Más de 16 millones de españoles practican algún deporte. Y muchos entrenan casi como profesionales. ¿El problema? Sobrevaloran sus capacidades y se exponen a sufrir lesiones importantesPor E. Font

En mayo, David Beckham se retiró del fútbol. Tenía 38 años. A esa misma edad, muchos descubren sus ambiciones deportivas y se marcan unos objetivos casi inalcanzables. Y las lesiones, claro, no tardan en llegar.

Esos ‘nuevos deportistas’ se suelen dedicar a su flamante deporte favorito de forma obsesiva, ignorando los tiempos que el cuerpo necesita para su recuperación. No es de extrañar por ello que cada vez más médicos vean hoy a pacientes aficionados al deporte con lesiones que antes solo veían en el ámbito profesional. Así lo confirma la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología (Secot), según la cual las lesiones deportivas son hoy más habituales entre aficionados que entre profesionales. Y ciertas lesiones también se ven más en los centros de atención primaria porque los propios aficionados al deporte son cada vez más.

Según la última Encuesta de hábitos deportivos en España, realizada por el Centro Superior de Deportes y el Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), la actividad física está en auge en nuestro país desde hace varios años; unos 16 millones de personas de entre 15 y 75 años practican algún deporte. El más popular es correr. Su sencillez, el no estar sujeto a un horario fijo y el ser económico lo convierten en uno de los preferidos. Su auge también ha disparado el número de contracturas, roturas fibrilares, esguinces, tendinitis, calambres y lesiones de menisco y de ligamentos cruzados. Las lesiones más frecuentes se dan en las piernas (30,6 por ciento de los casos), las rodillas (28,2) y los pies (12,6) y las sufren, sobre todo, los mayores de 35 años. En cuanto a las consecuencias, cerca del 60 por ciento de los lesionados en carrera urbana necesitan recuperación; y de estos. el 29 por ciento precisa hasta 15 días de rehabilitación; el 10,7 por ciento, entre 16 y 30 días; y alrededor del 20 por ciento, más de un mes.

Correr es una de las prácticas más populares. Su sencillez, el no estar sujeto a un horario y el ser económico lo hacen uno de los elegidos, Su auge también ha disparado las lesiones

Ante este aumento de lesiones, la medicina deportiva responde a su vez con métodos de recuperación más refinados: modernos procedimientos no quirúrgicos, nuevos cócteles de fármacos, plantillas de alta tecnología para las zapatillas deportivas Esos hallazgos provocan, a su vez, que muchos de los aficionados que se exigen como profesionales pierdan el miedo a nuevas lesiones: en el peor de los escenarios saben que sus médicos los ayudarán a recuperarse pronto. Es una pescadilla que se muerde la cola.

Además del ‘running’ y de los juegos con balón, también están de moda deportes más ‘extremos’ como el kitesurf o el mountain bike, y siempre bajo un mismo lema: “cuanto más rápido, mejor”. A nadie sorprende así que el 95 por ciento de los practicantes de bicicleta de montaña se lesionen al menos una vez en su vida. Y la dislocación acromioclavicular, al golpear el hombro contra el suelo tras una violenta caída, suele ser una de las consecuencias más frecuentes. Ante ella hay que operar de inmediato. los huesos quedan tan desplazados que, sin cirugía, el hombro quedaría inestable.

En cualquier caso, los expertos intentan evitar cada vez más las operaciones. Y en su búsqueda de los mejores métodos para acelerar la recuperación, depositan ya grandes esperanzas en los tratamientos con células madre. El procedimiento, en estos casos, se basa en trasplantar células cartilaginosas sanas del propio cuerpo en la zona dañada. Para ello es clave cultivar antes células cartilaginosas sanas del propio paciente a partir de sus células madre. Para lograrlo, los investigadores recurren a biorreactores específicos que reconstruyan lo más fielmente posible el entorno de la articulación, de tal modo que las células madre evolucionen de la forma conveniente.

Sin embargo, hasta hoy nadie ha conseguido que estas células comodín se transformen en células cartilaginosas a gran escala. Quien lo logre habrá conseguido revolucionar el tratamiento quirúrgico de las lesiones de cartílagos, ya que se evitarían así intervenciones muy complejas. Los científicos también buscan sacar provecho de los efectos antiinflamatorios de las células madre. En un primer estudio con pacientes publicado en mayo pasado, un grupo de trabajo coreano de la Stems Medical Clinic de Seúl recogía el éxito obtenido por la aplicación de inyecciones de células madre en el tratamiento del proceso inflamatorio del cartílago rotuliano. Al mes de la intervención, los tres pacientes tratados con células madre aseguraron que sus dolores se habían reducido hasta en un 70 por ciento; a los tres meses, la mejoría llegaba al 90 por ciento. Al año, los pacientes decían estar libres de dolor.

Otro procedimiento que ya se emplea es la llamada ‘terapia celular’ o ‘de autotransfusión de plasma’. Consiste en utilizar proteínas del propio cuerpo para reparar tejidos dañados o inflamados. El médico extrae primero sangre del paciente y la enriquece en el laboratorio con plaquetas, factores de crecimiento y mensajeros químicos celulares. Los médicos llevan años utilizando estos cócteles, pero hasta hoy no hay aún disponibles evidencias científicas sobre la eficacia real del procedimiento.

Un entrenamiento adecuado ya no implica hacer cien repeticiones en cualquier máquina de gimnasio

Pero, por muchos avances que haya en las terapias de rehabilitación, los deportistas aficionados podrían reducir sus lesiones con solo ceñirse a un entrenamiento adecuado. Y adecuado ya no quiere decir hacer cien repeticiones en cualquier máquina del gimnasio, sino recurrir a un programa variable de ejercicios basados en la utilización del peso del propio cuerpo. La idea es trabajar simultáneamente cada parte del organismo, no solo un miembro concreto, y hacerlo mediante secuencias flexibles de movimientos. Los elementos perfectos para ello son las superficies inestables y las cintas de suspensión. Además de la fuerza, mejoran sobre todo la coordinación y la percepción del propio cuerpo.

Pero los consejos de los mejores expertos no sirven de nada si los deportistas entrenan sin preocuparse por su salud, solo obsesionados con batir marcas impropias para la preparación o la edad que tienen. En ese caso, incluso especialidades tan saludables como el yoga suponen a veces un peligro. Una encuesta del Columbia Collage of Physicians and Surgeons, realizada entre más de 1300 alumnos y profesores de yoga de 34 países, confirma que la principal causa de lesiones es una actitud de superación personal mal entendida.