Uber, la polémica aplicación – creada por Travis Kalanick– que conecta a conductores particulares y pasajeros y convertida en el medio de transporte de moda entre los urbanitas, ha provocado que los taxistas se alcen en pie de guerra.

¿En qué consiste? Solo se necesita un smartphone. La aplicación gratuita de Uber hace el resto: te localiza geográficamente y te indica en un mapa qué conductores están disponibles para recogerte en cada momento. Puedes escoger a tu chófer a la carta consultando en su perfil el tipo de coche que tiene, las puntuaciones que le han dado otros usuarios, dónde está ubicado… El resto de la experiencia funciona exactamente igual que el clásico taxi. Eso sí, cuando llegas a tu destino, no sacas la cartera.

El pago se realiza a través de PayPal o de una tarjeta de crédito asociada a la cuenta de Uber. Nada de efectivo. Ni siquiera para la propina. Los precios los fija la propia compañía.  Para convertirse en uno de sus conductores, solo hay que tener el carné de conducir en regla y poseer una licencia VTC o unirse a la flota de vehículos si no se posee.

Mientras Uber es la bestia negra de los taxistas, iniciativas como Blablacar son la pesadilla de los trenes y las compañías de autobuses. El concepto, sin embargo, es diferente. Blablacar funciona como una red social que pone en contacto a conductores y viajeros para realizar trayectos entre diferentes ciudades y, de paso, compartir gastos como peajes y gasolina.

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