Este hombre quiere darte un sueldo al mes a cambio de nada

“¿La renta básica universal es factible? No lo sé, por eso quiero estudiarlo. Las ideas impopulares mueven el mundo”, así se expresa Sam Altman el impulsor de este experimento. Por Carlos Manuel Sánchez

Si una pandemia atacara Estados Unidos, Sam Altman confesó que se refugiaría en la casa que su amigo Peter Thiel tiene en Nueva Zelanda. Thiel, cofundador de Paypal, ideólogo tecnológico de Donald Trump y gurú del pensamiento libertario en Silicon Valley, es también asesor de Y Combinator, la compañía que Altman preside. Ambos son gais y los dos quieren cambiar el mundo.

El joven empresario, de ascendencia judía, también reconoció que le costaba entender el apoyo de Thiel a Trump, al que él mismo comparó con Hitler -«solo conozco a dos defensores convencidos de Trump, Thiel y mi abuela», escribió-. Y decidió entrevistarse con cien votantes de Trump para saber por qué lo habían elegido. «No creen tener un futuro económico», fue su conclusión.

Altman, que ha sonado para gobernador de California, tiene otro socio y amigo con grandes ambiciones, Elon Musk (Tesla, SpaceX), con el que preside OpenAI, una fundación cuyo objetivo es que la inteligencia artificial traiga más beneficios que daños a la humanidad. De hecho, Altman cree que «la fusión entre hombre y máquina ya ha comenzado».

Fue boy scout, es famoso por sus salidas de tono -se quejó en Twitter de que lo habían echado del hotel Ritz de Londres por ir en zapatillas- y tiene formación de ingeniero, aunque abandonó la Universidad de Stanford a los 19 años. Está convencido de que «la tecnología creará más riqueza que nunca, pero que acabará en manos de poca gente; si no intervenimos, la desigualdad será insostenible». Su experimento con la renta básica se encuadra en esa línea. «Si no encontramos nuevos tipos de trabajo para millones de personas, surgirá una nueva clase social desocupada. La conclusión obvia es que reciban algún dinero, sin condiciones, una cifra entre 12.000 y 15.000 dólares anuales». Altman calcula que esto supondría un 20 por ciento del PIB estadounidense si se entregara a cada persona adulta; el 10 por ciento, si se eliminaran varios subsidios; y bastante menos si se establece un umbral mínimo de ingresos para los beneficiarios. «¿Es factible? «No lo sé, por eso quiero estudiarlo».

«Mucha gente tiene horror a la idea de dar dinero por nada. Y les preocupa que los que lo reciban se pasen el día haraganeando y perdiendo el tiempo en Internet. Pero quizá si todo el mundo tiene una red de seguridad, se crearán más start-ups, se investigará más, se escribirán más novelas…», desea. Le desagrada la corrección política. «Me resulta más fácil expresar ideas controvertidas en China que en California». Y es un heterodoxo que se compara con Galileo. «Las ideas mayoritarias suelen ser correctas […]; pero son las ideas impopulares las que mueven el mundo».

Para Altman, en el fondo, cualquier cosa se reduce a un problema de ingeniería, incluida la desigualdad. Su lema es que las matemáticas pueden resolverlo todo. Y como confesó a Business Insider, «tengo una visión muy fuerte de hacia dónde me gustaría que se dirigiera el mundo». Él se limita a darle un empujoncito en la dirección conveniente.

Entre sus detractores, el analista político Anand Giridharadas lo considera un ejemplo de cierta élite «mesiánica» de Silicon Valley. «La idea de resolver el desempleo con dinero en vez de hacerlo con empleo es una ironía de estas élites tecnológicas -se lamenta Chuck Darrah, profesor de Antropología de la Universidad de San José-. Ellos proponen estas soluciones grandiosas para los demás, no para ellos mismos. Ellos medran con el trabajo».

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