Integrante del primer gran equipo español de gimnasia rítmica. Fue dos veces campeona del mundo y oro olímpico en Atlanta 96. Sufrió un trato vejatorio y lo contó en un libro, ‘Lágrimas por una medalla’ (2008).

XLSemanal. ¿A qué se dedica actualmente?

Tania Lamarca. Vivo en Huesca y trabajo sobre todo en el mundo de la nieve. Doy una hora de gimnasia a la semana en un colegio como actividad extraescolar. Nada relacionado con la competición. Va mi propia hija, que tiene casi cinco años. No hay presión ninguna.

XL. ¿Recomienda la alta competición a los niños?

T.L. Si viera que alguna de las niñas que va a mi clase tiene realmente condiciones, le recomendaría dedicarse a la competición, sí. Pero no creo que un niño deba competir en ningún deporte hasta cumplir ocho o diez años.

XL. ¿A pesar de su experiencia?

T.L. La experiencia de lo que me pasó a mí no tiene nada que ver. Las cosas han cambiado bastante y, si tienes las condiciones necesarias, puede valer la pena.

XL. ¿En qué sentido han cambiado?

T.L. En mi época, las gimnastas que competían tenían 15 o 16. Ahora todas las españolas están por encima de 20, y hemos visto a Almudena Cid compitiendo con 28. Además, a la vez que se entrenan mantienen los estudios, a diferencia de lo que nos ocurría a nosotras. Las cosas han cambiado para bien. Ahora se entiende que deben desarrollar su vida a la vez que su carrera deportiva.

XL. ¿Ayudó su libro a que se produjera esa evolución?

T.L. No sé si mi libro ayudó a que todo esto evolucionara. Bueno, espero que en algo, al menos. Creo que también fue importante que se pusiera un límite mínimo de 16 años para participar en los Juegos Olímpicos.

XL. ¿Y qué opina ahora de personas como Emilia Boneva, su entrenadora, a la que se culpó de lo sucedido?

T.L. Emilia Boneva fue la entrenadora más dura que tuve, pero no le guardo ningún resquemor, todo lo contrario. Venía de Bulgaria y sus métodos eran de allí, muy estrictos. Pero a nivel humano siempre se podía contar con ella. Sabía separar el trabajo de la vida personal. Si hubiera habido malos tratos, cosas como las que ahora están apareciendo de otros deportes, mis padres no me hubieran dejado allí.

XL. ¿Cómo vivió su familia todo ese proceso?

T.L. Para mis padres, todo aquello fue más duro que para mí. Estuvieron todo el tiempo muy pendientes. Tuvieron que escoger entre romper mi sueño de formar parte del equipo nacional o perderme durante años. Si me lo hubieran prohibido lo habría aceptado, pero seguramente se lo habría reprochado toda la vida.

XL. Pero usted contó que se sintió fatal cuando la echaron por sobrepeso. ¡Y solo pesaba 43 kilos!

T.L. Me sentí decepcionada cuando me expulsaron del equipo, porque la despedida fue fría. Pero lo peor fue tener que retomar los estudios siendo mayor. Sufrí una depresión de la que salí al cabo del tiempo.

XL. ¿Qué puede comentar del tema de la comida?

T.L. Hay mucha leyenda sobre el tema de la comida y las gimnastas. Comíamos bien. Engordé después de los Juegos porque comí chucherías y chocolate. El problema estuvo en que, cuando debía recuperar el peso fijado, mi metabolismo cambió y no hubo manera. Lo terrible vino después, en el desamparo en que quedé, como si fuera una persona acabada con apenas 17 años.

XL. ¿Todas sus compañeras lo vivían igual?

T.L. Al llegar al equipo, había chicas que evidentemente lo estaban pasando mal, que no podían con el ritmo de trabajo. Recuerdo que les dije a mis padres. Si alguna vez me veis como están ellas, sacadme de ahí. Aunque os diga que no, hacedlo . Tenía 15 años, pero ya era capaz de darme cuenta de cosas así.

XL. ¿Qué opina de las acusaciones al exseleccionador Jesús Carballo por abusos?

T.L. No sé qué pensar. En su trato conmigo fue siempre correcto. Nosotras no estábamos con las de gimnasia deportiva en el día a día, pero jamás escuché ningún comentario. No lo entiendo.