En España, cada vez más pacientes piden a su dentista una sonrisa de anuncio. Pero, ojo, obsesionarse con lucir la dentadura perfecta en las redes sociales puede provocar trastornos. Por Ixone Díaz Landaluce 

La decoración suele ser moderna y minimalista; la higiene, extrema; y la tecnología, punta.
Hay cámaras intraorales para seguir las cirugías en streaming, radiografías digitales visibles en una pantalla en segundos, láser de última generación, TAC dentales… La visita al dentista ya no es lo que era.

Y, aunque una muela del juicio guerrera, una caries o la amenaza de una endodoncia siempre nos llevarán al especialista, la transformación llega impulsada por miles de clientes en busca de una sonrisa de anuncio. Es decir: dentadura alineada sin huecos entre piezas y con un reluciente tono marfil. No en vano, según un estudio español, casi el 80 por ciento de los jóvenes relaciona la sonrisa directamente con el éxito profesional.

No es una fiebre precisamente moderna: en los cincuenta, Marilyn se arregló la boca hasta cincelar su icónica sonrisa, como han hecho Tom Cruise, George Clooney o Miley Cyrus. Y hoy, mientras las Kardashian anuncian kits para blanquearse los dientes, las consultas ofrecen una carta cada vez más extensa de tratamientos estéticos.

Según un estudio, casi el 80 por ciento de los jóvenes relaciona la sonrisa con el éxito profesional

En 2009, el Consejo General de Dentistas elaboró un informe sobre cómo sería la salud bucodental de los españoles en 2020. Tratamientos estéticos, implantes y ortodoncias serían los tratamientos más demandados, con un crecimiento del 96 por ciento en diez años, para convertirse en una de las mayores fuentes de ingresos del sector.

arreglos dentadura

Nicole Kidman. De joven, sus dientes pequeños dejaban asomar la encía superior. Lo corrigió removiendo tejido de la zona. También lleva carillas de porcelana

«En España vivimos un boom de la estética dental -dice Joan Autrán, dentista de cabecera, en 2007, del reality Cambio radical-. Sin embargo, es un negocio con una gran desventaja: el paciente opina. Cuando te hacen un empaste, no sabes si te lo han hecho bien, mal o regular. En cambio, te pongo dos carillas en los incisivos y me puedes decir: ‘Esto no me gusta. Repítemelo’. Son pacientes con un altísimo nivel de exigencia».

Pero ¿a qué nos referimos con estética dental? Para empezar, conviene aclarar conceptos. «No es lo mismo cosmética dental que estética dental. La cosmética es enmascarar una situación para que parezca otra. El objetivo de la estética es que una dentadura sea bonita, pero también saludable y funcional. La propia OMS reconoce que la estética también es salud -explica Miguel Roig, presidente de la Sociedad Española de Prótesis Estomatológica y Estética-. A la gente, por ejemplo, le encanta ponerse carillas, pero los dientes deben estar bien colocados y, muchas veces, eso requiere ortodoncia. Las encías también deben estar sanas, y eso puede hacer necesario un tratamiento periodontal previo».

La estética dental se convertirá en una de las mayores fuentes de ingresos del sector en 2020

El blanqueamiento es una de las intervenciones más demandadas. Se usa para corregir la tinción que dejan los alimentos, el tabaco o el café en nuestra dentadura. Existen productos de venta libre en farmacias, pero los dentistas desaconsejan su uso sin supervisión y advierten de su baja efectividad. Incluso en las consultas su prescripción es controvertida. «Es un tratamiento que conlleva riesgos y es obligación del dentista informar sobre ellos», explica el Consejo de Dentistas en su web. «No hay venenos, hay dosis -abunda el doctor Roig-. El blanqueamiento provoca una ligera agresión en el esmalte, como tomarte una Coca-Cola. Si se hace puntualmente, no pasa nada. Lo que no tiene sentido es hacerse un blanqueamiento cada seis meses». Puntualmente significa no más de una vez cada tres o cuatro años.

Agua oxigenada a lo bestia

Los dentistas practican dos tipos de blanqueamientos: para realizar por el paciente en casa o en la consulta. En ambos casos se utiliza peróxido de hidrógeno o de carbamida. «Es como usar agua oxigenada a lo bestia. El diente tiene un pequeño porcentaje de agua, que es lo que se tiñe debido a los líquidos o las verduras», explica Roig. Los blanqueamientos deshidratan el diente, pero el efecto no es definitivo. Si no se realiza correctamente, puede provocar sensibilidad gingival.

arreglos dentadura

El ídolo mexicano Luis Miguel se corrigió hace años un diastema (dientes separados)

Existen, en todo caso, otras opciones. «Las carillas son una de las grandes revoluciones de los últimos años. Muy estéticas, poco invasivas y, si están bien puestas, ni siquiera un profesional las ve», dice el dentista Eduardo Anitua. Las carillas (o venners) son finas capas de porcelana o materiales plásticos, como el composite, que corrigen una rotura, una decoloración o la irregularidad de un diente, y que los protésicos dentales modelan y personalizan para cada cliente.

Furor por la ortodoncia

Sin embargo, hoy las ortodoncias son las grandes estrellas de las consultas. Los antes odiosos aparatos se observan ahora casi como un accesorio entre los más jóvenes e incluso entre los adultos. «Cuando prescribes una ortodoncia a un señor de 50 años, no solo quieres que quede una dentadura bonita y bien alineada, sino que mejore su salud, que mastique mejor o que facilite su higiene», comenta Roig.

La blancorexia, obsesión por una dentadura lo más blanca posible, es algo cotidiano en las consultas

Al fenómeno de las ortodoncias a cualquier edad contribuyen los nuevos materiales, más discretos o directamente invisibles. Aunque la gran revolución son los alineadores extraíbles de plástico transparente (o silicona) modelados con un software 3D tras escanear la dentadura. Se sustituyen cada cierto tiempo en función de la evolución de la dentadura y permiten simular el resultado final. También son los más caros.

arreglos dentadura

La estrella de High School Musical Zac Efron se cerró el diastema «por las burlas de que era objeto en el colegio». Usó ortodoncia invisible

Los precios son, en general, un misterio difícil de desentrañar. Muchos dentistas informan de que se debe «desconfiar de las gangas», pero resulta difícil tener una referencia sobre cuál es un precio normal o razonable. «Un implante o una carilla no tienen un precio. Detrás están las manos de quien lo coloca. Su experiencia y los conocimientos para solucionar problemas que otros no saben cómo abordar», reflexiona Autrán. «Creemos en las especialidades -abunda Roig-. Hay gente que está tres años estudiando ortodoncia o cómo colocar carillas o implantes. Y eso tiene un valor».

Además, explican los expertos, cada tratamiento suele conllevar reparaciones previas que los encarece. Por eso, las carillas pueden oscilar entre 200 y 800 euros; una ortodoncia invisible va de los 2000 a los 8000; y un blanqueamiento, entre 200 y 600. «La odontología es costosa, pero es mucho más barata en España que en nuestro entorno», asegura Roig.

Detrás de este tipo de trastornos se encuentra la fiebre por documentar nuestras vidas en las redes sociales

Este baile de precios se explica por la enorme competencia del sector. La proliferación de cadenas como Vitaldent, Dentix o Vivanta ha transformado el panorama nacional.

«Las franquicias surgen porque en España cualquiera puede montar una clínica dental -dice Autrán-. Pero también por la cantidad de licenciados anuales. Hay muchos tiburones que contratan a la última hornada y bajan los precios. Estos chavales se ponen a trabajar por 1000 euros al mes en una profesión de enorme estrés que requiere muchísima especialización. Un recién licenciado no puede poner según qué tipo de implantes».

El diente sano no se quita

Los expertos advierten de que, en el ámbito de la estética dental, existe la mala praxis. Como norma, se debe dudar cuando un especialista recomienda un tratamiento masivo. Por ejemplo, los que implican la extracción de muchas piezas. «El tratamiento más peligroso es el del paciente cuya boca presenta cierto deterioro y el dentista propone sustituir todos los dientes por implantes. Nunca hay que quitar dientes sanos», explica Eduardo Anitua, uno de los mayores expertos nacionales en implantología.

La búsqueda de la sonrisa perfecta conlleva otros riesgos, incluidos trastornos psicológicos. La blancorexia, definida como la obsesión por tener una dentadura lo más blanca posible, es una realidad cotidiana en la consulta de muchos especialistas que a menudo (y si se atienen a su código deontológico) desalientan a los pacientes.

El empeño por tener los dientes perfectos también puede derivar en la llamada ‘dismorfia dental’, un trastorno obsesivo sobre la apariencia de nuestra sonrisa. «No hay muchísimos casos, pero esos pocos nos llegan normalmente a los especialistas en estética dental. Son pacientes muy exigentes», explica Joan Autrán, quien en ocasiones desaconseja ciertos tratamientos. Según los expertos, detrás de este tipo de trastornos está la obsesión contemporánea por documentar nuestras vidas (o la parte más publicitable de ellas) en las redes sociales. Y eso incluye una sonrisa a prueba de selfies. O lo que es lo mismo: una ‘sonrisa Instagram’.

PARA SABER MÁS

Consejo General de Dentistas de España

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