comparan con un banco de imágenes. Si los criterios estudiados coinciden, se puede identificar a la persona. El proceso puede tardar menos de un segundo.