Ramón Casas destacó por sus retratos de la vida acomodada de su tiempo. Ahora se muestra su visión de la ópera. Por Suzana Mihalic

El autor: Ramón Casas y Carbó (Barcelona, 1866-1932)

ramon casas

Modernismo, carteles y bohemia

Su padre hizo fortuna en Cuba: el desahogo económico le permitió viajar y formarse. Fue un gran dibujante y diseñador gráfico. Sus carteles beben del art nouveau; sus lienzos son academicistas y a la vez anuncian el impresionismo. Fue un excelente retratista: la élite y los intelectuales de su tiempo -como Albéniz, Granados, Sorolla, Zuloaga, Unamuno o Azorín- posaron para él. También destacó como agitador cultural. Fue uno de los puntales de Els Quatre Gats, centro de tertulias y exposiciones, y uno de los más reconocidos representantes del modernismo.

Ramón Casas (1866-1932) / El Liceu, 1901-1902 / Óleo sobre tela / © Círculo del Liceu / Fotografía. José Hevia.

1. El lugar: desde el patio de butacas

Ramón Casas fue uno de los grandes del modernismo catalán. Trató -y retrató- a la élite social, cultural, política y económica de su tiempo. Estuvo muy vinculado al Liceu de Barcelona. En este lienzo, que forma parte de una exposición sobre la ópera, muestra el interior del teatro en 1901. El artista capta el momento previo al comienzo de la función, con el escenario vacío y la alta sociedad de la ciudad en el patio de butacas.

2. Las mujeres: modernas e independientes

En el primer plano, el artista sitúa a dos mujeres elegantes, de alto estatus social. Llevan el típico moño alto, peinado de moda de la época, así como vestidos de materiales nobles y con transparencias. Una de ellas sujeta un abrigo blanco, y así rellena Casas un extremo de la composición. La mujer que asoma en sus obras es moderna e independiente. De hecho, a menudo las retrata solas, sin acompañantes masculinos. Como aquí.

3. La perspectiva: profunda y sin adornos

La vista desde uno de los palcos hacia el patio de butacas da a la escena una gran profundidad. Se subraya así la magnitud del espacio, que tiene una altura de veinte metros, distribuidos en seis plantas. Los balcones cuentan, en realidad, con una rica ornamentación dorada que aquí, sin embargo, el pintor reduce al mínimo. Les quita protagonismo para que el espectador deslice la vista desde las mujeres hacia el escenario.

4. Técnica: como en los carteles

Casas fue un excelente diseñador gráfico. Realizó postales, carteles e incluso anuncios publicitarios. Esa experiencia se aprecia en sus cuadros: la técnica propia del cartel comercial se percibe en las zonas planas y los contornos claros en torno a las figuras. La influencia del pintor y cartelista Henri de Toulouse-Lautrec es inequívoca.

5. Pinceladas: puntos y detalles

La multitud está pintada con pinceladas cortas y punteadas blancas y negras. Vistos de cerca, esos puntitos no representan nada, pero desde lejos se convierten en la multitud de espectadores. Por el contrario, los semblantes de las dos mujeres -perfectamente maquilladas- están pintados con detalle, incluso los pendientes, unas minúsculas perlas blancas.

6. La paleta: procesión de colores

El mayor contraste de colores lo encontramos en el palco, en la mitad inferior del cuadro. Casas maneja bien los tonos. De izquierda a derecha pasamos del abrigo blanco a la gran superficie negra del vestido. Después, el tono rojo oscuro de la butaca lujosa y el malva clarito del vestido de la mujer sentada… para terminar en un juego de blancos, rojos y verdes del ramo de flores.

PARA SABER MÁS

CAIXAFORUM MADRID. Ópera. Pasión, poder y política.