Con ‘La cena secreta’ vendió más de tres millones de ejemplares y ha sido el único español en la lista de superventas de ‘The New York Times’. Una charla sobre esoterismo y éxitos editoriales. Por Virginia Drake /Fotografía de Antón Goiri

De chiquillo acompañaba en Navidad a su padre, que era cartero en el barrio antiguo de Teruel, y le dejaba a él entregar el dinero de los giros que la gente enviaba. Con ocho años escribió su primer cuento y con once ya se fabricaba periódicos y revistas en los que dibujaba y organizaba la información en columnas, sin saber lo que era un cícero ni un tipómetro. Pero le gustaban, sobre todo, las ondas y cuando tenía un rato libre se acercaba a Radio Heraldo para dedicar personalmente discos. Luego, por las noches, a oscuras y con el transistor oculto entre las sábanas, escuchaba el programa Medianoche, de Antonio José Alex, sobre fenómenos paranormales: ¡y ahí empezó el gusto por temas que lo han convertido en el gran autor de best sellers! De aquellos barros, estos lodos.

XLSemanal. Reconozca que esto de los superventas va por modas. Nos hemos hinchado a historias de la Edad Media, de los vampiros y ahora parece que pegan fuerte los ángeles. Y usted ha pasado por todas las etapas.

Javier Sierra. Por la de vampiros, no [se ríe]. Yo creo en el inconsciente colectivo, y es verdad que hay momentos en el que todo el mundo parece que está pensando en una misma cosa.

XL. Sobre todo si detrás de esa cosa hay una campaña de marketing que la pone de moda.

J.S. No, más allá de eso. Yo llevaba trabajando en una novela de ángeles cinco años, cuando nadie se preocupaba por ellos. Y, de repente, Anne Rice, la que siempre se ocupaba de los vampiros, saca una novela de ángeles. ¡Caray! Creo que el autor es un tipo solitario que desarrolla una especie de permeabilidad a ese inconsciente colectivo. Quiero creer en eso.

XL. Lo curioso de estos best sellers que hablan de templarios, griales, arcas de la Alianza… no es que se limiten a recrear una narración fantástica, es que tratan de convencernos de que todo es verdad y existe.

J.S. Es que algunos de ellos están basados en la investigación. Los grandes best sellers de la humanidad son todos libros donde se busca lo invisible. El primero, la Biblia; el segundo, el Quijote

“El mayor miedo de mi vida lo pasé cuando vi un ovni en Montserrat. Es miedo en estado puro. Me obligó a seguir buscando”

XL. Pero son argumentos manipulados por la ficción.

J.S. Claro, la novela es también ficción y manipulación en cuanto seleccionas unos datos y no otros, y llegas a conclusiones que no están escritas.

XL. En La cena secreta apostó por una teoría divergente a la de El código Da Vinci, ¿ser el anti-Dan Brown lo ayudó al éxito?

J.S. Uno puede tener genio, técnica y entusiasmo, pero, si no tiene ese golpe de suerte y está en el sitio adecuado en el momento oportuno, la magia no se produce. Mi novela estaba terminada cuando salió El código Da Vinci. Cuando la leí, me pareció muy entretenida, pero no le di una importancia ni fabulosa ni cósmica, incluso algún editor me comentó que la de Dan Brown era una novela más.

XL. ¿Le pareció mejor la suya?

J.S. Son distintas. Pero mi teoría sobre la última cena era nueva y la de Dan Brown, no. Me parece importante que ya que escribes sobre un tema tan conocido aportes algo nuevo, distinto.

XL. ¿Cómo llegó a convertirse en el best seller que es?

J.S. Dan Brown había publicado todas sus obras anteriores a El código Da Vinci con Simon & Schuster, sin llegar al éxito que tuvo con este libro. Cambió de editorial y El Código lo publica en Random House. Entonces, los de Simon & Schuster se sienten desolados y empiezan a buscar autores en la escena internacional que no hayan sido justamente valorados. Y es cuando, en la Feria del Libro de Londres, se topan con mi novela, la leen y se fascinan. Se la leyeron en una noche y me hicieron una oferta inédita hasta entonces para cualquier autor español, nunca habían dado ese dinero.

XL. ¿Más o menos?

J.S. Me ofrecieron medio millón de dólares del 95. Yo estaba sorprendido. Hicieron una autopsia de la novela, sometieron a escrutinio hasta los nombres del siglo XV de las calles de Milán que menciono. Querían valorar lo rigurosa que había sido mi investigación. Ellos ya habían pagado la novela, pero querían conocerme y me pidieron que les enviase un vídeo doméstico en inglés en donde yo les explicara la novela, y les mandé un vídeo muy profesional, con una pequeña infografía incluso. Se quedaron fascinados. El secreto del éxito es que, si ellos te piden uno, tú les ofrezcas diez.

XL. La cena secreta había vendido en España cerca de 60.000 ejemplares. ¿Cuántos vendió con Simon & Schuster?

J.S. Tres millones de ejemplares en 43 países. Fui el primer español de la historia en aparecer en las listas de libros más vendidos del New York Times. Y cuando eso ocurrió, hubo en España quien dijo que era falso que fuese el primero porque Blasco Ibáñez, con Los cuatro jinetes del Apocalipsis, ya lo había sido. Y no es verdad. Aunque vendiera mucho más que yo, ese libro salió en 1929, en el año del crack, y entonces el New York Times no tenía lista de best sellers; empezaron a elaborarlas en 1943. Yo entré con el número seis, con la dificultad que entraña el mercado anglosajón, donde solo el tres por ciento de los libros que se publican son traducciones. Que salte uno a la lista de superventas es un milagro. Pero hasta en eso somos torticeros en España, que parece que no se alegran de que hayas sido el primero, pese a que eso significa que pueden entrar otros. Y lo digo sin acritud.

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XL. ¿Cuándo se da cuenta de que ha tocado el cielo con los dedos?

J.S. ¿Te lo digo de verdad? No te lo vas a creer. En noviembre de 2005, con La cena secreta sin publicar todavía en Estados Unidos, voy a Nueva York a ver cara a cara a los directivos de mi editorial. El edificio de Simon & Schuster es una de las torres del Rockefeller Center y, nada más entrar, me acerco a un portero de seguridad. Era un hombre negro, uniformado y con gorra de plato. Al ver mi identidad, me da la enhorabuena porque ya se ha leído mi libro y ya lo considera un best seller. En ese detalle es donde yo me di cuenta. Antes de publicarlo, ya era un éxito dentro de la casa.

XL. ¿Qué pone en su contrato americano que no le hayan puesto nunca en España?

J.S. Cosas curiosísimas. Estados Unidos es otro mundo [sonríe]. Por ejemplo, les doy permiso para vender mis libros en submarinos nucleares, en portaaviones y en bases estadounidenses en todo el mundo, incluyendo futuras bases en la luna y en Marte.

XL. ¡Genial!, muy a tono con su esoterismo.

J.S. Esa me pareció una cláusula genial. Ese espíritu de conquista es fantástico. Yo nunca me hubiera imaginado que mis libros se pudieran vender en un submarino nuclear, en cuyas tiendas entran muy pocos ejemplares por falta de espacio, y mis libros se venden allí. Este sí que es un detalle definitorio de lo que es el éxito.

XL. Y, a partir de ese momento, cuando Simon & Schuster las traduce, novelas suyas anteriores empiezan a tener un éxito enorme; entre ellas, La dama azul, en la que sor María Jesús de Ágreda tenía el poder de bilocarse, ¿lo ha intentado usted?

J.S. Sí. Al escribir esa novela, entré en contacto con los entrenadores de los espías psíquicos de Estados Unidos en plena Guerra Fría, que trataban de que en sueños los soldados se desplazaran hasta los objetivos militares y obtuvieran información. Estuve con ellos para que me adiestraran, pero no lo conseguí.

XL. ¿Ha practicado la güija?

J.S. Sí, pero conmigo no ha funcionado nunca.

XL. También pasó una noche dentro de la Gran Pirámide de Keops, como antes Napoleón, Alejandro Magno, Julio César…

J.S. Fue una experiencia iniciática en la que pasé mucho miedo. Quise enfrentarme a lo que habían experimentado ellos. Aprendí que todo proceso de iniciación exige que primero mueras y ahí yo tuve esa sensación de muerte… Me marcó muchísimo.

XL. ¿En su casa ha vivido fenómenos paranormales?

J.S. Más o menos, los mismos que todo el mundo: que pienses en alguien y te llame en ese momento, que vayas a buscar unas llaves al aparador donde las dejaste y que no estén y, pasado un tiempo, aparezcan ahí…

XL. ¿A esas cosas no se las puede llamar “casualidades”, la asistenta que limpia…?

J.S. [Sonríe] Para mí, la casualidad no existe. Es el término que refleja nuestra ignorancia sobre cómo se encadena una serie de hechos. Yo llevo más de diez años escribiendo un diario abierto de las casualidades que pasan en mi vida y algunas son tremendas porque veo cómo se enlazan.

“Es un milagro ser un ‘best seller’ en EE.UU. Pero en España parece que no se alegran; hasta en eso somos torticeros

XL. ¿Qué le han ofrecido que haya rechazado?

J.S. Un programa diario nocturno en una emisora nacional, aparecer en ciertos programas de televisión a los que he dicho que no por puro decoro, hacer algunos anuncios… Poder elegir bien lo que quieres hacer y lo que no es una ventaja de ser best seller.

XL. En España le vino la fama por su colaboración en Crónicas marcianas.

J.S. Ya, pero es que Crónicas marcianas era un programa muy límite… que al final cambió mucho. Yo estaba en una sección muy cómoda al término del programa, aunque el hándicap era que me tenía que enfrentar a la sorna de Sardá. Hoy, ya no lo haría en esas circunstancias, pero sí volvería a trabajar en otra cosa con él porque me parece un tipo inteligente.

XL. ¿No le producen rechazo los médiums que contactan con los muertos por los platós de televisión?

J.S. Digamos que los observo. Puedo aceptar que estas cosas existen, pero, desde luego, tengo muy claro que a los muertos no les puedes poner horario, luces, plató…

XL. ¿Hay gente que trabaja para usted?

J.S. No, no quiero que otros hagan nada por mí, ¿qué mérito tendría eso? Es una de las cosas que me han ofrecido a veces y que yo he rechazado siempre por una cuestión romántica: yo no tengo prisa.

XL. Cuando era pequeño, ¿era de esos niños inquietantes que disfrutaban pasando miedo?

J.S. Disfrutaba venciéndolo. En Teruel, los inviernos eran largos y fríos y cada mañana iba andando solo al colegio; tenía que cruzar descampados y pasar cerca del cementerio y la niebla me daba un miedo atroz. Trataba de imaginarme qué habría detrás de ella. Enfrentarme al miedo era como una huida hacia delante.

XL. Supongo que sus lecturas preferidas tampoco se alejarían de lo esotérico, ¿no?

J.S. Efectivamente [sonríe]. Uno de los primeros libros fue Recuerdos del futuro, de Erich von Däniken. Este hombre planteaba que cualquier tecnología superior en contacto con una civilización inferior no podría distinguirse de la magia y de los superpoderes divinos. Y es que, probablemente, todas las religiones, incluida la judeo-cristiana, se han originado a partir de paleo-contactos con extraterrestres.

“A ningún escritor español le han pagado tanto por una novela: ¡medio millón de dólares del año 1995!”

XL. ¿Descubrió así los extraterrestres en la Biblia, de los que habla en su libro?

J.S. Claro. Cuando Ezequiel habla de la gloria de Yahvé, la describe como un ser de cuatro caras con unos remolinos alrededor. Esto solo puede ser el aterrizaje de un ovni. Descubrí que había otra interpretación de la Biblia completamente distinta e incluso más acorde con los tiempos que yo vivía de viajes espaciales, de exploración del universo… Entonces empecé a pensar que a lo mejor ahí estaba la verdad. Aquello, en una mentalidad de un niño de diez años, fue un revulsivo enorme porque yo iba a misa, era monaguillo…

XL. Seguro que llegó incluso a rezar para experimentar un fenómeno paranormal.

J.S. Sí, muchas veces [se ríe]. El mayor miedo que he pasado en mi vida fue cuando lo vi de verdad una noche en Montserrat.

XL. El ovni aquel, encima de su cabeza, formado por una luz blanca que tenía en el centro una luz verde…

J.S. Así era. Aquel día descubrí dos cosas contrapuestas: una, que aquello intangible que yo perseguía existe, que están ahí, sean lo que sean; y dos, que no se pueden controlar esos encuentros, que te puede la situación y que te provoca el miedo en estado puro porque está fuera de tu control, porque no tienes salida.

XL. ¿Y no se despertó después?

J.S. No [sonríe], pero bajé la montaña de Montserrat más rápido de lo que la he bajado en mi vida.

XL. ¿Piensa que la gente seria lo cree cuando cuenta estas cosas?

J.S. Me da igual y eso es otra lección que yo aprendí aquel día, a mí me sirve y ya está. Se convirtió en una experiencia íntima: lo que importa no es el ovni, sino lo que provocó en mí su aparición. Me marcó y me obligó a seguir buscando más.

“El universo no es tan cuadrado ni limitado como nos quieren hacer ver algunos sectores negativistas de la ciencia”

XL. Lo suyo es fe ciega.

J.S. Claro, la fe es la que mueve montañas [sonríe].

XL. Luego es más creyente que nadie…

J.S. Sí, claro, creo en estas cosas y en muchas más. He aprendido a no negar muchas cosas. El negar por sistema es un error; tampoco hay que creérselo todo, pero sí estar abierto a todo. La gente que niega por sistema es porque se siente amenazada en sus creencias. Pero para mí lo importante no es tanto creer como conocer. Creer es una actitud, pero yo quiero saber antes que creer. Mis libros son fruto de esa necesidad de saber.

XL. ¿Tiene una religión concreta?

J.S. No, yo nací católico y en esta religión construí mi sistema de valores y no tengo ningún problema en dar mi testimonio en este sentido. Pero yo no soy alguien a quien el rito y el dogma le convenzan en absoluto.

XL. ¿Le convence más la existencia de los ovnis?

J.S. Sí. Me convencen a la vez que me inquietan y que me hacen pensar en que el universo no es tan cuadrado ni tan limitado como nos quieren hacer ver algunos sectores muy negativistas de la ciencia. Y lo hacen por una cuestión de puro miedo, para protegerse.