Comer en la calle con calidad y un toque chic. Las furgonetas de venta de comida en la calle, un clásico renovado en el mundo anglosajón, cuajan también en España. La ausencia de una normativa nacional al respecto no se lo pone fácil. Por Fernando Goitia

La calidad es lo primero

En primer lugar, ¡ojito!, aquí no basta con saber cocinar y lanzarse a recorrer las calles con una furgoneta. Los clientes de los food trucks exigen calidad. Incluso quienes buscan el clásico perrito caliente o hamburguesa no se conforman con cualquier cosa. En eventos como Madreat -que congrega a buena parte del sector una vez al mes en Azca, en Madrid-, cada furgoneta ofrece su propia especialidad. The Grill by Ben-Car, por ejemplo (foto), vende ibéricos y carnes a la parrilla. En cuanto a lo legal, además, la cuestión se complica. se requiere carné de manipulador de alimentos, pagar Impuesto de Actividades Económicas (IAE), Seguridad Social, tasas municipales y seguro de responsabilidad civil.

Lo difícil es decidir

Madreat reúne a más de 70 food trucks. carnes, pescado, crepes, kebabs, ahumados, quesos, vinos, cocina japonesa, mexicana, peruana, italiana Junto a esta oferta insuperable, eventos como este -los hay por toda España y se anuncian en www.sigaelfoodtruck.com– tienen ventajas para los restauradores ambulantes al atraer más público y facilitar trámites municipales.

Restaurante sobre ruedas

Los food trucks operan como cualquier restaurante en cuanto a cumplimiento de las normativas alimentarias e higiénico-sanitarias. En este sentido, la furgoneta es solo el final de una cadena. En Madreat, por ejemplo, se exige a los participantes contar con un centro de producción y almacén. En la cocina del vehículo, por lo tanto, es donde se rematan los platos o se les da el toque final. No hay que olvidar que esto es comida rápida, pero con estilo.

La furgoneta de sus sueños

La veterana Citroën HY, cuya fabricación se suspendió en 1981, es la preferida de los restauradores ambulantes españoles. Se puede encontrar desde 30.000 euros. Para arrancar con el negocio, otra opción es alquilar una -500 euros al día; 850 el fin de semana- y probar en una feria a ver si se tiene lo que hay que tener para ser un auténtico foodtrucker.

Amor entre ruedas y fogones

Detrás de cada food truck siempre hay una historia. Como la de Federico y Patricia, él cocinero y ella maître, responsables de Contigo Baguette y Ciboulette, que se conocieron en una cocina antes de ponerse a vender bocadillos como el Lupe, una baguette vegetariana multicereal con queso en crema y vegetales asados. El negocio, por cierto, no acaba en las ferias como estas. bodas, festivales y hasta fiestas privadas también pueden formar parte del circuito comercial.