¿Cómo se explica desde la ciencia la renuncia del Papa?

Los lectores preguntan a Eduard Punset. Rosalía Beato, (Valladolid)

Es curioso que la mayoría de las personas sigan interpretando las oscilaciones de la conducta de la gente en función de lo que pensaban, del color de su piel, del porcentaje de dogma que había prendido en su alma, del día en que nacieron, del ambiente que imperaba a su alrededor

La prueba de lo que estoy sugiriendo la tenemos en la retirada o jubilación del papa. Para unos, le habría capitidisminuido el empobrecimiento de su salud; para otros, la causa de su retirada fueron las tensiones suscitadas en su entorno por los que no querían aceptar de ninguna de las maneras la imprescindible simplificación y transparencia de la gestión papal; para otros, en fin, la división entre representantes del Tercer Mundo y el poder italiano establecido durante siglos en la curia explicarían las dificultades de un acuerdo.

Nadie se ha referido al descubrimiento neurológico más importante de los últimos cien años relativo al papel de tres tipos de hormonas. la testosterona, la adrenalina producida por las glándulas situadas en la parte superior del riñón y, finalmente, la hormona del estrés.

Las que mandan a la hora de tomar decisiones, las del papa incluido, son esas tres hormonas; ese ha sido el descubrimiento más importante de los últimos años. ¿Cómo funcionan?

Les cuesta salir de quicio, pero una vez que sus respectivas glándulas las han sintetizado e inyectado en el torrente sanguíneo resulta que empiezan a afectar hasta al menor detalle del cuerpo y el cerebro. a su metabolismo, la tasa de crecimiento, la masa del cuerpo muscular, el ánimo y la presencia cognitiva, incluidos los recuerdos que se han quedado grabados para siempre.

Yo no entiendo cómo, a la luz de este descubrimiento, nadie o casi nadie se ha interesado por el mecanismo y los resultados de la testosterona. Los niveles crecientes de testosterona aumentan los de hemoglobina y, por consiguiente, la capacidad del torrente sanguíneo para transportar oxígeno. Es bien sabido que la testosterona aumenta también la confianza que se tiene en uno mismo y, como consecuencia, las ganas de asumir más riesgos. En el caso del papa habría ocurrido todo lo contrario.

La adrenalina constituye otra hormona que irrumpe en el flujo sanguíneo; acelera las reacciones físicas, así como el metabolismo del cuerpo al recurrir a los depósitos de glucosa almacenados, sobre todo en el hígado, para expulsarlos al flujo sanguíneo; con ello se consigue la carga energética necesaria para hacer frente a los desafíos planteados por el uso de la testosterona. Por las razones que apuntaremos después, o las que ya se señalaron, no parece que el papa contara con esa carga energética necesaria para proseguir en su trabajo.

Una tercera hormona llega al cerebro desde las glándulas adrenales para estimular la secreción de dopamina, un producto químico asentado en los circuitos neuronales para producir placer; se trata de una de las drogas naturales más adictivas cuando coincide con dosis tolerables de cortisol, que llevan al sujeto a concienciarse de que no puede, o lo hace muy difícilmente, conseguir un trabajo mejor. Eso no es, en absoluto, el sentimiento que tuvo el papa a la hora de renunciar.

La verdad es que no se puede menospreciar hasta qué punto la irrupción de la biología por primera vez puede explicar por qué se toman decisiones vinculadas, aparentemente, a un miedo a lo que se avecina o bien, también aparentemente como ocurre en los momentos de exaltación en la Bolsa, al convencimiento de que va a sobrar de todo.

La decisión papal no se explica por ninguna de las dos opciones mencionadas. Con toda probabilidad se entiende mejor cuando se combina la utilización de la biología con el concepto de ‘reconocimiento’.

¿Y eso qué quiere decir? Según el neurólogo John Coates, se produce cuando uno se da cuenta, de pronto, de lo que está ocurriendo y de lo que pensamos nosotros . Yo estoy convencido de que al papa le ocurrió esto.