Una exposición muestra la huella que la primera mujer de Picasso dejó en su obra, durante el llamado ‘periodo Olga’, marcado por el color y, al final, por la violencia. Por Suzana Mihalic

La única mujer que consiguió huir de Picasso

El autor: (Málaga, 1881-Mougins, 1973)

La influencia de Olga

Dulzura maternal y rechazo violento

Conoció a la bailarina rusa Olga Khokhlova en 1917. Los años que estuvo con ella se dejaron notar en su obra. Durante el ‘periodo Olga’ predomina el colorido y se simultanean los lienzos realistas con los cubistas. Olga es la madre de su hijo Paul y fue su modelo para tiernas maternidades. Pero, cuando la relación se torció, también se notó en las obras de Picasso: se hicieron más violentas. En 1930, cuando pintó La crucifixión, la relación se aproximaba a su fin. Abundaban las pinturas de corridas de toros y de contrastes: masculino o femenino, amor o muerte.

Pablo Picasso (1881-1973). / La Crucifixión, 7 de febrero de 1930. / Musée national Picasso-Paris. / ©RMN-Grand Palais / Mathieu Rabeau © Sucesión Pablo Picasso, VEGAP. Madrid, 2019.

1. El motivo: cristiano, una rareza

La crucifixión es uno de los pocos motivos cristianos abordados por Pablo Picasso. De pequeño formato, esta tabla -pintada en 1930- fue una obra que el artista guardaba en su colección particular. Contiene referencias al surrealismo y anuncia formas de iconografía primitiva, inspiradas en la antigua civilización de las islas Cícladas y que posteriormente Picasso también plasmó en el Guernica.

2. Composición: juego con las cruces

Las figuras de Jesucristo y la Virgen María están en blanco y negro, como si estuvieran inacabadas. Ella muestra una expresión de dolor y sufrimiento y Jesucristo, un cuerpo diminuto, sin cara, con brazos larguísimos y un solo ojo. La parte superior de la cruz está cortada. Picasso la convierte en una ‘T.’ Hace lo mismo con las dos cruces pequeñas, de los ladrones. una es amarilla y otra, roja, y están situadas en los extremos del cuadro.

3. El tema: soldados monstruosos

La caótica disposición de las figuras deformadas y desproporcionadas hace difícil identificarlas, pero se distingue a Cristo flanqueado por dos monstruos, seguramente soldados romanos de alto rango. Uno lleva una capa roja que va desde sus hombros hasta el suelo y otro tiene una cresta verde y sonrisa diabólica. En un primer plano vemos a dos centuriones lanzando dados mientras apuestan por la ropa de Cristo.

4. El espacio: interior y claustrofóbico

Aunque la escena se desarrolla en el exterior, el tratamiento extremadamente plano que Picasso da al espacio transmite la sensación de que todo está teniendo lugar en una sola habitación, entre cuatro paredes. El cielo está encajonado entre los listones de la altísima escalera, que hacen de ventanas hacia el azul del horizonte.

5. El color: violencia potente

Picasso elige el blanco y negro para representar la crucifixión. Mientras que usa colores brillantes y fuertes como el rojo y el amarillo para aludir a la violencia y a los portadores de la muerte, como el hombre sobre la escalera que clava a Cristo en la cruz y el jinete amarillo que le inserta la lanza. Estas dos figuras son las más pequeñas y a la vez las más letales y crueles.

6. Misterio: ¿de quién son las piernas?

En la parte inferior izquierda vemos a los dos ladrones mutilados y desmembrados y tres piernas de diferentes colores sobre ellos. Hay un pie gigante junto a sus cabezas, otros pies aparecen sin dueño y, encima, unos brazos amarillos de trazos larguísimos sin sentido aparente. Se observan extremidades por todas partes, que subrayan el caos apocalíptico del momento.

PARA SABER MÁS

Caixaforum. Olga Picasso. Hasta el 22 de septiembre. Paseo del Prado, 36, Madrid.

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