Talavera de la Reina, 35 años. Sandra Sánchez  es campeona de Europa de Kárate en la modalidad de ‘kata’. Vive y se entrena en Dubai. En España la rechazaron “por ser demasiado mayor”. Acaba de ganar el bronce en el Campeonato Mundial y es la número uno del ranking. Por Begoña Donat

XLSemanal. ¿Qué despierta en una niña de cuatro años la afición al kárate?

Sandra Sánchez. Mis padres querían que mi hermano y yo hiciéramos ejercicio. A él lo apuntaron a kárate y a mí, a baile. Pero yo bajaba al gimnasio y decía. «Quiero quedarme con Paco». Para que no llorara, mis padres le pidieron al profesor que me dejara entrenar dos o tres días, que me terminaría cansando…

XL. Estaba Bruce Lee entre sus ídolos de infancia?

S.S. No tenía pósteres en mi habitación. Pero me veía todos los vídeos de la karateca japonesa Rika Usami, la top de todos los que practicamos katas. Cuando la conocí, no podía ni hablar; mi mente se quedó en blanco.

XL. Ya es capaz de hablar en su presencia?

S.S. Sí. He entrenado con ella. Rika se ofreció a ayudarme a ganar el campeonato del mundo. Muchas veces me cuesta creer que he llegado donde estoy. Me costó tanto, parecía imposible… Veo vídeos míos y digo. «Hala, si soy yo». Se me hace raro.

XL. Lo suyo ha sido una historia de erre que erre.

S.S. Ahora tengo 35 años. Hace 15 tuve una oportunidad. Fue la primera vez que la gente de katas accedimos al Centro de Alto Rendimiento. Pero, justo un mes después, a mi madre le diagnosticaron cáncer.

XL. Terrible…

S.S. Volví a casa porque quería vivir la enfermedad de cerca. No dejé de competir.
Seguía mis entrenamientos…

XL. Una mujer luchadora.

S.S. Pero a la Federación Española no le gustó que dejara de vivir en el centro y ya no me dio otra oportunidad.

XL. Suena duro.

S.S. Llegaron a decirle a mi maestro que había desaprovechado mi momento. Durante muchos años, a pesar de ganar medalla en los campeonatos de España, nunca me llevaron a una concentración.

XL. ¿Pensó en tirar la toalla?

S.S. Hubo momentos muy duros. Mi entrenador y ahora pareja, Jesús del Moral, me decía. «No voy a parar hasta que te haga campeona de España», pero eso era imposible.

XL. Imposible, ¿por qué?

S.S. El kata es algo que valora un juez y tiene un condicionante de subjetividad. Así que llegábamos a un campeonato de España y, a pesar de haber trabajado mucho, el resultado era siempre igual. Y pese a quedar segunda, la Federación no me tenía en cuenta.

«A los 14 tuve una oportunidad, pero a mi madre le diagnosticaron un cáncer y volví a casa. Y la Federación no me llamó más»

XL. ¿Cuál ha sido la justificación para no seleccionarla que más le ha dolido?

S.S. Que estéticamente quedaba peor. No sé si es que soy fea, bajita o que no soy rubia. Eran cuestiones que no tenían que ver con mi trabajo. Yo no puedo crecer ni me quiero teñir. Me sentía impotente. Los dos últimos años ya me decían que era mayor, que no iban a meter a alguien que iba a dejar de competir en tres días. Pero, fíjate, ahí sigo.

XL. ¿Cómo celebra sus victorias?

S.S. Contenida. Dentro del tatami no me gusta ver a los otros dando saltos cuando yo pierdo, así que he aprendido a ser muy comedida. Mis compañeros se ríen conmigo. Siempre me imitan con la misma expresión en el rostro gane lo que gane.

XL. ¿Qué la llevó a Dubái?

S.S. Cuando no competía con la selección, acudía a campeonatos internacionales, y el Open de Dubái fue uno de ellos. A alguien le gusté. Debió de ver potencial.

XL. Y cambió su vida.

S.S. Al principio la idea era que compitiera con ellos, pero que viviera en España. Acepté, porque me venía muy bien y no tenía que costearme los viajes. Y a los dos o tres campeonatos, me ofrecieron instalarme aquí y dar clases a los niños del club. Begoña Donat


 Pregunta a bocajarro

¿Qué le dio Dubái que no le daba España?

Tiempo. En España tenía que hacer mi jornada laboral, que era de ocho horas, y después tenía que entrenar cuatro o cinco horas al día. En Dubái, en cambio, doy dos o tres horas de clase a los niños y el resto del tiempo me preparo para competir.