‘Gregorio Ordóñez. La vida posible’ «es una exposición necesaria». Lo dice Ana Iribar, viuda del político del Partido Popular asesinado por ETA hace 25 años. Por Fernando Goitia 

Iribar se pasa todos los días por el palacio Miramar de San Sebastián -escenario de la muestra hasta el 30 de abril-, y en el contacto con los visitantes encuentra algo inesperado: autocrítica. «Todos los días la gente me dice cosas: que en su día miraron para otro lado, que no están orgullosos de la actitud que tomaron… Esos procesos individuales me alegran mucho, porque la exposición quiere ser un estímulo para que toda la sociedad vasca haga autocrítica». Por eso, su contenido -fotografías, objetos, cartas…- confronta al visitante con la realidad vasca de los tiempos de ETA a través de la vida de Ordóñez.

“Es un estímulo para que la sociedad vasca haga autocrítica”, dice su viuda

El catálogo de la exposición está a la venta en librerías e Internet. «Debemos hacer pedagogía -explica Iribar-, transformar esta sociedad en un espacio de convivencia y marginar de una vez a todos los restos de ETA, porque el odio sigue presente».

La exposición

Crecer sin padre

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Su cartera, hallada en el interior de su maletín el día del atentado, con la foto de su esposa y su hijo Javier, que tenía entonces 14 meses.

Día de trabajo

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Su maletín personal. Lo llevaba aquel 23 de enero de 1995 mientras comía en el restaurante La Cepa, en la parte vieja de San Sebastián, donde fue asesinado.

Las amenazas

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Todos los lunes alguien le dejaba una bala en su casillero del Ayuntamiento. Ordóñez le ‘regaló’ esta al periodista Iñigo Urrutia.

El legado

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Ordóñez nació en Caracas y, con 7 años, sus padres, regresaron a España para instalarse en San Sebastián. «Entró en política a los 24 -recapitula su viuda- porque sintió que, ante ETA y los suyos, tenía dos opciones: vivir agazapado como tantos otros en el País Vasco o hablar alto y claro. Quería una sociedad donde cupieran todos».

Vida truncada

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En 1993, ante el Consistorio donostiarra, donde fue concejal durante 12 años. Cuando ETA lo asesinó de un tiro en la nuca, era candidato a la Alcaldía.