El sufrimiento en la adolescencia no es nuevo ni es raro, pero con el complicado mundo de las interacciones digitales los adolescentes deben gestionar con rapidez una cantidad de emociones positivas y negativas impensable hace 20 años. Por Priscila Guylain

Trastorno límite de la personalidad: el testimonio de unos padres

Se desconoce si el uso de las nuevas tecnologías afecta al progreso del cerebro adolescente e impacta en su comportamiento, sus habilidades sociales o su regulación emocional. Pero lo que sí saben los expertos es que alrededor del 75 por ciento de los trastornos mentales severos –psicosis, trastorno bipolar…– surgen antes de los 24 años, edad hasta la que se extiende la maduración cerebral.

El dato es tremendamente revelador, ya que «hasta hace poco se negaba que los menores sufrieran trastornos mentales o se minimizaba su importancia». La afirmación es parte del Libro blanco de la psiquiatría del niño y el adolescente, un estudio publicado por la Fundación Alicia Koplowitz, que revela que uno de cada ocho menores de 18 años sufre un trastorno mental o que uno de cada cinco padece problemas de desarrollo emocional o de conducta.

Corregir este tipo de percepciones que niegan o desdeñan los problemas de salud mental entre los jóvenes es uno de los objetivos de esta fundación creada en 2003. Para ello desarrolla el Programa de apoyo a la salud mental del niño y el adolescente, que concede becas en Estados Unidos y el Reino Unido a profesionales de nuestro país para formarse e investigar en psiquiatría infantil. Porque España es, junto con Bulgaria, uno de los dos únicos miembros de la Unión Europea que no reconocen esta especialidad médica.

Las emociones surgen, crecen y se superdimensionan a velocidad vertiginosa, típica de la web 2.0, difícil de gestionar incluso para muchos adultos

Gisela Sugranyes –psiquiatra del niño y el adolescente en el Clínic de Barcelona, formada gracias a una de estas becas– resalta que hasta hace poco se creía que el desarrollo cerebral más importante tenía lugar en la infancia y se hablaba muy poco de la adolescencia, percibiéndose como una fase oscura más que como una etapa de oportunidades. Pero esto ha cambiado.

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Gisela Sugranyes, psiquiatra del niño y el adolescente en el Clínic de Barcelona

La recomendación de la psiquiatra del Clínic es insistir mucho en la educación; no culpabilizar ni tratar al adolescente como un vago o un egoísta. Aconseja a los padres predicar con el ejemplo, pasar tiempo con sus hijos sin hablar de temas trascendentales y sin hacer preguntas. «Los temas van saliendo naturalmente si están juntos», dice Sugranyes. Y si el hijo cuenta algo, no juzgarlo, sino tratar de empatizar con su malestar. «En resumen: preguntar menos y escuchar más», sentencia.

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