¿Es posible crear normas mundiales de comercio?

El comercio entre Europa y los Estados Unidos representa más del 40 por ciento del comercio mundial. Vale la pena recapacitar sobre este dato y lo que significa antes de hablar de otro asunto tanto o más importante. No debiéramos olvidar que en el siglo XVI Europa salía de la miseria, del dogma, de las guerras interminables entre sí, mientras que los americanos huían de todo esto en busca de sociedades menos odiosas. Que los dos hemisferios representen ahora la mitad del comercio mundial debería alegrarnos, a pesar de las críticas facilonas a que eso da lugar en el resto del mundo.

Tal vez el haber vivido muchos años en los dos sitios facilita la comprensión de lo mucho que han significado los Estados Unidos para la prosperidad de naciones más justas, en contra de lo que piensan muchos europeos. Ahora hay un tema que está pasando inadvertido para la mayoría de los ciudadanos y que tiene muchísima importancia de cara al futuro. Los Estados Unidos y la Unión Europea están negociando para suscribir un acuerdo de comercio e inversión. Ante ello, me alarma el resurgir de viejas añoranzas; en concreto, los que tratan de priorizar la inviolabilidad de los derechos adquiridos por Estados pequeños y divididos los europeos, en lugar de los derechos inviolables de toda la humanidad.

Los Estados Unidos tomaron la iniciativa de negociar a partir de 2013 dos acuerdos regionales de comercio e inversiones. el transatlántico el uno, y con Estados del Pacífico el otro. Sin embargo, los europeos siempre miramos con recelo el haber dado mandato a los Estados miembros de la Unión Europea para llegar a un acuerdo sobre temas tan importantes como el comercio y las inversiones internacionales. En primer lugar, se trata de conseguir más inversiones y más comercio en las dos regiones y, en segundo aparte de prescindir de lo que queda de aranceles, de abrir caminos para la elaboración de normas mundiales en los temas de comercio e inversiones. ¿Por qué no estamos resueltamente a favor de esto?

Hasta ahora no se ha querido divulgar ningún detalle de cómo van las negociaciones. Tal vez porque se supone que los primeros pasos han pretendido, con razón, desbaratar algunos principios tradicionales de soberanía de los Estados pequeños. Los Estados Unidos, una vez más, están apostando por la defensa de un poder de decisión diluido en un poder universal, mientras que los europeos apuestan como siempre por la soberanía implícita en el ejercicio de la soberanía a ultranza de Estados pequeños.

La Comisión recibió, como se recordaba al comienzo de esta columna, el mandato de la negociación que tarde o temprano deberán aprobar el Parlamento Europeo y el Americano. Ahora bien, es cierto que no se han previsto todavía los puentes de comunicación adecuados para que se produzca la información necesaria a terceros para que puedan intervenir. Hay mucha gente preocupada por lo que ellos consideran una pérdida potencial de soberanía nacional. La verdad es que los viejos y recalcitrantes Estados europeos, empeñados en que las cosas no cambien, solo podrían recuperar parte de la soberanía perdida en cuestiones de comercio e inversiones internacionales ejerciendo una presión política extremadamente fuerte sobre los negociadores para que abandonaran las conversaciones, como ocurrió en 1998 con el primer intento de acuerdo sobre libre comercio. Pero no hay señales parecidas hoy por parte de los Estados europeos. Habrá que renunciar tarde o temprano a parte de la soberanía nacional también en este tema.