Reduce el estrés, mejora la atención, ayuda a gestionar las emociones y, además, aumenta la productividad. El ‘mindfulness’, una práctica de raíces budistas, se extiende en España por empresas y colegios. Nos abren sus puertas… y sus mentes. Por Priscila Guilayn

“Apartir de entonces, muchas cosas cambiaron en mi vida”. Emmanuel Mielvaque, ejecutivo con frenética actividad empresarial y amante del deporte, comenzó a sufrir un día arritmias sin padecer patología cardíaca alguna. Los trastornos asaltaban su corazón incluso por las noches y duraban, a veces, tres días seguidos. Pasó ocho meses así. Hasta que oyó hablar de algo llamado mindfulness (‘atención plena’, en español). «Fui a un curso, muy escéptico. Con mi agenda, además, me parecía impensable conseguir tiempo». Pero lo hizo y ahora describe así los resultados. «Me enganchó. Cada semana se reducían mis arritmias, me sentía menos nervioso, más concentrado…».

Lejos de connotaciones esotéricas o espirituales, su lenguaje cercano, occidental, es lo que ha facilitado su extensión

El ejemplo de este parisino, que lleva dos décadas en España dirigiendo empresas de consultoría, ilustra a la perfección una de las aplicaciones al alza de esta práctica de raíces budistas: la reducción del estrés. Los adeptos al mindfulness, dice un estudio de la Universidad de California, reducen sus tasas de cortisol, una hormona liberada como respuesta al estrés con la que Mielvaque convivió durante años.

«Pero, ¡ojo!, esto no es magia -subraya Rafael G. de Silva, el hombre que introdujo al ejecutivo galo en el mindfulness hace cuatro años-. Es un proceso de entrenamiento. Y si lo practicas, el cambio llega sí o sí. Se llama ‘neuroplasticidad’: la experiencia modifica nuestro cerebro».

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Mahou-San Miguel: en la sede madrileña 83 de sus 700 empleados se apuntaron al curso de mindfulness «como técnica de modulación de emociones y control del estrés», según explica Paloma Fuentes, responsable de bienestar emocional y felicidad. Eva Katharina Herber (de granate) -del equipo de instructores de atención plena de Habitar el Tiempo- guía a uno de los grupos

Hablamos de un órgano que procesa a diario unos 60.000 pensamientos, de los que se repite el 94 por ciento, y el 80 por ciento son negativos. Además, el 47 por ciento del tiempo nuestra mente vaga dispersa. Pues bien, el mindfulness es una posibilidad para transformar todo eso, que propone darnos cuenta de nuestros pensamientos y reconectar con lo que estamos haciendo.

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Repsol: los empleados que así lo desean se reúnen todos los días, mañanas y tardes, para meditar desde 2012 en la sede de esta compañía energética. Recientemente, sin embargo, la empresa apostó por el mindfulness con un curso de cuatro semanas para 15 empleados

De Silva, al que muchos llaman ‘el gurú del mindfulness en España’, aprovecha para esclarecer cierta confusión al respecto. «Ni soy gurú ni un iluminado -desmiente-. De hecho, las figuras del maestro y discípulo, muy de la tradición oriental, no caben en este contexto». En efecto es el lenguaje cercano, occidental y con bases científicas, lejos de connotaciones esotéricas o espirituales, lo que ha facilitado su extensión por el cinco por ciento de las empresas españolas y varios colegios.

‘Mindfulness’ en las aulas

El caso de Mielvaque aúna esta doble vertiente empresarial y escolar. Tras su experiencia con De Silva, este formó también a 60 de sus 180 empleados y, para cerrar el círculo, el colegio donde estudian sus hijos de cinco y siete años incorporó el mindfulness a la rutina en el aula. «Ahora, en casa, meditamos los tres juntos», revela el ejecutivo parisino.

De hecho, muchos centros se están sumando a la corriente para desarrollar la atención de los niños y enseñarles a gestionar emociones como amabilidad, empatía, gratitud y autocontrol y, con ello, prevenir de paso el bullying.

Todo parte de la atención. «Los profesores piensan que un chico es hiperactivo, que no está nunca quieto, que molesta… -explica el psicólogo Carlos García, de la Universidad Autónoma de Madrid, que investiga sobre la aplicación de la atención plena en el contexto educativo-. En ese ámbito, el mindfulness ayuda a los niños a parar y a estar preparados para aprender».

Un aula tranquila, ya se sabe, es el sueño de todo profesor. Por eso, muchos docentes, entusiasmados por lo que leen y escuchan sobre mindfulness, pretenden aplicarlo siguiendo guías, sin haber realizado la adecuada formación. Un error, en opinión de Victoria Martín-Moreno, especializada en mindfulness para la educación e instructora en distintos colegios. «Es fundamental que el profesor esté formado y que lo practique regularmente -advierte-. Pedir a los niños que estén en silencio, atentos a su respiración, es muy diferente a la multitarea y sobreestimulación a las que están sometidos casi de continuo. Y si no se hace bien, puede causar resistencia por parte de los alumnos».

«A veces -prosigue Martín-Moreno- se piensa que mindfulness consiste en hacer unas respiraciones para que los niños estén más tranquilos. Pero la relajación es una consecuencia que puede darse o no. El fin es estar atento conscientemente, darte cuenta de lo que pasa en este momento de una manera abierta».


Colegio Fernando el Católico de Madrid

En este centro escolar de Madrid, 20 profesores recibieron formación en mindfulness. Desde entonces, asegura la directora, María del Carmen Gutiérrez, cuando los alumnos meditan al volver del patio, se retoman más rápido las clases. «Antes perdíamos mucho tiempo gestionando conflictos que se daban en el recreo entre los niños». Lorenzo, de 11 años, dice que lo ayuda en diferentes momentos. «Cuando estoy angustiado, siento que no soy yo. Me pasa a menudo. Soy muy impaciente. Y con la meditación siento que vuelvo a ser yo. La hago siempre antes de dormir». Guillermo, de 7, lo emplea para evadir pensamientos desagradables. «En la tableta tengo un juego de zombis y, por la noche, los veo al cerrar los ojos. Con las respiraciones se me van de la cabeza».


Menos estrés, más productividad

En el ámbito empresarial, las compañías con programas de mindfulness -revela un estudio de Adecco Training- reducen en un 78 por ciento las bajas por ansiedad, estrés o depresión mientras aumentan su productividad en un 20 por ciento.

En su rutina acelerada, algunos empleados de la multinacional 3M disponen de un oasis en su sede de Madrid. En una sala con alfombras y zafus [cojín japonés para meditar]; cierran los ojos y enfocan su atención en el cuerpo, en la respiración… Suena un smartphone y nadie se inmuta. Todos siguen con su meditación mindfulness.

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3M: en esta multinacional, los trabajadores pueden utilizar sus habilidades para motivar a los demás. Estrella Cabrero, directora técnica, propuso a la empresa que invirtiera en la formación en mindfulness de los empleados. Rafael G. de Silva sigue yendo a la empresa a impartir sesiones de refuerzo

Porque meditar no es poner la mente en blanco ni imaginarte en una playa desierta: estás donde estás, con todo lo que conlleva. Es «un modo de conectarnos con nuestra vida, cultivando la atención y estando atentos a propósito en cada momento, sin crear juicios, como si nuestra vida dependiera de eso». Así lo define Jon Kabat-Zinn, el doctor en biología molecular que, allá por 1979, catapultó esta práctica en Occidente.

«Si piensas en el pasado y el futuro, te pierdes la experiencia real: el presente -añade Teodoro Luna, fundador de Sukha, que imparte cursos en colegios y empresas-. Ahora bien, no es una herramienta. Si lo fuera, lo usarías cuando lo necesitas, pero mindfulness es algo que se integra en ti».

Así lo siente Blanca de la Fuente, ejecutiva de 3M que realizó un curso hace año y medio. «Algo ha cambiado en mí. No es que haga las cosas diferente. Es que, de forma natural, me aproximo a ellas de manera distinta», cuenta. «Familia, trabajo, mucho que hacer… Sentía que no llegaba a todo -rememora-. Iba sumando nerviosismo al cabo del día y acababa descontrolada. Y estando así cometes errores. Y te torturan. Y las cosas van de mal en peor». Y no fue la única que vivió el cambio, también quienes la rodean. «Mi marido lo notó mucho -dice-. ¡Y mis compañeros me preguntaron si estaba en tratamiento con pastillas!».

Cigna salud

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Esta compañía de seguros contrató hace un año un curso de ocho semanas con el especialista Teodoro Luna (en la foto) para el 20 por ciento de su plantilla en Madrid. «Mindfulness los ayudó a focalizarse en sus tareas, rebajar estrés, dormir mejor y gestionar sus emociones», dice Ana Romeo, directora de recursos humanos. Tras el éxito, Luna sigue ayudando hoy a más grupos de empleados. Lola Muñoz, por ejemplo, relata así su cambio. «Empecé a ver cuándo me pongo a la defensiva. Lo noto en el cuerpo. Antes iba a la oficina y pensaba. “A ver qué me cae hoy”. Ya no. No te anticipas. Vives en lo que estás. Todo es menos amenazador».