Juan Manuel de Prada rescata la obra de Ana María Martínez Sagi, poeta que se adelantó a su tiempo (y sufrió por ello). Por María Corisco/ Foto: Archivo ABC

Cuando Juan Manuel de Prada la conoció, Ana María Martínez Sagi era nonagenaria y estaba «demolida por décadas de desengaño y olvido». El novelista se inspiró en ella para escribir Las esquinas del aire. Y Martínez Sagi le regaló su obra inédita, que ahora se edita en la Colección Obra Fundamental, de la Fundación Banco Santander. El libro, La voz sola, permite conocer a esta mujer, nacida en la alta burguesía catalana, que rompió moldes: apasionada del deporte, practicó remo, esquí, tenis, natación y llegó a ser campeona de España de jabalina, así como directiva del Fútbol Club Barcelona.

En 1935 la nombraron directiva del FC Barcelona, era la primera con ese rango en un equipo de fútbol. Practicó tenis, natación, esquí, fue campeona de lanzamiento de jabalina y mantuvo una relación con otra mujer

Fue poeta atormentada -la dibujaron como heredera de Rosalía de Castro-, periodista prolífica, republicana convencida, feminista y corresponsal de guerra. Después, el exilio. Y, luego, el desencanto, el ostracismo y la soledad.

Una pionera en casi todo

1933, entrevistando a unas peluqueras.

Su vida y obra estuvieron marcadas por un amor prohibido, el que sintió por la también poeta Elisabeth Mulder. Unos pocos días compartidos en Alcudia, en 1932, son el eje por el que transitarán en adelante sus poemas. «Más de sesenta años después seguía recordando aquellos días como el acontecimiento nuclear de su vida», cuenta De Prada. Ana María cortó para evitar el escándalo a Elisabeth y su familia. Fue reportera en la Guerra Civil. Luego llegaron los años de exilio, de dormir en la calle, de trabajar como pescadera o pintora callejera en París, de cultivar espliego y jazmín o de ser profesora en una universidad de Illinois. A su regreso a España conoció la amargura del exiliado que se siente extranjero en su tierra. Ahora vuelve de nuevo.

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